Santiago Apóstol, ruega por nosotros

IMG_20160428_164656IMG_20160428_165225IMG_20160428_164517    Parecía imposible, cuando comenzaba este mes, que pudiera terminarse de una forma tan curiosa. Por motivos que la Providencia conoce, aprovechando causas segundas, como le gusta hacer siempre a DioApótol Santiagos, he acabado abrazando al Apóstol, como he podido hacer siempre en los momentos importantes de mi vida sacerdotal, e incluso anterior.

   En realidad, la necesidad de haber tenido que rebuscar entre mis más de veinticinco mil fotos, cinco mil e-mails y casi mil cartas de puño y letra han permitido encontrar muchas cosas hermosas de mis años de noviciado, carreras y sacerdocio.

    Una de las cosas de la vida que más solidifica la amistad, que la hace perdurable y que no se puede olvidar, es la hermandad entre los peregrinos a Santiago en un Año Xacobeo, pero de 1000 km. Nada de Sarria, y la parte de Galicia; que está muy bien, pero no me refiero a eso. Tuve la suerte de hacerlo en tres ocasiones: en 1993, en 1999 y en el año 2004, una vez ordenado sacerdote. La primera vez le pedí al Apóstol que me admitieran en el noviciado dos años antes de lo previsto y así fue. La segunda le di gracias por ello y le pedí ser sacerdote en el siguiente Año Santo. Me quedaban muchas cosas por terminar y solamente quedaban cinco años. Mi padre me dijo que sería un milagro y le contesté: Cosas más grandes verás. 

    El Apóstol lo hizo posible. Quitaron el servicio militar obligatorio, estudié dos cursos en uno en el Seminario Mater Dei de Castellón, y me tocó darle gracias a Santiago en un Camino de mucho calor donde, ya enferma mi madre, le escribía todos los días que era posible. El recuerdo de aquellas cartas, cercano ya el día de la madre, me ha hecho hacer presentes aquellos momentos. Llevaba los sellos comprados y unos treinta euros en el bolsillo para poder ir al baño en los bares que fuéramos encontrando. En el primer pueblo que paramos, Tembleque, encontré uno magnífico. No es fácil ubicar por el campo la sotana, el baño, los pañuelos de papel… En fin, que al salir del bar, uno de los padres directores dijo que no fuéramos más a los bares, para fomentar el espíritu de sacrificio. Así que me fui a una casa en el siguiente pueblo y acabamos con unas tapas de melón con jamón con los que salieron a buscarme porque no volvía. Amistades de aquellos días todavía conservo.

    Pero vamos con el correo. Esas cartas escritas con ilusión buscando buzones pueblo tras pueblo. He querido reproducir el texto de algunas, sin el permiso de mis hermanos, que espero que no se enfaden mucho. Tembleque (Toledo) 19-VII-2004. Querida mamá, querido papá y muy querida Inmaculada. Siento que la primera carta de sacerdote esté en un estado tan precario. Os escribo para transmitir las primeras impresiones. Ignacio parece que va bien y está divertido. Por mi parte, contra todo pronóstico, estoy más fuerte de lo previsto. La espalda no molesta y la sotana tiene hasta ventajas. Lo peor del día de hoy ha sido el polvo. Como enfermero he abierto seis veces el botiquín y una vez de emergencia. La cosa está emocionante y se aprende mucho pero con alto riesgo. Que el Padre Alba me ayude. 

    El Barraco, 23-VII-2004. Hola a todos! Dice Antonio María que ha hemos pasado lo peor (escribe mi hermano José María) Es mentira, el sol es el mismo, el asfalto es el mismo, lo único que ha visto más árboles y ya se ha animado. Después de Ávila, quedará cruzar hasta Galicia y no creo que en ese terreno haya muchos árboles. Me acuerdo mucho de Lawrence de ArabiaEl ambiente es muy bueno. Ir cansado forma parte del encanto. 

    Y así Ávila, Ataquines, Castronuño, Zamora (46ºC a la sombra), Puebla de001 Sanabria… Buscando un momento para escribir, un bolígrafo que funcione y un buzón, que solía ser lo más difícil. Los últimos días los peregrinos me avisaban: “¡Padre, ahí tiene un buzón!”

    3-VIII-2004. Querida mamá: Estoy escribiéndote la que sí será la última carta de Santiago. Quizás llegue después del autobús pero no importa; así verás mis primeras impresiones. A Inmaculada le he podido dar un fuerte abrazo porque ya han llegado las chicas. El clima es más fresco y ha llovido un poquito… Así de sencillas eran las cartas. Ya muy enfermita, cuando revisábamos las cartas que tenía me explicaba la ilusión con que las recibía. Hay que decir que yo vivía fuera de casa desde los quince años. Me decía que algunos días llegaban dos a la vez y otras ninguna.

    Hay veces que cuesta muy poco hacer felices a los nuestros. El HONRARÁS PADRE Y MADRE del Sinaí no deberíamos olvidarlo nunca. Creo que es un aviso para todos que, por otra parte, tiene el tiempo limitado porque, de repente, se marchan. Espero no haberles cansado con estos recuerdos.

    Un saludo emocionado a toda mi familia, que no sabe que estoy aquí. Y muchos recuerdos del Santo Apóstol. Con vosotros he rezado tantas veces lo que hoy repito a sus plantas: Dios Todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia, y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos.

    Hoy, al Apóstol le pido, justo antes de pasar por la puerta de la #Misericordia, por todos los feligreses de estos años y de los que vendrán. Por los nuevos acontecimientos que van sucediéndose en mi vida misionera y jurídica, por todos y cada uno de los enfermos y por el eterno descanso de los difuntos que he enterrado, empezando por mamá. Gracias por tantas cosas Apóstol Santiago. Gracias por la vida, Madre; por tus ejemplos y consejos. Gracias por enseñarme el entusiasmo en lo más pequeño del apostolado y en lo más grande de la obligación diaria. ¡Te quiero mucho, mamá!

¡Santiago Apóstol, ruega por España y por mi sacerdocio!

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