A la paz de Dios hermano

Hace ya tiempo. Era quince de agosto del año 2012, cuando llegué a este pueblo para decir la Misa de la Asunción y quedarme como párroco. Sólo tenía un problema. La casa no estaba para vivir. Yo me quería ir a Tierra Santa con mis padres, porque no habían podido ir cuando nací estando apuntados e intuía que sólo podríamos ir en esa ocasión.

Billetes comprados, seguía de párroco en Santa María del Campo Rus también hasta que llegara D. Isidro. La cosa se complica. No tenía ningún teléfono y vi la furgoneta de Vicente. Memoricé los números porque iba conduciendo y le llamé al llegar a Alcázar. ¿Fontanero? Entra en casa. Arreglala toda. No hay dinero, hay mucha prisa y haz lo que quieras.

Al cabo de dos días me llamó él: “a la paz de Dios hermano -me dijo- hay que limpiar. ¿Quiere que llame a mis hermanas?” Aquello fue un mes intenso de quitar historia. Azulejos, enchufes… Ayudábamos muchos. A veces ellas solas. A veces más personas. Amparo y Vicenta hicieron posible mi entrada en la casa. Amparo y Vicenta estaban con Cándido cuando fui a despedirme. Amparo y Vicenta se quedan aquí, ahora, recordando (como sus hermanos) la vida de papá. La dureza de quien debe emigrar.

Y es que ha sido tan dura la vida de Cándido, que ha estado fuera hasta el párroco el día de su muerte. Sois muchos. Vivís lejos. Viajar mucho pero manteneos unidos. Aunque falten los padres, un hermano está siempre. Pero para que esté, hay que hacerlo estar. No os olvidéis nunca. El recuerdo de vuestra Formentera de la infancia os sirva para que las enseñanzas y los ejemplos se hagan vida. Sed con vuestros hijos como papá.

La acción de gracias a Dios por el deber cumplido, la validez del sufrimiento como purificación de lo que hemos hecho mal, así como la súplica para papá de la vida eterna, nos pueden hacer comprender qué hacemos todos en la Iglesia al rezar por él y recordarle.

Me gustaría que me hablarais de papá. De su trabajo, de su fortaleza, de su cariño para ti, Amparo querida, ¡tanto te quiso padre! Si fuera profesor os pediría una redacción de quien fue para cada uno vuestro padre. Imitadle en lo que recordéis, hablaos de él, pedid la Fe para todos… Y si tenéis un rato, pensad en el momento en que Dios nos llame a nosotros.

¿Cómo me he portado con papá? ¿Qué tal estoy con Dios hoy, y ayer, y mañana? Desde la distancia, en nombre de mi sobrino Martín, que será bautizado enseguida, os doy las gracias por vuestra comprensión de no haber podido asistir. Rezo por vosotros, y espero un abrazo de cada uno a nuestras vueltas… Cuando Dios quiera.

Ahora, en este tiempo de Pascua, Cándido espera la resurrección, y nosotros valorar lo que papá ha sufrido para seguir aquí más tiempo. ¡Ánimo hermanos! Decidle hasta el Cielo y que la Virgen del Amparo nos acompañe a cada uno ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén+

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