Dios te salve, Madre de Misericordia

Plaza del pueblo de Santa María del Campo Rus, en Cuenca. Suenan las campanas a lo lejos. El Campanario de la plaza iluminado está callado, porque esta vez, la oración, la Misa, es en el hospital. La actual Ermita de la Virgen del Amparo que, desde siglos, hospital llaman los mayores del lugar. Fue centro de beneficencia para los que pasaban, y ahora es protección y ayuda para los que… a rezar, se paran.

Pablo, el dueño del bar, espera para las cenas, y mirándome se pregunta. ¿Dónde van? ¿Pero qué les das? ¿Por qué van tantos? Y pienso que yo no les doy nada, que es la Madre, la Patrona, la Virgen del Amparo… y allí marcho, para pedírselo a Ella, para ti, para el pueblo, para mi familia. ¡Virgencita! Protección y Amparo.

En este año, la Novena repite las frases de la Salve, la castellana, la que el pueblo canta. La que, en aquellos años de noviciado, unió a la Virgen, mi corazón y mi alma.

Dios te Salve, Reina y Madre, de Misericordia. El pueblo entero te saluda con este saludo de Cielo. ¡El del Ángel! Dios te Salve. Saludo de Cielo y de gozo… y a veces también de miedos, de temblor, de llanto lleno. Saludo de súplica y de amor eterno. Dios te salve Santa, Dios te salve Reina, ¡Dios te Salve… Amparo!

Reina eres del Cielo y de la tierra aunque a veces no hacemos de nuestra vida tu reino, de nuestro corazón tu suelo porque nos equivocamos o nos acomodamos. Porque queremos que reines en nuestra vida entera. En nuestras tierras y en nuestra faena.

Y también eres Madre… Sé Madre de los que no la tenemos y de los que sí la tienen. Madre de los niños, los matrimonios y los ancianos, de los vivos y de los difuntos. Madre de tantos, de los que no vienen de todos. Madre que quieres tanto que juntemos la Fe en ti y en los Sacramentos… El amor a ti y al fruto de tu seno.

Y de misericordia. Ten misericordia de nuestros pecados, de nuestros olvidos ten misericordia, de nuestros defectos ten misericordia… Y danos ojos de misericordia, oídos de misericordia, corazón de misericordia para ver, escuchar y amar como tú lo haces… Reina y Siempre Madre del Amparo.

Vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. Vida, Dios te salve: vengo de una boda y el Evangelio ha sido el de Nadie tiene amor más grande que el que da la vida POR SUS AMIGOS. Vivimos en una sociedad  que no da vida… Nuestros padres eran seis, siete, ocho hermanos… Y ahora dos… Pues por los que no pueden tener; que es duro ver llorar a quien no tiene. Y otros pueden, pero no quieren. Vida, Dios te salve. Ayuda a los que los pierden, a los que no los quieren… Y a los que los tienen pero con ellos no pueden. Vida de los que se desaniman… O de los que no pueden desanimarse porque les gustaría perder el ánima para irse al Cielo con ella. Ese señor que me lo contaba era mi padre. Vida para los que se quedaron sin ánimo, los ancianos, los solos….

Dulzura, Dios te salve. Esa sociedad que no hace bien, también lo condena… Nos burlamos del bien, como los que se burlan de los que van a comulgar, porque tienen envidia de lo bueno… Y lo bueno, nunca está mal. Porque dicen que son amigas del cura… Sí, sí lo son, y también de Ella. Del cura en la tierra pero el amor a Ella dura hasta el Cielo.

Esperanza nuestra, Dios te salve. Esperanza del Cielo y esperanza de la tierra. Es Ella la que está en el Cielo y nos espera. Esperanza de los que sufren, de los diferentes, de los que mienten y de los que dicen la verdad. Amén.

A ti llamamos los desterrados, hijos de Eva. Llamar hoy se utiliza para todo: avisar a alguien de algo, llamar por teléfono… Llamamos a la Virgen cuando el día se atasca, la semana cuesta o el mes pesa. Como cuando venís aquí, cuando venimos a pedir ayuda, quizás desde el rincón… Para que haya salud, termine un problema o se arregle la familia.

El pueblo cristiano también ha rezado: A ti clamamos los desterrados, el que clama ya sufre más. Clama por el problema que le ha aplastado, porque se ha roto la familia o porque ya salud no queda. No tengáis miedo a clamar, Ella os espera.

Desterrados somos todos, cuando una hija se casa, cuando se marcha, o cuando vuela al otro lado del charco. Hoy desterrados también seremos si nos olvidamos de la Madre del Cielo. Pedidle a Ella que nunca se olvide… El pueblo judío se fue al destierro… Cuando no quedó en Jerusalén piedra sobre piedra. Hoy hace un año que aterrizaba con mis padres en el aeropuerto de Tel-Aviv, y todos los judío cantaron al tocar tierra el himno de la paz, para acoger a todos los que éramos forasteros; y para celebrar una vez más la llegada a su prometida tierra. Acojamos a los que llegan. Hoy hemos leído las lecturas de Navidad. Hoy dormí en Belén donde había nacido el Príncipe de la Paz. ¡Que sepamos dar paz a todos los que llegan! Paz en casa, en la Hermandad, en la plaza, en la fiesta. Pidamos a la Virgen la paz. Y, por último, una súplica para que dejemos de ser hijos de Eva, y seamos hijos de María, con todo lo que suponga vencer de inclinación al pecado. Así sea+

A ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.

Suspirar, gemir y llorar es algo que se hace muy a menudo. Pero hay que intentar hacerlo cerca de aquí, de la ermita, viniendo o con el pensamiento. Hay personas que suspiran o gimen porque han perdido a Jesús, como San José y la Virgen … Y algunos lo pierden entre los sacerdotes, como ocurrió en el Templo. En el Seminario nos decían que cuando un chico es tonto y recibe la Ordenación se convierte en un cura tonto. Y eso pasa con el antipático, el enfadoso y cualquier otro. A veces, no recibimos lo que esperamos del sacerdote (oiga, qué le vamos a hacer…) No podemos echarlo, o lo echamos por canalla porque se llevó dinero del Banco Vaticano. Pero es un ladrón y nada más. No quiere decir que todos los banqueros sean ladrones, ni que en el Vaticano sean todos canallas.

Gimiendo no salen las palabras… Pero a veces hay que pedir ayuda, y para ayudar, no hace falta que descarrile un tren y hagamos una fiesta porque somos solidarios. Podemos ayudarnos sin ningún desastre. No pasa nada. Es buena  señal que nos ayudemos. Si suspiran por culpa nuestra, los sacerdotes, suspiren ante la Virgen y recen por nosotros.

Y llorando en este Valle de Lágrimas: hay muchos tipos de lágrimas. De cocodrilo, las peores, porque sólo se arrojan para conseguir algo. A veces nos quejamos de más. Ustedes no se quejaban después de la guerra y, ¡ahora estamos quejándonos todo el día! Lágrimas de perdón, de alegría, de emoción, de rabia, de impotencia, de todo un poco. Pidamos a la Virgen que sepamos llorar, que no pasa nada. Y que Ella, que sabe el por qué de cada lágrima… haga que brote una súplica y procure que la fuente ya no se seque.

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