EL PAPA QUE ME BESÓ LA FRENTE

El Papa me beso en la frente Blog Se Llenaron de Inmensa Alegria

A los pocos meses de nacer, moría Pablo VI, y enseguida, Juan Pablo I. Digamos, que hasta no hace mucho tiempo, podía decirse que Juan Pablo II fue el Papa de toda mi vida. En el verano de 1980, con unos cuántos jóvenes de la Unión Seglar de San Antonio María Claret, esperábamos en la plaza de San Pedro que pasara, paseando, el Vicario de Cristo. Todavía no había tenido lugar el atentado, y el Papa paseaba libremente entre la gente. Yo todavía no tenía tres años. Sobre una vaya de contención, mi padre me aguantaba esperando que se acercase. Primero me miró fijamente y después me cogió la cabeza entre las manos y me dio un beso en la frente.

            A los cinco años de haber muerto, pude rezar ante su sepulcro para darle las gracias. Fue una peregrinación entrañable con algunas personas de mi Parroquia. La verdad es que todos deseábamos pasar un rato rezando en la cripta de San Pedro, y pudimos hacerlo con gozo. No pudimos hacer fotos, no pudimos pasar el Rosario por el sepulcro, pero pudimos rezar, sin prisa. Al día siguiente celebré Misa en la capilla contigua, también al lado de San Pedro.

            También pude acompañar a mis padres a la Beatificación de las mártires Carmelitas de Guadalajara. Amanecía el 29 de marzo de 1987, Por fin, llegaron las primeras beatificaciones de mártires de la Cruzada del 36. Un gesto de valentía que le agradeceremos siempre. Hoy, como vice-postulador de las causas de los mártires de la Diócesis de Cuenca, quiero darle las gracias de nuevo por su impulso y su coraje.

            El 20 de agosto de 1989, estuve con él en Santiago de Compostela, era la IV Jornada Mundial de la Juventud, asistí con el Campamento de jóvenes al que he ido toda la vida. Allí dijo aquellas famosas palabras: Por esto, yo, Juan Pablo, hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: «lo puedo» .

            Entre estas dos visitas, pocas han sido las ocasiones que he tenido para rezar junto al Vicario de Cristo. Era el año de 1991, mes de agosto, VI JMJ; autocares de Neocatecumenales viajaban a Chestokowa para el encuentro mundial de la juventud. La Unión Seglar se apuntó al evento e hicimos más de ocho mil kilómetros para pasar unas horas junto a la Virgen y el Santo Padre. Llevábamos el uniforme de la Banda San Luis Gonzaga y la Cruz de San Miguel de nuestro escudo, nos sirvió para dejarnos pasar como miembros de la Cruz Roja. Pudimos estar junto a unos minusválidos polacos, que me improvisaron una silla, hecha con muletas, entre dos sillas de ruedas, me dieron una radio, y disfruté como un niño que era. Ahora agradezco a dos hermanitas que me ayudaron a pasar la muralla humana para que lo pudiese ver de cerca. Era entonces un niño.

            Para el Congreso Eucarístico de Sevilla, el día 12 de junio de 1993, asistí a la Ordenación Sacerdotal del que hoy es uno de mis mejores amigos. El Padre Ignacio Borrull, MCR. Su papá me cogió en su falda y asistí a la Ordenación en primera fila. Era muy niño pero disfruté muchísimo.

            Por último, y desde el Seminario de Castellón, unos cuántos compañeros le escribimos unas letras agradeciéndole la canonización de la Madre Maravilla, el Padre Rubio, Sor Ángela de la Cruz… le pedíamos audiencia en su viaje a España, pero nos conformamos con una Bendición Apostólica, que nos envió el día 27 de enero del 2003, y con gritarle bien fuerte, en la plaza Colón: ¡Viva el Papa! Sabíamos que no lo íbamos a volver a ver en esta vida, pero lo veremos en el Cielo: Beato Juan Pablo II, ruega por nosotros. ¡Nos vemos en la Beatificación, si Dios quiere!

Otros artículos: BESAD ESA TIERRA POLACA

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3 comentarios sobre “EL PAPA QUE ME BESÓ LA FRENTE

  1. Reblogueó esto en Se llenaron de inmensa alegríay comentado:

    En la víspera de su fiesta quiero compartir con todos el escrito que publiqué hace ya siete años. En este tiempo hemos podido asistir a su beatificación y canonización en la Plaza de San Pedro.
    No olvidemos encomendar mañana nuestras vidas y nuestra querida iglesia a tan gran santo.
    ¡San Juan Pablo II, ruega por nosotros!

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