LOS CAMBIOS EN EL PROCESO DE NULIDAD MATRIMONIAL

Ante las nuevas normas publicadas por el Santo Padre con respecto al proceso de nulidad matrimonial, las preguntas planteadas por sacerdotes, fieles laicos, la atención a los matrimonios que llevamos a cabo desde el ministerio parroquial y la dirección espiritual, y la duda de algunos abogados, me dispongo a escribir estas letras consciente de que no escribo ningún documento académico, ni tan siquiera jurídico. Tan sólo pretendo aclarar algunos puntos que pueden ser útiles a los no iniciados en la materia.
Quisiera comenzar diciendo que sería conveniente que aquél que no entienda del tema se abstenga de escribir, porque cada vez se leen más artículos en medios de comunicación pretendidamente católicos que no hacen más que crear desconcierto en las personas de buena voluntad, bien porque siguen la tendencia periodística de destacar la noticia de forma tendenciosa, bien porque encierran maldad al atacar al Vicario de Cristo en la tierra. Está claro que Dios nuestro Señor le dio el poder de atar y desatar y que tiene la potestad absoluta sobre las leyes de la Iglesia, de forma que puede cambiarlas según crea oportuno y conveniente y cuando quiera. Estar en contra o a favor de los cambios no denota más que ignorancia y atrevimiento, que no lleva a ninguna parte.
En segundo lugar hay que aclarar que todos los actos que realizan las personas, para que sean actos humanos deben ir acompañados de capacidad y libertad, de lo contrario no son actos humanos, sino actos del hombre. Así por ejemplo, aquello que se realiza soñando no puede ser imputado, ni tampoco tenido en cuenta, jurídicamente hablando. Tampoco sería válida la venta de un campo que no fuese propiedad del que vende. De esta forma, si yo vendo un campo que no es mío y recibo dinero, al ser atrapado en el fraude, la venta se declara nula: yo debo devolver el dinero, y la otra persona queda desprovista de la propiedad del campo, porque la compró a quién no era su dueño. Por este motivo, debemos aceptar que la Iglesia no firma un divorcio, ni aprueba la ruptura. Simplemente, se limita a juzgar sobre si en el momento del Matrimonio aquellas personas estaban realizando válidamente el Sacramento. Es decir, que solamente se declara nulo el Matrimonio, desde el principio. El Matrimonio no se ha anulado en el momento de la sentencia, sino que se ha descubierto que nunca ha habido Matrimonio. Se ha llegado a la verdad, sobre la inexistencia del vínculo fracasado.
Las tres preguntas que preceden a la celebración: ¿Venís a contraer Matrimonio libre y voluntariamente?, ¿estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida? Y ¿estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia? Son las que nos aclaran, si realmente habrá vínculo, o si lo hubo o no. Ser capaz de realizar estas tres cosas, es algo más que estar de acuerdo y responder que sí. “El hombre es capaz de casarse”, como decía el Papa Benedicto XVI, pero hay algunas personas que no son capaces, y no solamente por causa de su libertad o disposición, sino también puede ser que no lo sean por causa de su naturaleza psíquica.
Los métodos para llegar a esa certeza moral sobre la validez o no del Matrimonio no son sencillos, pero tampoco excesivamente complicados. Me limito en estas líneas a escribir sobre aquellos puntos que han cambiado.
En las nuevas normas publicadas en el documento Mitis Iudex Dominuas Iesus, podemos destacar los siguientes cambios importantes, aparte de algunos formales que se han hecho introduciendo en el reglamento adjunto algunas normas que ya estaban en la Instrucción Dignitatis Connubii sobre los procedimientos a seguir en las causas de nulidad.
1. La posibilidad de que el tribunal sea constituido por un solo juez clérigo. Nuevo canon 1673 §4. Esta norma se da fundamentalmente para ayudar a aquellos lugares con poco clero a que puedan tener su propio tribunal. No olvidemos que el código es para toda la Iglesia, no solamente para las diócesis europeas.
2. La existencia de un juicio breve con el obispo como juez. Esto es nuevo en el procedimiento pero no en lo relativo a la autoridad competente. El obispo tiene la autoridad judicial en su diócesis, como parte del ministerio Episcopal. No es nada extraño que pueda declarar o no la nulidad del matrimonio. De hecho, los jueces son colaboradores de los obispos, y actúan de forma delegada. Nuevos cánones 1683-1687.
3. Por último el nuevo canon 1679, quita la obligatoriedad de la doble sentencia conforme. Ello significa que ya no hay que llevar la causa a otra sede para que revise el proceso y dé una nueva sentencia, como tribunal superior. Las causas que se instruían en una diócesis como Albacete, debían confirmarse por su Metropolitana, que es Toledo. Este cambio no es absoluto, debido a que el Defensor del Vínculo, que es el que se encarga de defender la existencia de Matrimonio, que goza del favor del derecho, es decir, que tiene que ser probado lo contrario, para que se declare la nulidad; el Defensor del Vínculo, decíamos, puede apelar al tribunal superior, en caso de que no esté cierto de la validez de las pruebas o que no tenga certeza moral sobre la nulidad del Matrimonio.

Sustancialmente, no hay más cambios en las nuevas normas. Podríamos destacar la enumeración en el Artículo 14§1 del reglamento adjunto, dentro del Título V, como interesante: la falta de fe que puede generar la simulación del consentimiento o el error que determina la voluntad, la brevedad de la convivencia conyugal, el aborto procurado para impedir la procreación, el mantenimiento obstinado de una relación extraconyugal en el momento de la boda o en un tiempo inmediatamente sucesivo, la ocultación dolosa de la esterilidad, o de una enfermedad contagiosa grave, o de hijos nacidos en una relación anterior, o de un encarcelamiento, la causa del matrimonio totalmente ajena a la vida conyugal o consistente en el embarazo imprevisto de la mujer, la violencia física ejercida para arrancar el consentimiento, la falta de uso de razón certificada por documentos médicos; sin embargo, son casos que ya se trataban en las nulidades hasta la fecha.
Por tanto, solamente queda aclarar, que el Matrimonio sigue siendo indisoluble como ha sido siempre, desde su institución por Jesucristo: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Que, si bien es cierto que la brevedad del proceso puede facilitar la mentira o la tergiversación de los hechos, queda a la conciencia de cada persona, delante de Dios, cual es el estado de su vida, y si consigue algo por mentirse a sí mismo. También sería necesario más formación por parte de los sacerdotes, para que el aumento de los juristas facilitara la consecución de los procesos de aquellas personas que sufren alguna consecuencia ante la duda de la validez de su vínculo, así como la preparación conveniente para emprender un camino de santidad, cuyo fin principal debe ser ayudar al cónyuge en su camino hacia el Cielo en el seguimiento de Cristo. Sin esa Fe, es difícil que la vida en este valle de lágrimas, sea aceptada como el Señor nos pide, siendo siempre cierto, que hay más alegría en dar que en recibir. Muchas veces, no son problemas jurídicos o psíquicos los que rodean los problemas matrimoniales, sino que están fundados en un apartamiento de la vida sacramental y de las virtudes fundamentales del cristiano.

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