CELIBATO ¿TODAVÍA?

Cuando el Papa Francisco fue elegido, parte de los periodistas que piensan que su profesión les da derecho a opinar de todo lo que ocurre, un buen número de pseudo-cristianos que sólo aceptan rasgos de la fe, pero que no la tiene verdadera, y algunas personas de buena voluntad empezaron a decir que ahora sí que “se podrían casar los curas”.

Me ha pasmado siempre la gran preocupación por la vida matrimonial que tiene la sociedad ya no cristiana, abandonando a su suerte, en lo que a opinión se refiere a tantos miles de solteros y solteras que pueblan la tierra deambulando sin conocer a su media naranja. Quizás más de cien por cada sacerdote. ¿Hacemos una plataforma por reivindicar el derecho de los sacerdotes a elegir su vida en soltería? Éste y  no otro sería el error.

Hay que aclarar que “Celibato” no significa que no se pueden casar aquellos que lo prometen. Un ejemplo largo: en la guerra española, dicen algunos estrategas militares, se tomó Madrid porque el lema republicano fue “no pasarán”. No se puede ganar nada con un lema en negativo. El misterio del celibato no es lo que nos quita sino lo que nos da.

Por el mero hecho de que tú no serías capaz de llevarlo dignamente, porque los medios de comunicación explican mil veces que uno de los sacerdotes del mundo, o quince, o mil, no lo han cumplido, porque te parece a ti que el cura de pueblo no lo lleva bien, no pienses que es imposible. Quizás sólo consiste en vivirlo con entrega y entender lo que significa.

Decir que ninguno lo cumple por lo que has visto por la televisión demuestra puerilidad y falta de raciocinio. Es como creer que todos los suecos son ladrones porque han metido a un sueco en la cárcel. O pensar que está claro que si hay una banda de ladrones suecos que son ¡cuarenta ladrones suecos!, es evidente que Alí Babá era sueco. Pensemos sin juzgar. Sobre todo, los que se llenan la boca de decir que la Iglesia juzga. ¿Sabíamos los que hemos elegido esa vida que no nos íbamos a casar? Claro que sí. Años de preparación, atención personalizada, reflexión detallada. ¿Qué pensáis? Que el cura del pueblo se encontró el título de sacerdote en la última fiesta de su pueblo tirando con el escopeta de balines un llavero del Bilbao. No. Permítame que me corrija. La respuesta a Cristo no es un “no”, sino un “SÍ QUIERO”, un “Sí quiero con la ayuda de Dios”.

No quiere decir que no puedo casarme. Quiero decir cada mañana que me entrego al Señor con renovado entusiasmo dándole todo mi corazón, como decía Santa Teresa: “Corazones partidos, Yo no los quiero, porque cuando doy el mío lo doy entero”, poniéndolo en boca del Señor. Renovado entusiasmo a amar a todos como lo hizo Jesús, a todos los que se dejen, que muchas veces es más difícil recibir las obras de misericordia que practicarlas; porque hay muchos que están faltos del amor del Señor, pero autodefienden su amargura chulesca con esa frase que hace daño a los oídos: “yo no necesito de nadie”.

Es decir, que cuando un sacerdote promete vivir la castidad, toda la vida, sabe perfectamente lo que hace y lo quiere hacer. Que tiene el pleno derecho del mundo a elegir consagrarse de esa manera al Señor. Como lo tiene para vestir como sacerdote o religioso para ser identificado, sin que nadie se meta en su forma de comprar ropa, llevarla o tenerla guardada. No creo que sea lógico que en esta época en que cada uno se viste y se “desviste” como quiere, te sigan preguntando: “Padre, ¿por qué lleva sotana? O ¿por qué viste como sacerdote? ¿Se lo preguntan a los que no visten como tal?

¡Qué lástima que no se pueda comunicar el gozo que da el Señor cuando se vive para Él! ¡Qué lástima que no se comprenda que eso, y quizás, solamente eso, llena el corazón! Cuando me dicen: “Padre, usted no puede IR con mujeres”, les contesto: “Tú tampoco”. ¿O se piensan que no es sacrificado ser fiel toda la vida a la mujer o al marido y amarl@ con todas tus fuerzas hasta que la muerte los separe?

Queridos amigos, el Señor da el ciento por uno cuando de verdad se entrega uno a su ministerio y a Dios; y aquellos que no lo ven así, deben hacer una de estas dos cosas. Dedicarse de verdad a la vida de oración y apostolado a la que se entregaron con ilusión en su juventud, para seguir siendo como niños, o dejar esta vida y retirarse a un monasterio, para pedirle a Dios que los que queden, vivan en cada momento a Mayor Gloria de Dios su castidad y celibato, aunque no se les comprenda, aunque les sigan juzgando, aunque sólo reciban su premio en la Gloria; para que nunca olvidemos que “el ciento por uno en esta vida” va unido a las persecuciones, las mismas que tuvo Cristo.

Cuando conozcan, al menos, y digo al menos porque, gracias a Dios, somos muchos, a cien religiosas, sacerdotes, obispos o misioneros que estén entregados con ilusión a la pobreza, a la castidad y a la obediencia, entonces, sólo entonces, pregunten a los demás ¿por qué no se casan? Pero a ellos, ayúdenles, conózcanles mejor, colaboren con ellos, que no todos los curas son ricos, porque el de tu pueblo tenga el mejor coche del mercado, aunque sea Wolswagen.

Feliz día del Domund. Recemos por las misiones.

+Antonio María

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Un comentario sobre “CELIBATO ¿TODAVÍA?

  1. Don Antonio Mª no sabe cuanto le agradezco estas mini-catequesis, porque aunque algunas ya las conocemos, va muy bien recordar cosas que pueden haber quedado un poco atrasadas.
    Así cortas pero concisas son la forma de refrescar las cabezas y tener criterios claros.
    Que Dios le bendiga y no se canse de hacerlo…..

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