Sacerdos in aeternum: FELICIDADES PADRE

     El día 16 de mayo del año 2000, dos padres de la Sociedad Misionera de Cristo Rey, Ignacio Borrull y Javier Andrés comenzaban una misión en Perú, después de muchos años de formación en la escuela apostólica de Sentmenat. El próximo día 1, en la Iglesia de Santa María de Cristo Rey (cuyas iniciales coinciden con Santa María del Campo Rus), será ordenado sacerdote el Padre Nilton Bustamante. Desde estas líneas queremos decirle que le encomendaremos a nuestra patrona. Aquí en España, celebramos el día de la Madre, por ser el primer domingo del Mes de María. A la Virgen del Amparo, que esperamos puedas visitar pronto, te encomendaremos.

       El Sr. Obispo, en la Misa Crismal del día 19 de abril del año 2000 dijo a los padres que marchaban estas palabras que quiero compartir contigo, para que tú puedas vivirlas en nuestros pueblos de Cuenca como misionero también: Como manifestación de la universalidad de nuestra Iglesia; como signo de caridad y generosidad en este Año Jubilar, nuestro presbiterio, esta iglesia, pobPerú5re en medios pero muy rica en personas -que vale mucho más-, va a enviar a dos de sus sacerdotes: Ignacio Borrull Puigarnau y Javier Andrés Ferrer de la Sociedad Misionera de Cristo Rey a la Diócesis de Huancavelica en Perú. Hacemos este envío convencidos de que, quien da con generosidad, siempre recibe mucho más. De que su ausencia se llenará gracias a la generosidad de otros hermanos y que, conscientes todos de que cada vez somos menos sacerdotes, seremos capaces, en esta nuestra familia presbiteral, de duplicar nuestra entrega, si así es preciso, al servicio de nuestra Iglesia. Así se lo pedimos y confiamos a San Julián, Padre de esta iglesia, y desde su mismo sepulcro, Ignacio y Javier, os enviamos. 

    Es cierto que el trabajo ha aumentado, es cierto que tenemos que atender más pueblos en más kilómetros, es cierto que han pasado muchos años desde entonces, pero también, como decía D. Ramón, ha sido cierto que los sacerdotes se han dado con más entrega. No se puede negar que su ayuda se notará en lo que D. José María Yanguas le encomiende; prepárese para trabajar duro, muchas horas. Sigue siendo realidad aquello de San Francisco Javier en el Divino Impaciente: En cuantas almas se encierra, la semilla del creer, rebrotando a flor de tierra, con ansia de florecer. Si se trabaja responde todo el mundo, cada cual a su modo y según sus posibilidades. ¡Cuenca le espera, Padre, no se retarde!

    Queremos desde éste, nuestro pequeño pueblo, desearle que pase un día muy feliz en compañía de sus padres y hermanos. Felicite también a los otros padres, al Padre Miguel por su incansable trabajo, por su paciencia, y a todos los jóvenes que tuvimos la suerte de conocer juntos cuando fui a predicarles los Ejercicios Espirituales.

    En este tiempo, ha sido de gran consuelo recordar aquellas dos semanas que pasamos juntos. Aquella casa, aquella juventud entregada de los pueblecitos de Yanacoto, Santa María, Chacrasana… Ellos le extrañarán pero, como decía Mc Arthur, si Dios quiere, puede decirles: ¡VOLVERÉ!

    No voy a explicarle aquí lo que es ser sacerdote, lo que sí puedo decirle es que cuanto más se entregue a los demás, más feliz será, y cuanto más feliz sea más se parecerá a Jesús, que sembró de esperanza aquellos pueblos sencillos de Galilea y Judea. Salude a todos, a los mayores también, a los demás hermanos, españoles y peruanos, dígales que en el centro de la Mancha, donde el Quijote tuvo sus mayores desventuras, un sacerdote rural ruega por ellos y, a usted el primero, pide su oración y recuerdo ese día.

    Postrado en tierra, como el Viernes Santo, pídale al Señor no ser estorbo en la misión que quiere hacer Jesús a través de sus palabras, de los Sacramentos, de las obras de misericordia, y de cualquier paso que usted pueda dar donde se espere mayor gloria de Dios y bien de las almas, compartiendo con todos, el ánimo que recibimos de Dios. Pedimos también, para todos, la perseverancia, la ilusión y la alegría. Que las tres sean contagiosas.

    ¡FELICIDADES PADRE NILTON! Et in aeternum cantabo misericordias tuas, Domine. Un saludo emocionado, para terminar, a sus padres. Esos que dando un hijo al Señor recibirán cien veces más. Aquí le esperamos, cuente conmigo para lo que necesite y… sobre todo, como a usted le gusta decir siempre:

    ¡QUE VIVA CRISTO REY!

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