Corazón de Madre

       ¿Qué M20140606_195306adre no sufre con el dolor de un hijo? Pero también goza con aquellas pequeñas cosas que llenan de alegría la mirada de sus hijos. Siempre nos emociona recordar hasta qué punto cualquier mamá tiene un dolor más grande que por sí misma por lo aquellos que pueda sufrir cualquiera de sus hijos. La Virgen Santísima también sufría mucho por su Hijo, aun sabiendo que era Dios. Ya se lo dijo el anciano Simeón. Y dice el Evangelio, cuando lo perdió en el Templo que María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Otros años hemos meditado en un día como hoy los sufrimientos de las madres, pero hoy querría que pensáramos en los gozos de una MADRE.

     Hoy, en éste tu pueblo de Santa María del Campo Rus, queremos llevarte nuestros gozos junto con las flores, para hacerte sonreír, Madre. Porque te queremos. O no te alegraste cuando viste que tu hijo, en Nazareth empezaba a leer, o te llenaste de inmensa alegría al ver cómo los Magos dejaban sus cofres y lo adoraban. También se llenó tu corazón con las primeras veces, y las segundas, y todas las que te ayudaría a preparar la comida, o a limpiar el patio. Las cosas sencillas de Jesús, esos detalles que tendría contigo, las conversaciones junto al hogar de leña, alegrarían tu corazón.

      Creo que, en muchas ocasiones, pensamos aquello que hace sufrir a los demás, nos examinamos de lo que hacemos mal, pero también deberíamos recordar aquello que hemos hecho bien a lo largo del día, aunque sea para dar gracias a la Virgen Santísima, por haber puesto su mano junto a nosotros en cada momento. Dar gracias a Cristo por haber podido hacer sonreír a su Madre con cosas muy sencillas, pero que a una madre le llenan de gozo.IMG_20160501_131431

       Le llenan de gozo a las madres, a todas las madres del mundo, los momentos en los que es consciente que en su seno hay una nueva vida, ¿o no os acordáis? aunque a veces parece que se viene encima de golpe. De inmensa alegría arde el corazón cuando el niño reza su primera Avemaría porque tú, MADRE, le enseñaste a hablar con la Virgen, porque tú la traías a la ermita, un día, otro día… cada día. El corazón de madre palpita entusiasmado cuando dice por primera vez mamá, cuando te empieza ayudar, cuando te echa de menos, cuando es dama, cuando es reina. El otro día, cuando corrimos contra el cáncer, volabais las madres porque vuestros pequeños hijos, algunos mucho, casi corrían por primera vez. ¿No es hermoso que los hijos vayan dando pasos que demuestran que se hacen mayores? Pero, sobre todo, os llena de alegría que os cuenten las cosas… Incluso cuando se casan, que os llamen por teléfono, aunque  estén lejos, y os digan si un nieto ha hecho un examen o si lo lleváis a inglés. Por supuesto, cuando los llevasteis a bautizar, cuando hacen la Comunión, y si no, ya lo veréis pronto, cuando se casan, cuando cualquier cosa del hijo hace gozar a la madre.

     De igual manera, a la Madre del Cielo, a nuestra patrona, la Virgen del Amparo, la podemos llenar de alegría en muchas ocasiones. No dejemos de hacerlo. Como cuando se rezaba el ángelus en el campo, levantad, de vez en cuando, el corazón al Cielo, y ofreced alguna oración, algún canto, o sencillamente, el pensamiento, para que Ella también sonría, como lo hacía el corazón de mi madre, el de la tuya, aunque ya no estén, cada vez que alguna cosa nuestra les daba gozo o esperanza.

    Nunca penséis que la Virgen, desde el Cielo, no está pendiente de tantas cosas como vamos haciendo a los nuestros, a los cercanos y a los alejados de nuestro día tras día. Ella sabe cada gesto, cada esfuerzo, cada obra de misericordia. Ella te ve cuando das un euro a un pobre, cuando dejas el caramelo que queda para tu hermano, cuando ayudas a mamá, aunque te parezca poco, con algo de compañía. Como a ella le gustaba que Jesús estuviera a su lado, le gusta ahora que tú estés al lado de tu madre mayor, o de tu madre jovencita, le gusta que estés con ella, que le hables.

     Ahora, este año, cuando le traigáis las flores, contáis las que lleváis, y dadle gracias por ese número de cosas que hacéis bien en vuestra vida, por ser buenas madres, por ser esposas santas, por trabajar duro tantas veces, por llevar la casa adelante; y vosotros, por saber perdonar, por rezar algo de vez en cuando, por haber venido aquí hoy y por cada vez que decís que sí cuando alguien os pide que le echéis una mano. Hoy no os pido que recéis más, hoy no os digo que vengáis a Misa más domingos, hoy solamente damos las gracias a la Virgen por hacer posible que, aunque sea de vez en cuando, nos parezcamos a Ella. Que así sea.

     Artículos relacionados: ¡GRACIAS MAMÁ!¿Te acuerdas mamá?

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4 comentarios sobre “Corazón de Madre

  1. Reblogueó esto en Se llenaron de inmensa alegríay comentado:

    Quizás nos olvidamos a veces de tener a diario un detalle con mamá. Quizás el error es pensar que hay un “día de la madre” en lugar de la semana de la madre, el mes de la madre, la vida de la madre. ¿Qué tal nuestro trato diario con la Madre del Cielo? Dile que la quieres…

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