Satanás ¿sigue tentando?

   Ante el relato de Jesús en el desierto, podemos aprender dos cosas principalmente. La primera que no es malo hacer penitencia. Es una práctica que está cayendo en desuso pero que se mantiene en los pueblos. Algunos no comen dulces, otras se quitan el pan, una no se maquilla y el de más allá deja de fumar. Buenas costumbres que cuestan poco y pueden hacer mucho bien, porque nos recuerdan que las pasiones no son siempre enfermedades. Que hay que combatir al propio yo, en la soberbia, en la ira, en la lujuria. Hoy día se tiende a decir que no hay pecados. Solamente enfermedades. Al asesino le llaman esquizofrénico peligroso, al ladrón cliptómano y así sucesivamente.

    La siguiente enseñanza es que si a Cristo lo tentó el diablo también a nosotros puede tentarnos. Las palabras “no nos dejes caer en la tentación” no son una manera hermosa de terminar la oración del Padrenuestro. A todos nos puede pasar de todo. Si no es así es porque el Señor nos libra. “¿Por qué ellos están en la cárcel y yo no” piensa el Papa cuando visita las cárceles. Hay que evitar las tentaciones. “El que juega con fuego se quema”. Hay una película del cine español, fray torero, en que un fraile sale del convento a torear para sacar fondos para el convento. Una moza de dudosa reputación convence al fraile para invitarlo a merendar y él cae en la trampa. “¡No vayas a la merienda! Se ve venir. No la conoces de nada”. Por fin, suena el teléfono cuando la chica piensa más en morros que en los toros. Y con mucha rabia dice: “¿Quién era? ¿el Ángel de la Guarda?”. El fraile dice que sí y se marcha. Muchas veces un buen amigo (como el que llamaba) pueden apartarnos de un peligro cualquiera, de una tentación; pero para eso hay que dejarse aconsejar. Si tengo el vicio del alcohol no puedo pasear alrededor del bar. Si me dejo llevar por la ira, no puedo hablar cuando me enfado de más…. Y así sucesivamente. Huir de las tentaciones. El diablo conoce nuestros puntos débiles. Es más listo que nosotros. Te puede pasar a ti.

    Las tres tentaciones del desierto son reflejo de los tres pasos que sigue el diablo para cazarnos. La primera encarna el tener, el egoísmo, la gula, el sexo y lo que respecta al cuerpo. Comer o beber sin freno, con consecuencias graves en salud y convivencia, pensar solamente en uno mismo. Narcisismo extendido en nuestro tiempo que ha dejado de entender que la felicidad no está en tener sino en dar. “No sólo de pan vive el hombre” le contesta Jesús. Muchas veces estamos pensando solamente en las cosas que se quedarán aquí. Las que no podemos llevarnos al cementerio y ni siquiera quedarán en el recuerdo. Hay que enseñar a los niños a valorar los bienes del espíritu. Lo que no aprendan de los padres nunca lo sabrán. Si la madre miente, el hijo no dirá la verdad. Si papá grita a mamá, los hijos no la querrán.

      La segunda es la tentación del poder. El diablo reparte sus cosas, o las que se piensa que son suyas, entre sus amigos. Cuando uno tiene cosas, quiere mandar, aunque sea en un pueblo, en un equipo de fútbol, en la pandilla de amigos; e incluso en casa. Que mi mujer haga lo que yo mando. Que mis amigos jueguen a lo que yo quiero. Nos convertimos fácilmente en dominadores de los que tenemos alrededor, sin darnos cuenta que estamos manipulando, sin respetar la libertad de cada uno. Cuando uno aconseja debe saber renunciar al consejo, porque ya no es suyo. Es de la persona que lo escuchó, ella verá si lo pone en práctica. Mandar, dominar, debería ser una demostración de servir. “Quien quiera ser el primero entre vosotros que sea vuestro servidor”. Algo tan sencillo como ir a tirar la basura, como quitar la mesa, pueden ser gestos que nos ponen al servicio de los demás, lo contrario de lo que quiere el diablo.

     Por último, el diablo nos tienta con la fama. “¿Qué van a pensar de ti?”. Cuidado con esto. Lo único que importa es lo que piense Dios de uno mismo. Solamente ante Él tendremos que rendir cuentas. Muchas veces nos vemos metidos en decisiones colectivas que no son correctas porque lo ha dicho otro, para que no piensen que tengo miedo. El primer porro, el segundo cubata de la noche, o quizás el cuarto, pueden ser causa del famoso “¿qué dirán?”. Creo que la personalidad propia es muy importante tanto en los grandes epicentros de la civilización como en los pueblos pequeños. En la medida que nuestro mundo sea grande o chico el diablo nos tentará, para corromper nuestro partido político, o para dejar de ir a Misa en la universidad di me van a mirar mal. Es encomiable tener la estampa de la Virgen sobre el escritorio o despacho, pensando más en la Madre del Cielo que en lo que piense el compañero.

     Detectemos nuestros puntos débiles. Esta Cuaresma sirva para ver por donde nos puede engañar el tentador, que no tiene más tarea que arrebatarnos el alma y quitarnos la felicidad también en esta vida. Mientras vivimos en este mundo luchamos contra el mal, que anda suelto. La gracia del Señor Jesús, que nunca nos deja si no queremos, el buen uso de la libertad, y el conocimiento de uno mismo, pueden servirnos para dar cada día un paso más en la imitación de Cristo, en lugar de ir engordando, con lo que tengo, lo que mando y lo que piensan de mí, un propio “yo” que nos impide mirar al otro para ver lo que necesita. El egoísmo puede matar la sociedad antes que las guerras. Vayamos por el desierto cuaresmal con la mirada puesta en la voluntad de Dios, como el logo del año de la misericordia, en el que compartimos un ojo con Jesús.

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Un comentario sobre “Satanás ¿sigue tentando?

  1. Reblogueó esto en Se llenaron de inmensa alegríay comentado:

    La Cuaresma comenzó también el año pasado con el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. Este año hemos añadido los remedios a la tentación: la oración, huir de las ocasiones y confiar en Dios que nunca deja que nos tiente el demonio más allá de donde nosotros podemos venderle. La clave está en no pactar con el mal, en no tirar la toalla. Santa Cuaresma a todos en la lucha contra el tentador que, como en la primera lectura, miente para hacernos caer si entramos en su juego.

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