Dios te Salve, Madre de Misericordia II

Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. No les han dicho nunca, que porque somos de Cuenca decimos: EA! Pues la Salve lo dice, lo dicen todos los españoles, pero ellos no saben lo que quiere decir. Ea quiere decir tantas cosas. Quiere decir conformidad, ea, Señora… ¡lo que Dios quiera! Quiere decir ánimo… pues podemos decirle ea camino del Calvario, en una procesión o un eaaaa de pedirle ayuda. También hay un ea de no saber qué decir… No les ha pasado nunca que no sabemos cómo rezar y decimos: ea!, Señora, sabe mejor que yo lo que necesito.

Abogada nuestra viene de maravilla porque hoy es la Misa por los difuntos y rogamos que sea abogada de ellos y nuestra. Y el abogado defiende siempre, aunque no tenga razón el otro. Es su función: defender. Pues que la Virgen nos defienda en la hora de nuestra muerte… Como defendió al que lloró en la puerta del Cielo por él, ya que había sido su devoto, pero no le daba la balanza de obras buenas, y las lágrimas de María Virgen decantaron el plato para poder entrar con Ella, porque nadie que ama a la Virgen se condena. Que Ella nos ampare en la hora de nuestra muerte: Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía, Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos… Hay que pedirle que volvamos ligeros a su manto. Y también entre nosotros, que sepamos volver los ojos al que lo necesita o echarle una mano… quizás donde menos nos pensamos, necesitamos volver los ojos: porque nos pasa como Atila que dejamos muertos a nuestro paso y no vuelve a crecer la hierba verde. Que podamos, volviendo, cerrar el libro de nuestros disgustos, del que nos necesite, de aquél que ves que no entra… Familia, vecino, amigo: vuélvete y ¡échale una mano!

Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre

Voy a empezar con dos estampas familiares porque hoy hace cuarenta y un años que se casaron mis padres y ofrezco la Misa por aquellas personas que en este pueblo me han ayudado a que fuera fácil lo que es difícil.

Me fui de casa un quince de septiembre para coger el autobús del colegio y recuerdo con pena a mi madre en la puerta. Sabía que no iba a volver. La marcha de casa y la marcha al seminario fueron dos desgarrones pero que ya no me cuesta recordarlos más que con una sonrisa. Desplazarse para ellos fue duro, y para mí también; y en esta separación me tocará volver; aunque sí que les aseguro que sin ser párroco de Santa María, no podría estar diciendo esto y dando las gracias a los que han marchado, y quiero dar las gracias a todas las personas que con los trocitos de su corazón y de su tiempo se han fundido con el mío para curar un corazón de sacerdote que estaba roto.

Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, y tiene que llegar a tiempo para no confundir. Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre; Jesús es el que nos dice que avancemos en la cuestión de vender la puerta. Por eso esta vida es destierro y Jesús es el fruto bendito del seno de la Virgen del Amaparo.

Separa a Jesús de la Virgen, a Dios de los siete Sacramentos, a Biblia, a Sacramentos, a la Tradición; eso es del diablo. Que nadie nos separe, que nadie nos los separe, es muy importante. Unidos en la misma iglesia, todo el pueblo bajo el himno a la Virgen, llegamos a el único destino que es Cristo, en el Cielo, en la hermandad verdadera e irrompible: la del Bautismo. Que así sea.

            Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María

            Hoy debería dirigirme a cada uno por vuestros nombres, como si estuviéramos solos la Virgen, usted y el Padre… o mejor, sin mí. Y poder decirte tu nombre, como hago cuando vienen a comulgar, aunque como cada semana comulgan cuatro más, pues se me olvida alguno.

Y deberíamos empezar diciendo: querido Antonio Beltrán, querido Jesús Patiño, Eduardo, Miguel, querida Conchi, Melgue uno, melgue dos, Beatriz… Todos y cada uno pero para él solo. Que sea clementísima quiere decir que derrocha favores por todos lados. En París, la única niña que tocó a la Virgen cuando se le apareció, Catalina, le preguntó: ¿Por qué no salen rayos de algunos de los anillos de los dedos de tu nene? Ella contestó: son gracias y favores que tengo para mis hijos pero que nadie me pide. Y yo te digo a ti: que esos sean tus anillos.

Es piadosa porque está unida a Dios y nos ha de hacer piadosos. Muchas veces me han preguntado: ¿es egoísmo pedir para uno mismo? Pero creo que no, como una hija le pide a su madre. A veces se retrasa dar de comer a los niños; mi madre me decía que le gustaba mucho llorar porque tenía la boca muy grande.

Algunos no rezan porque no tienen Fe, o porque no saben, aunque luego saben hablar…. Porque no tienen tiempo. Pidamos a la Virgen inyección de Fe y de tiempo para él. Y es dulcísima… Sinónimo de suave. Debemos ser suaves con Padres, hermanos, amigos y vecinos. Ella nos lo concederá. ¡Qué alegría!

A la noche siguiente, la Patrona sube hacia el convento, antiguamente de los Trinitarios, para por la mañana, entrar solemnemente en el pueblo. El día 8 de septiembre, todo es fiesta. Llegan de cualquier parte de España, aquellos que dejaron casa y tierras, en busca de un provenir sin miedos. Y vienen a darle gracias, con los de cada día, los del crudo invierno, para que no deje a ninguno fuera de su manto… para que no lo mate, ni la soledad, el desamparo, ni el frío.

¡VIVA LA VIRGEN DEL AMPARO!

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