Hijo: Todo lo mío es tuyo

“Hijo, todo lo mío es tuyo” Tantas veces le he oído a mi padre decirnos eso. Tantas veces dijo que el que necesitara algo que lo cogiera. Para cromos, para comprarle algo a mamá, para una excursión (si no era muy lejos), hasta que ahora vive mi hermano en la casa de mi padre, o vive mi padre en la casa de mi hermano, porque, en realidad, la casa no es de ninguno de los tres. Ni de Ignacio, ni de papá, ni de Martí… porque aún no ha llegado. Pero siempre la he considerado mi casa. Ahora también.

Vivir eso es un regalo del Cielo, como el noviciado en Sentmenat, que también es mi casa, o la casa parroquial del pueblo, que tampoco es mía pero sí que es mía. Son cosas del ciento por uno. Entonces, al hermano del hijo pródigo ¿qué le pasa? Por aquí diríamos que está tonto, aunque su padre lo trata con más cariño. Vamos por partes.

Le puede pasar aquello que es común entre nosotros. No sé si en España o en la especie humana. Tú le dices a alguien que es listo, en el colegio, por ejemplo, y el de al lado dice: “¿Y yo qué, soy tonto?”. Le dices a alguien, ¡qué guapa que es tu madre!, y el de al lado dice: “Y la mía un esperpento, claro”. Alabar a alguien no implica despreciar al de al lado. Eso lo produce la envidia, o la simpleza, y hay que evitar que nos pase. El padre da un banquete para el hijo que ha vuelto, pero eso no quiere decir que no quiera al hijo que nunca se fue, ni a su mujer, ni a sus trabajadores. Se le podría haber dicho como dice Jesús en otro momento del evangelio: “Tienes envidia porque soy bueno, toma lo tuyo y vete”. Cuidado que esto pasa a quien menos te esperas.

El hermano del pródigo hace varias cosas mal. La primera es que no está con su padre, ni quiere entrar en la casa. Viene del campo porque él trabaja mucho. Pero no lo hace por amor, trabaja a desgana… “en tantos años trabajando contigo nunca he desobedecido una orden tuya”. Cuidado con esto. La obediencia no puede ser como un resorte. Si el corazón no obedece, si solamente obedeces de obra, sirve de poco. Pero debe obedecer también la cabeza, si no es así, somos autómatas. Hay que saber lo qué se está obedeciendo, por qué y para qué. Y más si es a tu padre. ¿Para que trabajabas? Para el ternero cebado. Te has confundido. La obediencia no es buena por sí misma, sino porque imita a Cristo obediente al Padre, obedecer por obedecer puede ser voluntarismo pelagiano, puede ser hipocresía, puede ser comodidad. Hago lo que me dicen y así evito responsabilidad. No hay que preparar el camino a los hijos, sino a los hijos para el camino. Llega un día en que hay que aplicar lo que el padre te ha enseñado, y hacerlo, pero solo, por ti mismo. Este hijo seguía a remolque, porque era más cómodo. Cuidado con la comodidad disfrazada de obediencia. “No me lo mandan, no hago nada”.

Cuando uno habla tan seguro de la obediencia, puede ser que sólo esté obedeciendo en lo que le convenga. Porque no ama. Este hijo no obedecía, ejecutaba. Porque la obediencia engendra amor. Se parecía al fariseo del primer banco: “Te doy gracias, Señor, porque no soy como ese publicano”. Estaba muy ufano de su hacer. Conozco tantas personas ufanas con lo bien que hacen las cosas que, de repente, todo se viene abajo, y cambian. Muchos que obedecían al Papa anterior y se quejaban de los “desobedientes” ahora dicen que este se equivoca. Son como el hermano del pródigo. De los que viven “sin desobedecer nunca una orden” siempre que les guste lo que les mandan. Como decía San Pablo el domingo pasado: “El que esté seguro, cuide no caiga”, que más vale volver con el hijo pródigo que quedarse fuera con su hermano, de tan seguro de sí mismo que estaba.

Deberías alegrarte, le dice. Ay, que lastre tan grande tenemos cuando en lugar de disfrutar con el bien que reciben los demás, o con el bien que hacen los demás, nos disgustamos. Por el motivo que sea, con capa de bien, nos molesta lo bueno en los demás. Ya se lo dice el padre. Hoy nos lo dice a nosotros: “De tantas cosas, hijo, deberías alegrarte”. La peor envidia no le hace disfrutar del bien del hermano que regresa. Siempre la envidia que, como las patatas, cuando empiezan a brotar, ya hay patatas en ese campo para muchos años. Cuidado con la envidia, de nuevo.

Y, por último, la exigencia. “Nunca me has matado un ternero cebado”. Cuánto sabemos de lo que tendrían que hacer los demás. Cuanto sabemos de la paja en el ojo ajeno. Pero, ¿tú tienes que decirle a tu padre lo que debe hacer? ¿a tu obispo? ¿pero quién te crees tú? Para exigir siempre estamos a tiempo. Podría haberle dicho tantas cosas. “Padre, ¿voy llamando a los músicos? ¿quiere que ponga más mesas? ¿necesita que haga algo más? Se limitó a exigir. ¡Cuántas veces le exigimos a Dios! ¡O a los padres! ¡O a los superiores! ¡O a los maestros! ¿Y nuestras obligaciones?

Y el padre no se le enfada, pero le podría haber dicho que por qué no se  interesó más por su hermano, que por qué no fue a buscarle, que por qué… en fin. Pero sólo le dijo: “deberías alegrarte”. Hoy les digo a todos. Alégrense por lo bueno que pasa a su alrededor. Dejemos de ver lo malo de mi hermano. Dejemos de ver el mal en el bien. Tengamos cuidado con exigir, aunque sea nuestro derecho, si quieres a tu padre, a tu obispo, no exijas. Tengamos cuidado de no ser el hermano del pródigo, procuremos volver. Porque hay más alegría en dar que en recibir.

 

Artículo relacionado: Domingo del Buen Pastor

 

 

Anuncios

4 comentarios sobre “Hijo: Todo lo mío es tuyo

  1. Gracias . gracias y mil gracias. …le pido a Dios que yo tenga Amor VERDADERO.especialmente con mi esposa y tu no dejes de esctibir porque no sabes el bien que me haces….que Dios te lo pague.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s