Domingo del Buen Pastor

Buen Pastor

     Cuando tenía cinco años, en una Biblia del niño que había en mi casa vi esta imagen. Pensé enseguida que sería el recordatorio de mi Ordenación Sacerdotal y, si era posible, estaría bordado en mi casulla. Aquel libro se perdió y nunca más volví a ver la estampa. La Providencia me llevó, mientras estudiaba Teología en el Seminario Mater Dei de Castellón a casa de unos amigos de toda la vida. Las hijas de la casa de los López Rodríguez de Castellón tenían aquella Biblia, y como iba a menudo, cogí uno de sus libros. Quedaban para mi Ordenación nueve meses y allí, sin buscarla, me encontré la misma Biblia del niño. Muchas más cosas en común tiene ese matrimonio con mis padres, hasta el punto de que a su madre, ya entonces la llamaba mamá. Les pedí permiso, cogí el libro, le hice fotocopias en color y aquí está bordada.

    Desde entonces la fecha del Buen Pastor la celebro con gran alegría. Las parábolas de la misericordia son claves en el ministerio sacerdotal (Hijo: Todo lo mío es tuyo). En el recordatorio, Jaime Caro y yo escribimos: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Desde entonces, la Eucaristía, que en la casulla estaba representada por las espigas de trigo y las uvas, los amigos, que siguen presentes allá donde vaya y se llevan en el corazón los que están lejos, y el Buen Pastor, han formado una única realidad llevada con ilusión al revestirme cada día con esa o cualquier casulla.

     En el día de hoy quisiera compartir una canción que repite la letra hermosa de un poema de D. Luis de Góngora. Lleva por título “Oveja perdida, ven”. Las reflexiones sobre esta realidad son innumerables. Jesús es pastor de las cien ovejas, no de las noventa y nueve solamente. A mí me gustaba esa imagen porque la oveja perdida estaba entre zarzas. Era difícil de recoger. Podía estar herida y debía tenerse en cuenta que cuando un animal está herido también ataca a quien quiere ayudarlo.

     Jesús deja en la Cruz la vida por ir a buscar, incluso, a quien no quiere seguirle. A quien le ataca y le envidia. Jesús busca al que se pierde y a quien nadie quiere. Jesús conoce a todas y cada una de sus ovejas, como los pastores de esta tierra. Sabe la que está enferma, la que debe comer menos, o estar aparte. Jesús cuida más a unas que a otras, según el momento o la circunstancia.

     Pero sobre todo, Jesús sale en busca de la que se ha perdido, dejándolo todo. Muchas veces no entendemos las actitudes de quienes van detrás de las perdidas. Ni teniendo ante los ojos una y otra vez esta parábola de Jesús, entendemos al Papa cuando evangeliza entre quienes nadie lo hace. Pero no hace falta irse tan lejos, a nuestro lado, nos extraña ver a un sacerdote en un bar, o hablando con un indigente. Como si no tuvieran derecho a conversar.

    El Papa Francisco nos advertía que no nos dedicáramos a peinar ovejas; podríamos resumir esta actitud como aquella que sólo se dedica unos pocos porque es más fácil peinar a las que tenemos en casa, que ir en busca de otras. Muchos podemos caer en ello. ¿Por qué invitar a los que no vienen a Misa? Ya vendrán voluntariamente. ¿Por qué ir a buscar a los que venían y dejaron de hacerlo? Es complicado mirarse a uno mismo y ver qué podemos mejorar para no ser obstáculo en el trato de los demás con el Señor. Es síntoma de humildad empezar por uno mismo a escuchar lo que los demás advierten.

     En segundo lugar, también nos dijo el Papa que debíamos “oler a oveja”. Se ha dicho tanto y se hace tan poco. Dicen que este Santo Padre habla bonito pero nadie le hace caso. Salir a las periferias significa pasar tiempo con las personas que tienen otra vida distinta a la nuestra, otras ideas distintas a las nuestras. Evangelizar significa llevar la buena noticia a quien no la tiene. Si no nos hacemos altavoces de Jesús, tendrán que gritar las piedras. Explicar lo que todos sabemos a los que ya lo aceptan puede ser una manera de peinar ovejas, por miedos absurdos a oler a oveja. Aquello de “una iglesia enferma por aferrarse al encierro y la comodidad de sus propias seguridades”.

    Sin embargo, quisiera destacar que Jesús no solamente es pastor sino también es pasto. No sólo tu Pastor soy, sino tu pasto también. Pasto al fin yo tuyo hecho, ¿cuál dará mayor asombro, el traerte yo en el hombro o traerme tú en el pecho? Prendas son de amor estrecho que aun los más ciegos las ven. Es hermoso considerar que se nos da como comida para que podamos seguirle como pastor. Llevar a Jesús en nuestro interior, hablar con él, contarle nuestras cuitas y considerarlo como el principal alimento de nuestra alma, es lo que debemos tratar de enseñar con nuestra palabra y ejemplo a los niños de nuestras familias, ahora que se acercan las primeras comuniones.

    Este fin de semana, juntos en la Virgen de Rus, intentarán acercarse más a todo ello. Intentarán, los niños con D. César y D. José Antonio, D. Abel, servidor y los demás, que sea una realidad la preparación para este momento tan especial, que como decía Napoleón había sido el más importante de su vida. Así mismo, otros muchachos participarán en el encuentro de monaguillos de la Diócesis. Recemos por nuestros niños. Ellos son el futuro de la parroquia y la Fe en el pueblo.

    Jesús ven a mi corazón. Prepara cada día nuestro encuentro contigo. Alma de Cristo, santifícame; cuerpo de Cristo, sálvame; sangre de Cristo, embriágame; agua del costado de Cristo, lávame… confórtame, óyeme… en la hora de mi muerte, llámame. Amén.

    Les dejo el enlace de la hermosa canción por si les ayuda a rezar. Háganlo por mí.

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