¿Cómo ayudo a mi párroco?

Estas líneas pueden servir a aquellos que, como mis feligreses de estos pueblos de la Mancha conquense, quieran colaborar ayudando a la Iglesia en la persona que debe ponerlos más cerca de Dios o, al menos, no ser un impedimento para su obra: el párroco. Agradecido por el ejemplo, consejo y ayuda de tantos, les recuerdo en mi oración.

Se llenaron de inmensa alegría

 

            En los últimos días se ha difundido la noticia de un sacerdote que ha consumido cocaína en una fiesta. En torno a eso mismo, muchas veces, he comentado con compañeros y con feligreses que los sacerdotes son como los aviones: cuando vuelan bien nadie habla de ellos, pero cuando caen son noticia.

¿Quién ayuda a los sacerdotes, no ya cuando caen, sino cuando empiezan a perder altura? Recuerdo una anécdota personal que puede ser iluminativa. Cierto día, a causa de una intoxicación tuve que llegar en ambulancia al hospital de Cuenca. Al cabo de un rato el médico me preguntó: ¿Tiene usted familia? Y le dije: No. ¿Usted ve la ropa que llevo? Ya, hombre -contestó- Me refiero a sus padres. Sí, claro. Mi madre muriéndose y mi padre bastante lejos. -Pues llámeles. Está usted muy grave. -Lo que hay que hacer es llamar a un sacerdote, entonces…

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