¡VIVA CRISTO REY!

Recuerdo que uno de mis profesores de Moral Social y Política no incluyó la Encíclica “Quas Primas” entre los documentos de Doctrina Social de la Iglesia. No fue un descuido, porque se lo recordamos, y dijo expresamente que no. Esa Encíclica y “Ubi Arcano”, nos enseñan que el Reinado Social de Jesucristo no son meras palabras bonitas, sino parte del proyecto de amor eterno de Dios con la humanidad.

El Reino de paz y justicia, de vida y verdad, el “yo hago nuevas todas las cosas” no se refiere a una poesía trasnochada ni a un sueño imposible. Aquellos que lo ignoran o pretenden verlo como desfasado no se dan cuenta de que “su reino no tendrá fin”. Si lo hacen por complejo de inferioridad deben curarlo, y si lo hacen por maldad o incredulidad, e incluso, podría ser, infidelidad, deben dejar de enseñar, y dedicarse a una de las múltiples tareas honorables que tiene la Santa Madre Iglesia.

Me atrevería a decir más. En castellano, la traducción del título de CRISTO REY ha quedado como Rey del universo, sin entender, en el latín elemental que se enseñaba en la escuela, al menos, el nivel que a mí me dieron, que “Rex universorum” obedece a el conjunto de todos los seres, en un genitivo plural de una palabra que no tiene singular, porque no se refiere al globo terráqueo, el planeta Halley y las ballenas, sino a todos los seres animados e inanimados, en todas sus estructuras. Esto significa que Jesucristo volverá a ser Señor de Cielos y Tierra. Eso quiere decir que las leyes deberían ser adaptadas a la voluntad de Dios, en lugar de retirar la Virgen del Cementerio para que no se ofendan los musulmanes (complejo) o querer quitar la Religión de la escuela (ignorancia) o matar a los sacerdotes (maldad). Cristo no se debe esconder en las sacristías como tantas veces han pretendido. Las fiestas (como la de Caná), las escuelas, las familias, deben estar impregnadas en la Ley del Sinaí, las leyes deben vivirse con el espíritu de las Bienaventuranzas y las Obras de Misericordia. De esta manera no harán falta páginas y páginas de boletines oficiales del estado. Porque el bien y el mal no lo determina la ley.

Hace años un prestigioso político español, al menos en su cargo, dijo: “por encima de la ley no hay nada”. Discúlpeme. Por encima de la ley está Dios, es como el tejado que sustenta la lámpara. Sin Dios la ley se cae, porque cuando Él no existe, todo está permitido, y si todo está permitido la vida es imposible (Dostoievsky). Pretender que la ley tiene validez por sí sola nos lleva al caos legislativo de nuestro tiempo.

Los católicos, en lugar de estar siempre pensando que nos miran, en lugar de decir que hay que evangelizar sin que se nos note, que nos pasamos años en el trabajo sin que se enteren que somos católico, o sacerdotes (complejo) tenemos que predicar al mundo el amor de Dios, enseñar que los Mandamientos protegen los bienes, y que si todos os respetamos, podemos ser felices en el Cielo, y también aquí en la tierra.

Ante la proximidad de la fiesta de Cristo Rey, quisiera invocar a los mártires de Barbastro que murieron defendiendo aquello que habían prometido, que dieron su vida por una España Católica, por un hogar de paz y perdón, que cantaban gozosos en su camino a la gloria, para que nunca vivamos el odio a Jesucristo en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, para que comprendamos todos, que el Señor cuenta con nosotros para que, como decía en el cartel de la Cruz, Cristo pueda ser Rey. Ellos cantaban al morir y nosotros pedimos vivirlo:

Jesús ya sabes, soy tu soldado siempre a tu lado yo he de luchar, contigo siempre y hasta que muera, una bandera y un ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar.

Desde que mi alma, los lazos rotos, hizo sus votos ante tu altar, mi pecho siente sed infinita, mi frente agita gran ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar.

No me detengas en mi carrera, voy sin espera por Tí a luchar, que a nadie temo, nada me espanta pues me agiganta gran ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar.

Si en mi camino hueste maldita ¡atrás! me grita ¡atrás, atrás! Si me disparan sangrientas balas, dárame alas el ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar.

Con tus auxilios seré potente, David valiente contra Goliat. Saldré al combate y herida honda le haré con la honda de mi ideal.

¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar. 

Si el enemigo sus fuerza agota y en mi derrota soñando está, sabré pararle su golpe rudo con el escudo de mi ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar.

Pues ya lo sabes, soy tu soldado siempre a tu lado presto a luchar, contigo siempre y hasta que muera una bandera y un ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar.

Quizá en el campo, rotas las venas, sin sangre apenas me veas ¡ay! Mira aún entonces sobre mi frente resplandeciente ese ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar. 

Acaso me oigas sólo y tendido dar un quejido, mi postrer ¡ay! Jesús, entonces habré vencido, y habré cumplido con mi ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí Rey mío, la sangre dar. 

Virgen María, Reina del Cielo, Dulce Consuelo dígnate dar, cuando en la lucha tu fiel soldado caiga abrazado con su ideal.
¿Y qué ideal? Por Tí mi Reina, la sangre dar.

No tengáis miedo, abramos las puertas a Cristo, pero todas, no sólo las del corazón, sino las del Congreso, las del Colegio, las de los Ayuntamientos. Donde no está Cristo, no hay paz, donde no se respeta a Dios, tampoco se respetará la ley

¡VIVA CRISTO REY!

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