LA DIGNIDAD DE LA MUJER

Hablar sobre la mujer tiene el inconveniente de no ser escuchado por no serlo, o de ser etiquetado con cualquier pre-juicio falso de los que están de moda: “Jesús marginaba a las mujeres”, cuando fue de los primeros maestros que se dedicó a enseñarles además de tomarlas como testigos de su resurrección, o “y tú qué sabes si eres cura”, a lo que se puede contestar que bien ayuda en el parto el ginecólogo, aunque no haya parido nunca, o “eres un machista”, calificativo de moda que utilizan muchas veces las personas que no entienden lo que estás diciendo.

Ser mujer no es peor ni mejor que ser hombre. Es diferente. Digamos que no nos parecemos casi en nada. Somos seres humanos, pero cada uno con sus caracterísiticas sociales, hormonales, físicas, psíquicas. Ya sé que hay hombres que son buenos cocinando y mujeres que torean a las mil maravillas pero, generalmente hablando, para el hombre es más fácil abstraer y para la mujer fijarse en lo concreto. Si esto no se tiene en cuenta, es muy difícil solucionar un conflicto de pareja, por poner un ejemplo. También hay que saber que estas líneas ni una conversación de este tema, sirve para atacar a nadie, sino para tener en cuenta aspectos que pueden ayudarnos en nuestra vida familiar.

Es una pena que para ciertos temas haya que dar una explicación de dos párrafos para empezar a hablar, porque la falta de interés por saber y la escasez de tiempo hacen que poca gente lea tres párrafos. Vamos a intentar seguir. Comienza hoy la Novena de la Inmaculada. La Virgen Madre se entrega a su Hijo en cada uno de sus momentos para, por amor, ser corredentora de la humanidad. Hoy no se entiende el Amor sin relación de pareja. Hoy no se entiende que Amar está por encima de cualquier otro sentimiento romántico, que el Amor es entrega. La mujer tiene una capacidad especial para entregarse. (“También la tienen algunos hombres”: que sí. Que ya lo sé, pero eso no quita lo que digo) Como la tiene para sufrir. Una mujer se puede estar muriendo y que nadie lo sepa, mientras que un hombre parece que se está muriendo, y como decía mi madre, tiene “costipado de hombre”. Sencillamente, serviremos para otras cosas, pero somos, en general, malos enfermos.

Estas capacidades no se les disminuyen por ser madres, al contrario, les aumentan. Cuando el trabajo hizo pensar a un gran sector de mujeres que estaban realizándose, no hacían más que extender la frase de Hitler a la entrada de los campos de concentración nazis: “El trabajo os hará libres”. Y es todo lo contrario, se trabaja para ganar dinero, porque hace falta para comer. Está en el principio de la Biblia: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”, pero lo malo es que eso se lo dijo Dios a Adán, aunque ahora tienen que trabajar los dos para poder comer. Marwin Harris, antropólogo norteamericano, para nada católico, ni siquiera protestante, decía que esto es un plan programado para destrozar la familia, porque la mujer es el alma de la casa.

Lo que ocurre es que le hicieron creer que sería más libre si se desnudaba, si pasaba la vida fuera de casa (“usted dice que no podemos salir nunca de casa”: a ver, espera, escucha, piensa y luego habla) si veía a los hijos como una dura obligación sería más feliz. Y eso no es así. Los hijos son la alegría de su madre, cuando ella ha sabido renunciar a sus diversiones por ellos, cuando los ha hecho parte de su ilusión diaria.

Da mucha pena ver -lo he descubierto en fotos hace poco- que en los conciertos hay jaulas elevadas con mujeres moviéndose sensualmente ¡EN SU INTERIOR! como expresión de ¿libertad?, de ¿amor?, ¡qué triste! que colaboremos con ese tipo de diversión y luego nos manifestemos en favor de los “derechos” de la mujer. La pornografía, el machismo,  la esclavitud encubierta, han sido alentados por esas diversiones que han UTILIZADO a la mujer, en lugar de haberla respetado como nos enseña Jesús en el Evangelio. Los mismos que gritan a favor del aborto, diciendo que son libres de hacer con su cuerpo lo que quieran, son los que las prostituyen utilizándolas. Las femen se manifiestan desnudas en un alarde de enseñar lo que debería ser guardado y respetado.

Si María Inmaculada fuera el modelo de nuestro actuar, si cada hija pudiera ver en su madre el pensar, el vivir, el vestir y el hablar de la Virgen, sería más respetada, valorada y admirada esa chica en su adolescencia y juventud. Se distingue muy rápido la dignidad en una muchacha, casi tan rápido como es capaz de perderla si no sabe respetarse a sí misma. Por eso es importante que una mujer tenga la dignidad de serlo y sepa valorarse. Por eso no es cierto que la libertad está en salir, sino en hacer en cada momento lo que debemos hacer -tanto las mujeres como los hombres-. Aquél que cumple con su obligación como hijo, como trabajador, como estudiante, padre o lo que quiera ser, es verdaderamente libre, porque no se deja esclavizar por nadie. Cuando estamos más pendientes de lo que piensen los demás, que de lo que piense Dios, corremos el riesgo de adaptar nuestro actuar a lo que piense el más bocazas de nuestra cercanía, por miedo a su opinión.

En realidad, no da miedo que no nos entienda, sino que, tal como está el mundo, quizás lo malo sería que nos entendiera. Mujer que lees, no tengas miedo a valorar lo que Dios te dio por serlo. Que los dones que tienes nunca te hagan pensar que has de salir fuera a buscar nada, sino que te dés cuenta que el Reino de Dios está dentro de ti. Está bien que trabajes lo que puedas y lo mejor posible, pero si tienes hijos, piensa que son un regalo; no un castigo. Si tienes tiempo libre, vívelo con ellos. Si te gusta la moda, viste como quieras o puedas, pero no quieras gustarle tú a la moda, porque sería convertirte en un objeto. Que nada ni nadie te utilicen, en eso tienes mucho que decir y tu actuar definirá tu personalidad y la de tus hijas desde jovencitas. Hazte respetar, hazte querer: te lo mereces. ¡MUJER!

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2 comentarios sobre “LA DIGNIDAD DE LA MUJER

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