¡FELIZ NAVIDAD!

La liturgia del tercer domingo de Adviento nos invita a la alegría de forma reiterada: “Esta siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres”. “Alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén” dicen el Apóstol San Pablo y el profeta Sofonías.

Sin embargo también nos alerta diciendo: “Decid a los cobardes de corazón: “sed fuertes, no temáis”. Pienso que los cobardes de corazón acaban estando llenos de complejos. Y por esos mismos complejos pierden la felicidad y la alegría. Porque no quieren celebrar la venida de Dios hecho Niño y buscan excusas para no hacerlo.

Viajaba en coche a Cuenca, para una reunión del consejo de pastoral. Puse la radio y solamente oí a una señora que llamaba para decir algo parecido a esto: “A mí no me gusta la Navidad porque la gente lo único que hace es comer y comer y comer; porque no nos hablamos en todo el año y tenemos que hablarnos en Navidad; y porque la gente se regala cosas sin motivo”.

Apagué la radio. ¡Qué corazón más pequeño! Qué ignorancia más supina la que no tenga en cuenta que el motivo de los regalos es el mejor que podríamos tener. Los niños escribimos la carta a los Reyes porque ellos también llevaron regalos al Niño Dios. Como los pastores llevaron lo mejor que tenían, también nosotros podemos llevar algo al portal. Algo tendremos que ofrecer para que la vida de los que viven con nosotros sea más agradable, para ayudarlos a ser más felices. Si los niños no saben que es por eso, sólo hemos de explicárselo, y sin querer, poco a poco, va empapando su vida el verdadero sentido de la Navidad.

Igual que los regalos de la Primera Comunión o los trajes, ayudan a ensalzar el momento de recibir a Dios, y si no lo tienen en cuenta es culpa de los catequistas, de los sacerdotes o de los padres (está claro que no es causado por la Primera Comunión en sí y que el niño capta mejor que nosotros el sentido de lo sobrenatural, si se le explica); de la misma manera, hay que explicar por qué pedimos regalos o nos compramos obsequios.

En segundo lugar, estar en contra de las fiestas porque se come mucho es tan fácil de solucionar como “comer menos”. No entiendo que alguien se disguste porque los demás coman. Da alegría que estemos en torno a la mesa; por eso nos dio Dios la necesidad de comer, para que la familia tuviera que juntarse. Que se hace en un restaurante o con una comida especial. ¿Está eso mal? creo que no. Otra vez corazón pequeño. Que todo es consumismo, eso será cuestión de cada uno, no culpa de la Navidad. Señora, si usted no quiere comer, no coma, pero no abomine de lo que es motivo de alegría, porque eso demuestra o que usted no sabe ser feliz o que lo hunde todo por norma. O no da alegría que podamos estar juntos, que sean días de familia… En fin, toda la vida he esperado estos días de familia, cuesta creer que haya personas que no lo deseen, pero al menos, no critiquemos que lo hagan los demás.

Por último, si no hemos hablado con alguien en todo el año y viene en Navidad, será problema del resto del año, no de la Navidad. Los que vivimos lejos sabemos que no podemos vernos siempre que querríamos. Es así, pero juntarse en Navidad debe ser bueno; y quien no pueda busque otro momento, pero no diga que está mal hablarse una vez al año porque está peor no hacerlo. El problema de una sociedad arranca en el momento en que ve mal lo que está bien. Eso es de corazón mezquino.

Por eso motivo les invito desde estas líneas a incorporar a Jesús en las fiestas de “su” Navidad. Los Belenes, la Misa del gallo, los villancicos, los adornos, los regalos e incluso los langostinos, donde los haya, ayudan a celebrar con el mismo gozo de los pastores que nos ha nacido un Salvador. Recibirlo como toca es cuestión de cada uno, de cada familia, de cada pueblo. No dejemos las costumbres de nuestros mayores, no olvidemos que sin Dios la vida no tiene sentido, sin Jesús no hay esperanza y sin Navidad no creo que pueda haber verdadera felicidad.

¡Feliz Navidad! Que el complejo de los que no pueden celebrar nada por su falta de Fe, Esperanza o Caridad, no impida la alegría de los que llevamos todo el año esperando que Cristo vuelva, el entusiasmo de aquellos que reciben cada día al Salvador del mundo y no desean nada más que el bien de todos aquellos que también pueden hacerlo propio porque Jesús, recién nacido, no es tuyo o mío, es el Rey que viene, el Rey de todos. Próspero año próximo, con algún regalo que ofrecer a la Sagrada Familia. Aunque sea pequeño, no se dejan vencer en generosidad. No lo dudes

 

 

 

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