Técnicas de estudio

A lo largo de mi vida he dado clases en muchos colegios e institutos. En el Seminario Menor de Uclés, durante dos años, de Religión, en el Colegio Corazón Inmaculado de María, en la provinica de Barcelona, de Filosofía y Latín, en los Institutos de Valera de Abajo y Motilla del Palancar, los dos de Cuenca, también de Religión, y en los pueblos de Almodóvar del Pinar y Santa María del Campo Rus, ayudando a los más pequeños, y algunos mayores, sobre todo en Matemáticas e Inglés.

Sin embargo, recuerdo mis mejores momentos como profesor, esquematizando la materia para los mayores, incluso en la Universidad. Los apuntes se los fotocopiaban, e incluso me decían los compañeros y compañeras si tenían que pagarme. ¿Qué pasaba? Que nadie sabía sintetizar o hacer esquemas. ¿Dónde está la laguna en el fracaso escolar de nuestro tiempo? Piensan que es en las subvenciones, en la educación diferenciada… Hablas con los padres y te dicen preocupados: “Mi hijo no sabe estudiar”. Llevan razón. La solución es simple. Los más pequeños y medianos han perdido la ilusión de aprender porque les falta la capacidad para ello, no porque sean menos inteligentes, sino porque nadie les ha enseñado a diferenciar lo importante de lo superfluo (cosa que también ocurre en la vida).

Este domingo, si Dios quiere, y la tarea de enterrar nos respeta el horario, comienzo en el pueblo un pequeño curso de técnicas de estudio, en armonía con el AMPA, para enseñar a los muchachos lo que a mí me enseñó, en la asignatura de Sociales, el profesor Antonio Alfonso Lafuente. Era una libreta roja con espiral y cuadrícula. Tristemente, me ha desaparecido, llegaba a casa con la ilusión de aplicar lo que me había enseñado ese hombre, después de cinco cuartos de hora de viaje en autocar. Al día siguiente, el reto era conseguir el esquema más corto de la clase, y ser capaz de explicar la lección diciendo todos los datos.

Esa manera de esquematizar la he mantenido siempre. Algo mayor me di cuenta que era importante memorizar los títulos, porque algunos profesores preguntaban, sencillamente, con el título de la pregunta. Si no recordabas bien qué quería decir aquello de “La unión hipostática”, aunque supieras el contenido no podías explicarlo. Más adelante, en la carrera de Derecho, en Procesal I, nos preguntaron: “Estatuto jurídico de la reconvención”. Solamente lo respondió un chaval que trabajaba en una administración de lotería. No quiero decir que le acompañara la suerte, sino que, solamente él, se había mirado los títulos.

Más importante que aprender de memoria, más importante que subrayar lo más importante, es comprender el contenido de cada pregunta, y el por qué es diferente a la pregunta siguiente. Da igual que estemos hablando de matemáticas o de química, comprender lo que se está leyendo va mucho más allá de saber leer. Tener ilusión por transmitir lo que he leído, es lo que provoca que el chico prefiera eso que ir en bicicleta, harto difícil en nuestro tiempo, pero no imposible. Está claro que si el alumno no tiene retos asequibles, no tendrá ilusión en conseguirlos.

También he observado que aquello que mi generación tenía asumido, como por ósmosis, ahora no existe. Eso de que no se hacía otra cosa hasta que se había acabado la tarea. Fuera de algunos que estudiaban el día antes, y que han seguido así, hasta las oposiciones que ahora les hacen ganar el pan (eran gente de otro tipo; ahora dirían, alumnos con capacidades especiales), fuera de aquellos pocos, los demás sabíamos que había que seguir unos pasos: LEER RÁPIDAMENTE; LEER REPOSADAMENTE; SUBRAYAR; REPETIR LO SUBRAYADO, HACER UN ESQUEMA Y REPETIR EL ESQUEMA (primero el particular de cada pregunta y luego el general) Es cierto que para eso hace falta tiempo, pero también es verdad que si eso no se sabe hacer, para qué sirve el tiempo.

El reto de este curso de “técnicas de estudio” es sencillo pero audaz. No solamente que aprendan a hacer esquemas y que se den cuenta de sus habilidades y capacidad, es decir, que cojan confianza en sí mismos, sino que puedan ilusionarse en el cumplimiento de la obligación. Que sean capaces de elegir “Estudiar” en lugar de “Jugar”. Sus hijos no son tontos, no hay niños tontos. Ni mucho menos son malos. Hay que descubrir para qué sirven y cómo llegar a ello. ¿Qué les ilusiona? ¿Dónde están los obstáculos? Una tarea a realizar por todos juntos, pero con grandes frutos. Con personas que, gracias a este camino de aprendizaje, no te olvidan nunca.

¡Ánimo padres! Que vuestra tarea es hermosa, aunque cueste. ¡Animo estudiantes! Cuantas veces hemos dicho que llegamos a tiempo. Desarrollar la capacidad de atención en clase, y de concentración, que se aplica en gran manera, con el arte de saber jugar y entretenerse, con la ciencia de OCUPARSE en algo, es una inversión de la que se va recibiendo renta toda la vida. No todos tenemos la misma capacidad, no todos las mismas posibilidades, pero todos hemos de dar el fruto de los talentos que hemos recibido. Y tú… Sí, tú también, tienes muchos. Hasta el domingo, ¿en Misa o en clase?

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