Primer grado de la soberbia

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     San Bernardo, en su tratado “de los grados de la soberbia” pone como primer grado LA CURIOSIDAD. Es realmente interesante meditar, tanto dentro de la vida religiosa como fuera de ella estas palabras: El alma, a medida que cesa de reflexionar sobre sí misma por su negligencia, se hace curiosa en los negocios de otros.

     Cuando estamos más pendientes de lo que hacen los demás que de nosotros mismos podemos poner en peligro el bien que Dios quiera hacer a través nuestro, o a través de otros. Dentro de las comunidades religiosas, sobre todo pequeñas, puede ocurrir que las monjas, los frailes, los seminaristas, dejen de preocuparse de su obligación, y empiecen a interesarse de más de lo que los demás tienen encomendado; de forma que, bajo capa de bien, o de corrección fraterna, impiden el buen uso de la libertad y la obediencia a los que ya tienen clara su misión concreta.

     Suele ocurrir que, en el falso ejercicio de la caridad fraterna, van antes a comunicar al superior o superiora lo que a ellos les parece, con una visión sesgada de la realidad, que a decírselo al interesado como nos recomienda el Evangelio de San Mateo (18,15)“Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano”. Es tan sencillo tener la nobleza de preguntar lo que no entiendo, la sencillez de intentar, como dice San Ignacio en los Ejercicios, “salvar la proposición del contrario”. Sucede que antes se comenta en corrillos, se pregunta, se llama, que hablar con la persona interesada, que no ha estado presente para defenderse; la persona que muchas veces ni sabe de lo que se está hablando ni por qué.

     Decía el Padre Alba, fundador de mi Instituto que, en ocasiones, podríamos llegar a la falta grave, sin darnos cuenta, por criticar a los demás; cuánto más si se trata de un hermano. San Juan de la Cruz, en una larga recomendación a los novicios que podemos aplicarnos todos, consagrados y laicos, cristianos y menos cercanos, y que les adjunto entera por su innegable interés, así como por el bien que me hizo siendo más joven, dice lo siguiente:

Cerrar los ojos resueltamente a todo lo que pasa a vuestro alrededor en el monasterio mismo. Es un juego peligroso para quien no tiene cargo, el constituirse en censor o solamente espectador de la lucha que sus hermanos en religión hacen contra el hombre viejo. No estáis en disposición de juzgar el mal, ignoráis lo que Dios pide a vuestro hermano, entonces cerrad sobre él los ojos; es el remedio mayor para no juzgar mal. […] Aunque vivas entre ángeles te parecerá muchas cosas no bien, por no entender tú las sustancia de ellas. Aunque vivas entre demonios quiere Dios que de tal manera vivas entre ellos, que ni vuelvas la cabeza de pensamiento a sus cosas, sino que las dejes totalmente, procurando tú, traer tu alma pura y entera en Dios, sin que un pensamiento de eso ni de eso otro te estorbe. A este precio, y solamente a este precio, se logra la paz del alma y de la comunidad. A este precio se alcanza la verdadera caridad fraterna que busca dar, no recibir; excusar, no juzgar, ayudar a los que escalan penosamente el sendero, porque bajo las apariencias más diversas son semejantes para todos las luchas y las dificultades, las miserias y la impotencia. 

     Creo que es un texto a considerar y a poner en práctica. El estudio de numerosas Constituciones y el conocimiento de muchos problemas en la vida consagrada en los últimos años, que han sido de dominio público, debido a los medios de comunicación, me hace pensar que, en parte, puede deberse a esta causa, no siempre tenida en cuenta y de consecuencias deplorables. Recoger los trozos de los que se rompen a causa de este problema es tarea ardua y difícil que, muchas veces, podría haberse evitado.

     El que crea que en esto no tiene nada que corregir, quizás sea uno de los que el Papa dice que debe llevar cuidado si no se reconoce pecador. Me parece que puede aplicarse también a esto, empezando por mí. Dios les bendiga mucho.

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2 comentarios sobre “Primer grado de la soberbia

  1. Reblogueó esto en Se llenaron de inmensa alegríay comentado:

    El Derecho Canónico no puede estar al margen de nuestra vida como cristianos, ni mucho menos nosotros por encima. Lo que está claro es que quien juzga sin saber o sin entender hace daño y se hace daño…
    ¡Cuidado! En otras palabras, salvar la proposición del contrario, como decía San Ignacio, o lo de toda la vida: METETE EN TU VIDA

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