OREMOS POR NUESTROS SACERDOTES

¡Alabado sea Jesucristo!

Quisiera dedicar estas líneas a todas aquellas personas, sobre todo religiosas, que pasan sus horas de oración, de trabajo, de sufrimiento penitente, de anonimato escondido en su obligación diaria, olvidadas quizás de su misma familia y siempre de esta sociedad que solamente valora lo que hace ruido y mueve masas. Porque de los que son como ellas es el Reino de los Cielos. ¡Que Dios se lo pague a todas, Madres y Hermanas!

Nació esta meditación en el Aspirantado de Las Mieses (Cantabria), en una Hora Santa para pedir por los sacerdotes en este Año Sacerdotal. Chicas algunas menores de quince años, hasta los diecisiete, pasaron junto a Jesús Sacramentado, una hora de la noche, mientras el sacerdote rezaba y lloraba por sus hermanos que estén pasando una desolación, que tengan un problema grave, que hayan entrado en un camino sin salida.

Un mes después, en la Comunidad de Religiosas del Colegio del Pinar de Valldoreix (Barcelona) acompañadas por la Comunidad de Los Alcázares; y también en pláticas y meditaciones a Carmelitas Descalzas, para terminar en su forma actual en el retiro de fin de año del Monte del Gozo en Galapagar (Madrid).

Que el sacerdote es el Amor del Corazón de Jesús (San Juan María Vianney), que, al decir de San Josemaría Escrivá y de D. José Guerra Campos, somos el mismo Cristo, no solamente Alter Christus, sino ipse Christus, que al Bautizar es Cristo quien bautiza (San Agustín), son hermosuras del Sacramento del Orden que se reciben gratis datae y también ex opere operato. Podríamos decir que por estos misterios no es necesario rezar, sino solamente agradecérselo al Señor, pedir la perseverancia en ellos y constatar que no hemos hecho nada por llegar a conseguirlo.

Para lo que sí que hemos hecho algo es para sufrir en todas aquellas cosas que son por nuestra culpa, y también en las que nos envía Dios para que llevemos su Cruz como el Cirineo camino del Calvario. Por todas esas cruces quisiera que rezáramos esta noche.

  1. Por todos aquellos sacerdotes que han perdido el sentido de lo que son: D. Salvador Muñoz Iglesias, epd. (autor de “Un niño nos ha nacido” libro que les recomiendo vivamente) siendo delegado de la Obra Misional Pontificia de la Conferencia Episcopal Española, predicando a la Hermandad Sacerdotal Española en la Casa de Ejercicios de La Inmaculada de Navas de Riofrío (Segovia), dijo que había sacerdotes de la Iglesia y sacerdotes de la ONU. Es importante la tarea social en los países pobres, pero ya hay quien la haga. Si nos dedicásemos todos a predicar a Cristo, la labor social vendría por sí misma. Porque el Reino de Dios debe buscarse primero, el resto “se nos dará por añadidura”. Sacerdotes con otros trabajos, que se han olvidado de la dignidad de su ministerio, no solamente por su manera de vestir, sino también por su manera de vestir… Sacerdotes de la ONU. Sacerdotes que se han convertido en “tropas de ocupación” no en “tropas de conquista” contentándose con mantener lo que hay, con ir tirando, con conformarse con la soledad de su confesionario, sin hacer proselitismo, con un falso complejo de qué sé yo qué tolerancia, de… En fin, por todos ellos pidamos esta noche.
  1. Sacerdotes solos, de los que nadie se acuerda. Que no cuentan sus hazañas en los periódicos, como las de Monseñor Munilla en Zumárraga, que han salido a la luz porque se han visto obligados a defenderlo los mismos padres de Harraichus, filoetarras consecuentes que ven en él, un párroco ejemplar, denostado por sus mismos compañeros. Sacerdotes que pasan semanas y meses incomunicados al más puro estilo de San Damián de Veuster, en países de misión y también en España. Que van andando a sus Misas, donde encuentran dos y tres feligreses. Sigamos todos su estela, ofrezcamos la lejanía de nuestras familias por todos aquellos sacerdotes que no la tienen o que viven como si no la tuvieran porque sus padres los desheredaron por elegir el sacerdocio como camino.
  1. Pidamos también por todos los que pide el Papa, que se han desviado diametralmente del camino trazado por Cristo, siendo la vergüenza de la Iglesia en muchos puntos del planeta, por los que el Santo Padre ha pedido perdón y debemos también nosotros pedirlo por no habernos sacrificado más, por no haber rezado por ellos, por haber pensado que con la Ordenación ya lo tenían todo fácil…
  1. Por todos aquellos que sufren que algunas mujeres los sigan “alucinando fantasías” (dice una canción mejicana titulada Sonríanos Padre) No es que se quieran casar con ellos, no es que quieran que dejen el sacerdocio (aunque algunas sí que lo desean), simplemente es que crean una dependencia de la que no pueden soltarse, muchas veces ni uno ni otro, y comienzan a vivir un síndrome de Estocolmo que puede perseguirlos a nuevos destinos, así como una ola de duda y desengaño que, algunas veces, ya no los desampara, por haber tenido alrededor mucha gente que destaca lo malo en lugar de lo bueno, quizás sin culpa inmediata, porque sus ojos ya no están preparados para ver lo bueno que tiene su párroco, después de haberlo criticado con la vecina, con la amiga, con la que no lo es tanto y con la primera que crea todas sus mentiras… Y cuando esto ocurre, vienen las crisis y después, quizás después de éstas, vienen las faldas, aunque hoy lleven pantalones; porque también es cierto, lleven unos u otras, cortas o largas, la que lo sigue, lo consigue, muchas veces. Recemos por ellos.
  1. Por los que están lejos… Más de veinticinco mil misioneros (religiosos y laicos) viven hoy lejos de sus casas, de sus familias, de su tierra. La Navidad es especialmente difícil lejos de aquellos que te las hicieron pasar felices, con las Misas de Gallos, los Belenes, las comidas en familia y los días de Reyes. El Padre Llorente leía las cartas de Navidad en la Capilla, donde también dormía, para tener que calentar una habitación solamente en las orillas del Yucon. Dicen que los sacerdotes no tienen que tener amigos. Yo creo que sí que los tienen, y más que los demás, que son todos aquellos que deben llevar a Cristo, unas veces de buena gana y otra, a empujones. Pidamos que sus feligreses, las piedras que pisa, los campos que bendice, los muertos que entierra y los niños que confiesa puedan gritar cada Navidad: “¡Dichosos los pies del Mensajero que anuncia la Paz!”
  1. Por los sacerdotes enfermos, por aquellos que nadie acompaña en sus viajes al hospital… Hay un sacerdote en mi Diócesis que hace años padece un cáncer grave por todo el cuerpo. Los sacerdotes de la zona, antes de empezar sus Misas, sus Sacramentos, pasan por su pueblo por si necesita algo. Cuando se enteran de que hay muerto en el pueblo del enfermo, se presentan por allí. Si los necesita se quedan a celebrar, si ven que está bien, se marchan, incluso sin decir nada. Hermosa estampa de caridad sacerdotal. Para que tengan donde acudir, para que puedan subsistir con sus miserables pagas en algunos lugares de misión y en algunas diócesis de España, para que ningún sacerdote sufra al ver que ya solamente puede rezar por la Iglesia, por los que ya no pueden leer el Oficio, por los que, bien seguro, morirán solos en este año 2010. Por todos los enfermos, física o psíquicamente, porque todo el mundo los ignora, los insulta, nadie aprecia su labor, por todos los que solamente Dios considera. Roguemos al Señor.
  1. Por los Hiperactivos, por llamarlos de alguna manera. Hay muchos sacerdotes que, ante la falta de clero, van recibiendo trabajo por parte de sus obispos, que ellos van aceptando con buena disposición, a veces a costa de su oración, de su alimentación y de su sueño. Créanme que no exagero, que sé de lo que hablo. ¿Cómo haciendo el bien, puede un sacerdote perderse en el camino del no sé a dónde ir? Porque no aplicaron el consejo de Camino en el número 5: Aprenderé a decir que no. ¡No!, a todo lo que me impide rezar, a todo lo que me impide dedicar tiempo a mis feligreses, tratarlos con caridad, hablar con mis superiores, arcipreste, obispo, para decirle que no puedo más, que no soy capaz de llevar toda la carga, que la reparta un poco o que se quede sin llevar, porque más vale un sacerdote sano y orante, que un pueblo bien atendido con un sacerdote desgastado que ya no reza porque no puede y que no descansa porque ya no sabe. Que la fuente de la que mana toda la sabiduría, la alegría y la paz, el Sagrario, sea para todos nosotros en este Año Sacerdotal la primera puerta donde picar en la salud y en la enfermedad, en la seguridad y en la duda, en la mañana y en la oscuridad.
  1. He apuntado antes en una dirección que nos servirá para terminar. Hace muchos años, quizás siglos, los misioneros predicaban y todo el mundo asistía a las predicaciones. Hoy, por muchas cosas que se convoquen, por muchas iniciativas que se vayan teniendo, una sociedad aborregada por el televisor y el chad, prefiere quedarse en casa que subir la montaña, prefiere dormir que ir a trabajar, cobrar el paro que buscar… Ni los clubes ciclistas, ni los excursionistas, ni muchas bandas de música, ni rondallas, ni siquiera los profesores particulares encuentran constancia y seriedad en sus trabajos. Tantas Iglesias despobladas, como iniciativas anuladas. Cuentan de una reunión que tuvo el Santo Padre Juan Pablo II para buscar algunos voluntarios que pudieran atender unas difíciles tareas puntuales. Un sacerdote joven le levantó al Papa la mano cuando se pidió un párroco para un pueblo de la antigua Yugoslavia donde convivían judíos, moros y cristianos. Fue decidido, el Papa le advirtió que podía volverse cuando quisiera, que lo enviaba el tiempo que fuera capaz… Empezó su tarea, tras entrar en la abandonada Parroquia, consiguió recuperar la campana y el primer domingo tocó arrebato. Era el primer día, se decía, habrá que salir por las casas… No vino nadie. Los visitó a todos, los saludaba en las tiendas y en la calle… De aquellas tres mil almas, judías, moras y cristianas, al cabo de un año, había conseguido que acudieran a la Iglesia… : ninguna. Y así pasaron los años. Todo el mundo lo respetaba, todo el mundo le sonreía pero nadie acudía a la Iglesia. Siendo ya un sacerdote veterano, a los veinte años de ardua siembra en unos corazones aparentemente desérticos, se puso enfermo. Los “feligreses” empezaron a echarlo en falta en la calle, en la luz de su despacho, en esa compañía silenciosa que ya les hacía. Al morirse, estuvieron a tiempo de avisar al Obispo y éste se lo notificó al ya anciano Papa, que envió un sacerdote en avión para presidir el entierro. TODO EL PUEBLO, sin faltar ninguno, todos, aquellos dormidos cristianos, los rabinos judaicos, las musulmanas cubiertas con los niños en las espaldas y los bosnios moros… abarrotaban una Iglesia ante la emoción del sacerdote romano. Le dijeron que desde que estaba enfermo habían notado su falta, lloraron al no ver la sonrisa de sus labios, el tiempo de sus conversaciones callejeras, se excusaron de no haber asistido a sus Misas y le pidieron que no regresara, que se quedara con ellos, que sabrían tratarlo mejor. Aquel sacerdote llamó a Roma, pero no volvió. Desde esa procesión multitudinaria al cementerio, no volvió a faltar nadie, nadie faltó, ningún domingo en la Misa celebrada por el nuevo párroco. Porque unos siembran y otros recogen, porque si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto. Para que demos fruto, que se recoja ahora, o cuando Dios disponga… Recemos, recemos hermanas.
Anuncios

2 comentarios sobre “OREMOS POR NUESTROS SACERDOTES

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s