La generación NONO

Con admiración y asombro podemos constatar, si es que todavía nos asombra algo que la generación NINI, aquel grupo humano que ni estudiaba ni trabajaba está llegando a su fin, siendo mutado en todas sus distintas manifestaciones variopintas por una más extensa generación NONO.

Digamos que ahora ya no son solamente los jóvenes los NI sino también los mayores los NO. En general sueles oír para cualquier propuesta, sea religiosa, cultural, académica, laboral… NO puedo, NO tengo tiempo, NO quiero, NO lo sé hacer, a menos que vayas con dinero por delante. De repente te sorprende el dueño del supermercado del pueblo que te dice: “Yo te lo traigo, sea lo que sea”. Y piensas: ¡Menos mal que aún queda gente así!. Por eso puede ser que el mundo rueda aún. Porque la que limpia la calle lo hace a gusto, porque hay un camionero puntual, o algún albañil competente en su trabajo.

Sin embargo, los padres que no supieron decir NO a sus hijos casi ninguna vez, son los que ahora les dicen: di que NO puedes, es mejor que NO te líen… y claro, cualquiera encuentra un trabajador. Porque NO quiero darme de alta, porque NO hay trabajo, porque por seiscientos euros mejor me quedo en casa. Creo que mi nómina base al empezar como sacerdote no llegaba a los 600 €. ¿Tocaba llorar? ¿Quejarme? Me acuerdo que cuando llegué al primer destino me dijeron: “Mañana tienes Misa a las 7 de la mañana en medio del monte, hay que prepararlo todo y hay que ir andando. No sé a qué hora se sale… y no tengo nada para cenar” Eran más de las doce de la noche. Siempre agradeceré a mis formadores que me hayan espabilado así.

Hoy te dicen que vienen a una hora y NO se presentan porque les ha surgido algo pero NO te avisan. Digamos que está extendido que la palabra dada no cuenta para nada ni para nadie, que el sentido de la responsabilidad es algo obsoleto. Los padres NO han sido capaces de decir NO a sus hijos, y ahora NO participan de las cosas que les benefician ni enseñan a sus hijos a coger responsabilidad en algo sencillo PERO constante. NO se puede hacer teatro o un partido de fútbol porque falta uno o falta otro… Eso del trabajo en equipo está de moda pero nadie es consciente de lo que supone o en contadas ocasiones.

Hay que aclarar que no me estoy refiriendo a la sesgada realidad de un pequeño pueblo de donde soy párroco, sino que es algo extendido a todos los niveles de lo que quiero advertir. Hablas con profesores que te dicen NO puedo hacer esto o lo otro, organizas una reunión y NO asisten, o un debate y NO participan, vas a una reunión y está cerrado el local porque NO se acordaron de avisar. ¡Qué pocas veces se oye el “cuenta conmigo”! ¿Será tan difícil participar de las cosas? Ayer hablaba con el dueño de una gran empresa de la zona que me decía lo que se nota quién trabaja y quién no. Estamos acostumbrándonos al NO como respuesta para lo que nos implica, y no sabemos decir NO a lo que nos daña. Creo que hay que aprender a decir que NO cuando toca, y a NO usarlo cuando NO toca. Antes eso se aprendía sólo por el ejemplo de quien tenías alrededor.

Hoy día, la generación NONO está enseñando a los demás a NO implicarse. Creo que la crisis económica, la crisis familiar, la crisis social está debida a NO saber utilizar el NO. A pensar que porque lo he intentado una vez, como he tenido un obstáculo, ya NO puedo seguir. Poca gente supera dificultades, pocos se superan. Como NO viene nadie, NO hago nada para que vengan… y de repente nos sorprendemos cuando asiste el 10 % de la población a una reunión parroquial, solamente porque lo hemos visto posible.

El primer paso de cualquier evento o proyecto es creernos que es posible. Si nosotros no creemos lo que decimos, no podemos pretender que lo crean los demás. Si yo no me creo que el coche que vendo es el más oportuno para mi cliente, nadie lo comprará. Si yo NO me esfuerzo, dejando todo a que me ayuden o me lo hagan, NO haré nada nunca. Demóstenes era tartamudo, y si no sabemos lo que hizo, es bueno que lo busquemos y lo imitemos. “I think I can”, dice un refrán inglés. Y en un cuartel español se lee: “lo hice, no sabía que era imposible”.

Desde estas líneas quiero invitar al compromiso serio, al trabajo duro, a la diversión sana. El agobio por lo que tenemos que hacer, termina el día que se empieza, decía mi profesor de Filosofía. ¿Tienes mucho trabajo? Empieza. ¿Estás en el paro?: Dedica ocho horas al día a buscarlo. Te pagan poco, rinde para que te puedan pagar más. Creo que hay que vivirl0 y enseñarlo. NO al NO como resorte. Los obstáculos se vencen, se superan, NO te paralizan. Es cierto que NO se puede dejar de rezar con la excusa del trabajo, pero tampoco podemos dejar de trabajar con la excusa del rezo. Es cierto que todo depende de Dios, pero también lo es que Dios espera nuestra colaboración. Es cierto que hay jefes que oprimen, pero también es verdad que muchos valoran al que trabaja lo que le corresponde. NO te rindas.

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