Como la vida, nos juntó la muerte

     Hay personas que Dios pone en tu camino, no se sabe muy bien cómo, pero se sabe para qué. La amistad, esa de la que dice la Biblia: “quien encuentra un amigo encuentra un tesoro”, va fraguándose a lo largo de acontecimientos, circunstancias, empeño, tiempo y oración. 12814394_10154028192174337_8506925001868691602_n

     Aún no había cumplido los ocho años y en una gran aula con pocos alumnos de mi curso, conocí a Francesc. Hablaba poco, venía de un pueblo que no conocía y empezó a destacar pronto por sus dibujos, su letra y la pulcritud en sus deberes. Pasaron los años y éramos buenos compañeros de clase. Venía gente, se marchaba, el curso se iba haciendo grande. Primero compartimos aula con otros cursos y después fuimos tantos que se hicieron dos líneas.

   En primero de BUP llegaron unas chicas de Parets del Vallés, muy amigas, muy simpáticas, las recuerdo siempre juntas. La verdad, no me daba mucha cuenta de las cosas pero Francesc y una de ellas, Inma Ferreras, hablaban bastante. Hoy estaban muy contentos, mañana estaban serios… De repente, un día, en una de las aulas, me dijeron: “Antonio María, nosotros somos novios, tú serás sacerdotes y cuando puedas, nos casas tú”. Y les dije que por supuesto.

      Pasaron los años, empezamos todos las carreras, él fue el mejor de su promoción en ingenieros de Manresa, aunque le habían dicho que no servía para estudiar; pasó a la politécnica, y ha acabado montando turbinas para centrales eléctricas en todo el mundo (Noruega la última vez): El que la sigue la consigue. Y llegó el día de la llamada. “Domenech, ¡cuánto te queda para ser sacerdote! Aibó. Tres años. Imposible, date prisa que nos casamos el año que viene”. Fui a hablar con el jefe de estudios, me matriculé de dos cursos a la vez y llegué a tiempo a asistir a su Matrimonio como diácono. Después he bautizado a sus hijos y nos vemos a menudo.

     Este fin de semana, lo hemos pasado juntos en las parroquias. Misa por aquí, obras por allá, un consejo, una broma, dos fotos, muchos recuerdos… Sin embargo, quizás lo que marcará para siempre nuestras vidas fue algo que voy a contarles ahora mismo. En casa todos sabían quien era Francesc Rodríguez Carmona. Había sido adorador nocturno, lo conocían de las fotos, de lo que yo contaba, su padre había aportado, junto con el mío y otros muchos, dinero para comprar la finca a los salesianos, donde estaba el Colegio… En fin, como uno de casa.

     Era poco después del mediodía del 20 de enero de 2013. Sonó el teléfono, y no sé por qué lo cogí. Era raro que llamará él: “Domenech, ¿dónde estás?” En Barcelona, hace unos minutos que ha muerto mi madre. “Vaya, perdona, lo siento mucho”. “Tranquilo, ¿qué te pasa?” “Que se está muriendo la mía y quiero que vengas a verla”. “Claro. Ven a buscarme. Aquí ya no tengo nada que hacer”.

    María todavía habló conmigo, le puede confesar, le di la Unción de enfermos, me conoció perfectamente, comimos algo y volví a casa. Aquella tarde, Francesc, Inma, Raquel y Olga (las otras dos chicas de Parets) Daniel Estévez, Mireia, María Gracias vinieron al tanatorio de Pompas Fúnebres de Barcelona. Enterré a mi madre, comí con la familia y volvió a llamar Francesc. “Domenech, mamá ha muerto”. Y volvimos a otro tanatorio los mismos compañeros de clase, los mismos profesores. La enterré al día siguiente, me acompañaron mis hermanos. Creo que no lo olvidaré nunca. Como nos había juntado la vida, nos juntó la muerte. La muerte de nuestras madres. Los sacramentos de sus hijos, la amistad de aquellas chicas…

     Solamente deciros que gracias por cada kilómetro que habéis hecho para llegar hasta aquí. Gracias por abrir las puertas de vuestra casa cada vez que nos hemos visto, desde que bendijimos el solar, hasta ahora que ya se termina. Cuando necesitéis algo, ya sabéis dónde vivo. Siempre lo habéis sabido.

     Francesc, como os decía al marchar: “No hace falta que la próxima llamada sea para algo tan importante”. No molesta quién me llama. Molesta vodafone, iberdrola, hacienda; pero vosotros no. Un amigo nunca molesta, y menos si eres tú. Dios os acompañe en vuestra andadura, en vuestras decisiones, a vuestras familias. Sabed que, si la vida se hace dura, aquí en Castilla, ofrece cada paso por cada uno, por cada una, éste que lo es: VUESTRO CURA. Mi bendición+

    Os quiere con locura: Antonio María

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3 comentarios sobre “Como la vida, nos juntó la muerte

  1. El padre Antonio María siempre realiza una encuesta después de visitarlo. El fin de la misma, entiendo, y conociéndolo tan solo un poco, que es con clara intención, mejorar su día a día para poder ofrecer lo mejor de sí a los demás. En respuesta a la pregunta, que fue lo mejor del fin de semana? rectifico mi respuesta: lo mejor del fin de semana es saber que lo mejor de ti queda para los demás, porque lo mejor de tener un tesoro, es saber que puede compartirse con el resto.

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    1. Bella y sencilla historia, el respeto, la honestidad y la amistad sinçera, son los valores humanos que perduran y quizás …puedan mover conceptos y formas, que están enquilosados en la más absoluta impertinencia social.
      Por cierto … Viví esta historia muy de cerca.
      F.r.g.

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