La Alegría del Amor

francisco-y-los-matrimonios  A lo largo de estos meses, he podido ir escribiendo anécdotas y homilías que algunas personas se han tomado como algo personal. Es importante tener en cuenta que el jesuita Alonso Rodríguez en su libro Ejercicio de Perfección y Virtudes cristianas advierte de que los textos, palabras y sermones que se dicen en público, no deben ir dirigidos a nadie en concreto. Es decir, ni es bueno pensar que “esto no va conmigo” ni tampoco “seguro que lo dice por mí”. Sencillamente se transmiten cosas que se han aprendido por si son de provecho para alguien.

    Dicho esto, he recordado esta mañana, mientras escribía a los matrimonios que he casado en la Mancha, aquellos encuentros que pudimos llevar a cabo en los tiempos que fui párroco de Almodóvar del Pinar. La llamada a la santidad en el Matrimonio.

     También he escrito algunos sobre la importancia de la mujer en la sociedad: La Dignidad de la Mujer, o algún otro sobre la importancia de acompañar a las familias en sus principios o en su problemas, siempre y cuando se admita dicho camino a recorrer juntos: Visitar a las familias.

    Leyendo la carta del Papa sobre “La Alegría del Amor” no he podido dejar de recordar lo que recientemente había publicado.

    En ningún momento he llegado a pretender resumir el provechoso texto del Santo Padre, sirvan estas líneas para animar a leerlo completo. Es especialmente alentador constatar como desciende a la realidad más concreta en todos sus aspectos, sin querer llegar a cada caso, pero sí iluminando y orientando en muchos aspectos.

    Esta “Exhortación Apostólica” es el fruto de los dos sínodos de la familia que han tenido lugar en Roma, de los que los periodistas se han hecho eco en los medios, pero es importante que lleguemos al texto expresamente. Por ese motivo quiero compartir, tras una lectura inicial aquellas frases que más útiles me han parecido para el momento en que vivimos, para la realidad de cada familia. La realidad es que la mujer está ante el hombre como madre, sujeto de la nueva vida humana que se concibe y se desarrolla en ella, y de ella nace al mundo. El debilitamiento de la presencia materna con sus cualidades femeninas es un riesgo grave para nuestra tierra. […] Su ser mujer implica también una misión peculiar en esta tierra, que la sociedad necesita proteger y preservar para bien de todos. Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral. Las madres transmiten también el sentido más profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que aprende un niño (173-174)

    Es interesante seguir leyendo al Papa: El individualismo de estos tiempos a veces lleva a encerrarse en un pequeño nido de seguridad y a sentir a los otros como un peligro molesto. Sin embargo, ese aislamiento no brinda más paz y felicidad, sino que cierra el corazón de la familia y la priva de la amplitud de la existencia (187). Puede ocurrir que nos creamos buenos apóstoles sin transmitir a nadie lo que hemos recibido, pero cuidado al transmitirlo porque escribe un poco antes (182): a veces sucede que algunas familias cristianas, por el lenguaje que usan, por el modo de decir las cosas, por el estilo de su trato, por la repetición constante de dos o tres temas, son vistas como lejanas, como separadas de la sociedad, y hasta sus propios parientes se sienten despreciados o juzgados por ellas. ¡Qué oportunas estas palabras para mí, en primer lugar! Si antes las hubiera leído… Aunque reconozco que llevo tiempo dándome cuenta que debía de cambiar mis modos, mi forma de acercarme a todos, mi yo, en una palabra. Cambiar mi propio yo es el primer fin de la conversión. Asemejarlo a Cristo en cada palabra, en cada gesto.

    Hablando de conversión dice el Papa que toda la iglesia necesita un proceso de conversión misionera: es necesario no quedarse en un anuncio meramente teórico y desvinculado de los problemas reales de las personas. Esta frase es de tan urgente aplicación que no hacerlo nos puede convertir en Yupienses, habitantes de los mundos de Yupi, que no existen, pero que nos podemos creer que vivimos allí. Ese mundo fantástico que está en nuestra mente como “el pienso, luego existo” de Descartes, puede ser un racionalismo religioso que nos haga olvidar cómo se pone una lavadora, dónde está un niño que se ha perdido o, también, que hay que ir a comprar porque si no, no cenamos esta noche. Vivir alejado de estos problemas reales nos puede alejar de la evangelización. A los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas actuales de las familias (201-202)Sería interesante reconocerlo. Es el primer paso, como hace el Papa, para solucionarlo. Quien no reconoce sus carencias, quien no tiene el don de ser consciente de la propia limitación, quien se piensa que todo lo hace bien, ni puede mejorar ni ayudar a mejorar a los demás. Dicho de otra manera: ¡Cómo las clava este Papa! Por eso a algunos no les gusta.

    Un punto interesante al que vengo dándole vueltas es el de la importancia de la libertad. ¿Cómo vamos a darle nuestra libertad a Dios si no somos libres? También a eso se refiere el Papa: El sentido del consentimiento muestra que libertad y fidelidad no se oponen, más bien se sostienen mutuamente, tanto en las relaciones personales, como en las sociales. El honor de la palabra dada, la fidelidad a la promesa, no se pueden comprar ni vender. No se pueden imponer por la fuerza, pero tampoco custodiar sin sacrificio (214). Esta realidad es clave en la vida matrimonial, en la religiosa, en la profesional. Una empresa funciona bien cuando la tomas como propia. Una persona es fiel cuando quiere serlo. Ama, cuando quiere querer. Libertad y fidelidad no se oponen. La libertad es fundamental para ser verdaderamente fiel.

    Nos quedan algunas palabras sobre la primera parte y sobre la cercanía en los momentos de crisis, por parte de la Iglesia; lo dejamos para más adelante.

    Para terminar me quedo con una bonita frase: hay que reconocer que tener un hermano, una hermana que te quiere, es una experiencia fuerte, impagable, insustituible (195)Dios les bendiga mucho a todos.

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