Revolución de la Comunicación

Voy a escribir sobre algo que todo el mundo sabe pero que no es fácil tener en cuenta. Vivimos en la época de las comunicaciones. Al final de mi carrera de Filosofía hice un trabajo de Filosofía del Lenguaje, allá por el año 1997 sobre los mass media (medios de comunicación masiva). Veinte años después la revolución de la comunicación no es ciencia ficción sino realidad cruda y dura.

Actualmente, la tienda que más vende en material de esquí y deportes de invierno estaba en un pueblecito del Pirineo, Benasque. Hoy venden a todo el mundo. Las comunicaciones han evolucionado y eso repercute en la cultura. No quiere decir que haya que ser más o menos progresistas o adelantados, o que cambie la verdad del mensaje, lo que significa es que si no estás al día, tu mensaje, o mejor dicho, en este caso, el mensaje evangélico, no se escucha. Porque la gente tiene que hacer más cosas que antes, y no se entera.

En Rusia, inmortalizado por Julio Verne, recordamos al correo del zar, que cruzaba todo el continente para llevar un mensaje. En la batalla de Waterloo, a veinte kilómetros de Bruselas (hoy sede de la CE), el día 18 de junio de 1815, Napoleón tardó diecinueve minutos en enterarse que había perdido, ¡y estaba allí! Un siglo después, María Sabater, daba el primer mensaje de Radio, en la azotea del hotel Colón de la plaza Cataluña y la gente venía a escuchar la radio desde la calle. Sonó Granada de Albéniz. Era el 14 de noviembre de 1924. Años después los Cardenales de América empezaron a venir a Roma para el cónclave y siempre llegaban tarde. Hoy día se avisan los terremotos por Twitter y la gente tiene tiempo de marcharse del lugar y evitar una masacre.

El pasado año, un Colegio de Barcelona, canceló las clases por un mensaje de twitter del director del colegio, la misma mañana de una nevada, y lo leyeron los profesores, los padres de los alumnos, el personal de cocina y los conductores de los autobuses. Y esta tarde, facebook ha localizado que he ido a comprar fuera de mi pueblo.

Por este motivo tan simple, y a la vez tan real, el Santo Padre ha creado un video-blog por el que va explicando en qué va a consistir su reciente viaje a México. Antes eran los obispos que transmitían al pueblo lo que se había ido diciendo en las reuniones. En el caso de Polonia, fue el cardenal Wojtyla el que explicaba el contenido de las reuniones del Concilio Vaticano II cuando llegaba de vuelta a Cracovia.

O nos damos cuenta que el mensaje de Jesucristo se ha de transmitir, no sólo pero TAMBIÉN así, o nadie nos lo va a escuchar. O avisamos los cambios de horario por wasap o estaremos fuera de la realidad de nuestros pequeños pueblos, donde somos “el párroco de toda la vida” pero metido en la vida de hoy. Se puede ser moderno y fiel a Jesucristo, decía el Papa Juan Pablo II, pero hoy día no sólo se puede, sino que lo que pide Cristo es “id a todo el mundo y predicad el Evangelio”. Si nos esperamos a que vengan, si no somos Iglesia en salida, nos quedaremos solos en lo más parecido a un Monasterio, un cenobio o a San Simón el Estilita.

Eso no cambia la doctrina, pero sí que ha cambiado la comunicación, y como la Fe entra por el oído, por los sentidos, por la vista… es hora de ponernos a trabajar también en ese sentido. No podemos confesar por teléfono, pero no hay ningún inconveniente en llevar una buena dirección espiritual a través de skype. Los manuales dicen que hay que conocer a la persona, eso es evidente, pero está claro que no conocían estos medios cuando se escribieron los manuales. El conocimiento de la realidad del otro se adquiere fácilmente metiéndonos en la piel del otro. La virtud de la empatía puede alcanzarse a través de una llamada, de una visita esporádica… y el consejo puede darse a kilómetros, igual que en una sacristía.

Sacerdotes, religiosos, o nos comunicamos como los jóvenes lo hacen, o perdemos la comunicación con los jóvenes. O hacemos un esfuerzo por estar en las redes, por dedicar tiempo a nuestra juventud en los campos que ellos trabajan, o no nos parecemos a Cristo. Él se subía en la barca porque vivía en pueblos de pescadores. Si hubiera vivido en tierra de constructores hubiera predicado desde un andamio. Es evidente. O dejamos la bicicleta aparcada (aunque en mi pueblo muchos la usamos) y cogemos el AVE de la comunicación, y sabemos que todo el mundo lo utiliza, o hemos perdido la oportunidad de predicar hoy.

Puede que esta realidad sea injusta, pero lo exige la realidad. El rejuvenecimiento de las costumbres no es una relajación, es aprovechar la revolución de la comunicación para llegar a tiempo y a destiempo, como decía San Pablo, que iba a caballo, pero llegó a Tarraco, para saber que nos están pidiendo a gritos que hablemos con ellos, pero por los medios que ellos utilizan. No lo dudes, ¡Cristo cuenta contigo! pero también cuenta que tú cuentes con tu móvil, con la tablet, con lo que te dé la gana. Pero no te incomuniques, porque hoy tu voz, puede ser la voz del Señor.

Y, si puede ser, contesta rápido, porque tanta información, ha provocado una especie de prisa, que si no oye tu voz quien la espera, puede ser que vaya a oír otras que no serán ya nada parecido, ni tampoco, lo que necesitaba oír esa persona. No porque busque cantos de sirena que le dan la razón, sino porque necesita la respuesta con urgencia. Eso son veinticuatro horas de servicio. Eso es, como decía aquel gran obispo: “no quitarse el mono de trabajo”. Su lenguaje, sus horarios, su tipo de vida. Hacerse joven con los jóvenes no es regalarles el oído, es llegar a ellos, donde ellos están, para poder rezar con ellos el “hágase tu voluntad”.

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