Fracaso escolar y Éxito profesional

Hay muchos niños que se piensan que han fracasado en la vida porque no sirven para estudiar. Yo no sé si Amancio Ortega estudió mucho, lo que tengo claro es que se ilusionaba con su trabajo. Sin embargo, muchos trabajadores, estudiantes, niños, incluso sacerdotes, pierden tiempo y energías diciendo o pensando aspirar a lo que no tienen, con el error de crecer profesionalmente.

¿Por qué un ingeniero ha de aspirar a ser jefe de sección en la investigación de la NASA, si no se da cuenta de lo que tiene en casa? ¿Por qué los niños de nuestro tiempo no estudian y los jóvenes no aman verdaderamente, aunque sepan darse besos? ¿Es un fracaso social? ¿Es generacional? ¿Qué quieres ser de mayor? Pregunta la gente… Y podríamos responder: ¿Qué quiere ser usted hoy? ¿Es feliz con lo que tiene? Disfrútelo.

Lo que hoy falla no es la escuela ni el trabajo. Es la ilusión. Lo importante no es hacer cosas grandes, sino convertir en grandes cosas todo lo que hagamos. Es mejor que aumente nuestra profundidad en cada momento, la intensidad de unos minutos u horas de estudio… mejor crecer hacia dentro que hacia arriba. Si estudias para ser algo distinto a lo que eres, únicamente para eso, estás perdiendo el tiempo. El único fin en esta tierra que hace feliz, además de salvar el alma, es darnos a los demás. Nadie tiene amor más grande que el que se da.

¿Quién piense que el arquitecto Calatrava es más feliz que el chico que ayuda a otro a sacar adelante una asignatura, se equivoca? La voluntad, la constancia, el tesón, sólo se mantienen con ilusión. Si no nos fiamos de nuestros hijos, no harán nada digno de confianza o se creerán que no pueden hacerlo; perderán la ilusión de ilusionar a sus padres.

Hay muchas personas equivocadas que no saben ver las oportunidades que tienen alrededor de hacer el bien, de vivir intensamente. Cada mañana al comenzar la jornada hay que procurar buscar la manera de hacer feliz a los demás con lo que hagas. Arreglando teléfonos, poniendo vías de sangre en un hospital o escuchando problemas de los demás.

¿Por qué hay fracaso escolar en los pueblos? Porque faltan maestros que ilusionen a los chicos. ¿Por qué el sacerdote de un pueblo pequeño quiere ser párroco de uno grande? Porque se olvida de que Belén era pequeño, que los Apóstoles eran doce. No hay que querer hacer el bien a todo el mundo, sino intentar que todo el mundo que se acerque se lleve algo de bien por haber estado con nosotros. Pero es que yo estudié para ser piloto, o entrenador de fútbol o médico oftalmólogo. No serás más por ser  el jefe de planta de un hospital, sino por animar un rato, sólo un momento, la vida de un enfermo terminal. De quien esté delante de ti en este momento. Un niño, tu hija, un mozo, da igual.

Si alguien tiene una ilusión, como la de pintar cuadros, aunque esté en la cárcel, no puedes quitarle los pinceles, enséñale a esperar la libertad, a seguir las normas del penal, pero pintando. Su éxito profesional será ser un buen preso y un buen pintor. Cuando un niño no estudia es porque no tiene ningún motivo para hacerlo. Cuando un niño miente, es porque no tiene motivos para decir la verdad. ¿Sabes qué ilusiona a tu hijo? Quizás hay que buscar la manera de saberlo, explicarle que vale la pena el esfuerzo, sobre todo, darle tiempo, darle tu tiempo.

Si estás en una empresa que no te gusta, mejórala, haz como si fuera tuya, aporta lo mejor de ti a tus compañeros. Si quieres, crece, estudia más, pero vive ilusionado cada día. El éxito profesional no está en el puesto, sino en el modo, en tu manera de trabajar. El objetivo del trabajo es llevar dinero a tu familia, para eso trabajamos. Para aportar algo allá donde está tu vida. El trabajo no nos hace libres, como ponía en los campos de concentración. Si tu vida es el trabajo, te falta familia. Si trabajar te roba el tiempo de los tuyos, frena, tómate todo de otra manera.

“Este pueblo es muy poco para ti” me dicen muchas veces en muchos pueblos, y les contesto con el Beato Manuel González: “un alma es diócesis demasiado grande para un obispo”. Se puede hacer mucho bien a nuestro alrededor donde sea. Y aunque parezcas “motivado”, transmite ilusión; pero no ilusión de “iluso” sino de “ilusionante”. Cada uno será lo que quiera. Si eres hijo, sé el mejor de los hijos que puedan existir, si eres párroco, sé un sacerdote santo, si eres estudiante, disfruta estudiando, si eres encargado de Mercadona, trata bien a todos los trabajadores y haz que se ilusionen, no quieras ser jefe de zona, porque dejarás de ser lo que eres, y puede ser que esto de ahora sea mejor que lo siguiente.

El estudio forma, aunque no sea para trabajar “de lo tuyo”. Prepara tu disciplina, tu capacidad de trabajo, te vence a ti mismo. No hay que crecer profesionalmente para ser feliz, quizás hay que ser feliz para crecer. Hay que profundizar en lo que uno tiene, valorar lo que Dios nos da en cada momento, al máximo, para ser feliz haciendo su voluntad, para que no se te pase la vida queriendo llegar donde no puedes, sin darte cuenta que ya eres lo que siempre quisiste ser, disfrutando cada instante, por cada cosa que tienes. ¡Sé feliz! Con todo, con cada cosa, con cada momento, y harás feliz a los demás, aunque no te guste estudiar. Aunque tu trabajo sea sólo limpiar. Porque más vale hacer feliz a los demás, que todo lo demás.

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