Yo no sé rezar

A lo largo de la vida he leído muchas formas de acercarse a la oración, pero nunca he conseguido algo sencillo aplicado a las personas que con gran Fe, pero también mucha sencillez, solamente se dirigen a Dios con oraciones concretas pero no hablan con Él, porque piensan que no saben.

Cualquier manera de hablar con Dios es ya oración. El catecismo que yo estudié decía que debemos hacerlo con atención, humildad, confianza y perseverancia. Esa sería la disposición, pero… ¿el modo? ¿la forma? Escribo con la intención de ayudar al que sabe que no sabe. No pretenden ser mis artículos, en ningún momento, lecciones de nada, sino solamente ayuda y consejo para aquellos que les aprovechen en el deseo, que puedan tener (como yo) de llegar a ser santos, desde la humildad de nuestra condición de “buena gente” y nada más.

LA PRÁCTICA DE LA ORACIÓN

Hay tres tipos de oración: la oración vocal, en la que rezamos oraciones concretas. El Padrenuestro, el Avermaría, la Salve, el Rosario, el Vía Crucis. La oración mental, por la que reflexionamos sobre las palabras que decimos al rezar o sobre lo que Dios nos pide en cada momento. Todos los cristianos deberíamos dedicar un rato al día a esta práctica. Y, por último, la contemplación, que ya es un trato de amor con Jesús. Un “marcharse” a un momento concreto de su vida, o un traerlo a la nuestra.

Estas tres prácticas son las que se realizan en los Ejercicios Espirituales.

Ejercicio práctico de un cuarto de hora de meditación

            Preparación: Estoy algún momento preparándome para estar con Jesús, bien en la Iglesia o en mi habitación. Sin televisión, sin móvil, como aquél que sabe que va a llegar una visita importante y ha dispuesto todo en casa para ese momento.  El alma se prepara.

Principio de la meditación: O bien el día antes, o si no he podido, al empezar, leo un pasaje del Evangelio, o de otro libro del que puedo ayudarme. El nacimiento en Belén, la llegada de los pastores, el largo camino de los Reyes siguiendo la estrella…

Y le pido ayuda al Señor para comenzar con una oración sencilla. Oh Jesús de mi corazón, te agradezco este rato que me regalas para pensar en los misterios de tu vida. Te pido que ilumines la mía para que en todo momento sepa reflejar a los demás lo que Tú quieras decirme. Inspírame aquellas palabras con que sabías hacer de la vida de los tuyos, un poquito del Cielo en la tierra.

Centro de la meditación: ¿Qué me dice a mí este texto?, ¿qué personas participan y qué es lo que dicen?, ¿cómo puedo sacar una conclusión práctica para mi vida? Si estoy meditando sobre los Reyes podía ser lo rápido que me canso en practicar las obras buenas, o cómo me paro ante los obstáculos… ¿Cómo puedo actuar para corregir eso?, ¿qué dificultades tendré y en qué ocasiones puedo superarlas y con qué ayuda?

Puedo intentar que mi voluntad, mi afecto, mis sentimientos se vayan amoldando a lo que Jesús me inspira. Pidiendo confianza, deseo de imitar a Jesús y a la Virgen, amor a los míos, como los aman ellos. Así mismo, realizar algunos propósitos concretos relacionados con lo que he meditado. Siendo generoso, humilde (sabiendo que todo depende de la gracia del Cielo) y realista. También hemos de ser concretos. Los propósitos tienen que ir acompañados del cuándo y del cómo.

Fin de la meditación: Puedo resumir, volviendo a leer los párrafos que he utilizado, con alguna jaculatoria, o con algún coloquio con Jesús, la Virgen o los santos, aquello que he ido meditando, como habla un padre con su hijo, un enfermo con el médico, dos amigos… Y termino con alguna oración vocal. Estar tranquilo, en silencio y sin prisa son partes imprescindibles de la meditación.

Terminamos dando gracias a Dios por este momento con Él y nos proponemos otro rato con el Señor para el día siguiente, y si puede ser decidimos qué párrafos leeremos.

Más difícil, muchas veces, que la forma de hacer oración, está el encontrar el momento. Para algunas personas será heroico, pero llena el alma saber dedicar un momento a Dios, y eso nos hace ser más felices y transmitir esa alegría a los demás en el día a día de nuestra vida.

Que la Virgen Santísima, Inmaculada, nos ayude en esta tarea y encontremos la forma de abrir nuestro horario a su compañía, no solamente estando siempre con Ella, sino buscando cómo estar sólo con ellos a solas, sin nada más.

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Un comentario sobre “Yo no sé rezar

  1. Muy buena entrada! Éstas “catequesis” nos van muy bien a todos, sepamos o no rezar, porque nos dan una orientación de qué es realmente la oración, pues a menudo es fácil desviarse.

    Creo que cuando ponemos a Dios como único Señor la excusa de “no tengo tiempo”, no debería ser válida; aunque reconozco que lo mundano nos absorbe tanto que a veces así ocurre.

    Almenos nos sirvan estas líneas para reflexionar qué tiempo y de qué calidad dedicamos diariamente a la oración.

    Muchas gracias!!!

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