Se fue, se va y nos esperará

     Se adivina la luz del ocaso entre una campana que dobla y un Cielo azul que espera. No privéis a vuestros feligreses de hablarles del Cielo –decía hace poco un amigo obispo-. Pedimos a la Virgen Santísima del Amparo, en estIMG_20151114_174124e primer entierro del año en su ermita. Parece algo especial despedir aquí a los que cada año quiere la Providencia divina llevarse en mayo. Es el mes de las flores, a punto de primer sábado, siempre dedicados a la María.

Quizás pensamos pocas veces que la Virgen del Amparo está en la ermita, nos escucha, nos ayuda, nos acompaña y nos limpia las lágrimas, pero también, también nos espera en el Cielo.

Hay una señal del buen cristiano, hay un signo del alma que se ve en la cara. La alegría de vuestro padre, el chiste, la broma, es una bonita obra de caridad hacer reír a los demás “como está el patio”. Querida Angelita; Verónica y Ricardo, empieza una nueva fase de la vida. No dejéis sola a mamá. De vosotros dependerá mucha de la alegría de vuestra madre. Traedla al pueblo, venid con ella, llamadla más. Y tú, si realmente crees en la vida eterna, como decimos cuando rezamos, pídele a Jesús que esté con Él tu marido, y no tengas miedo en pedirle cosas a él.

     Algunos piensan que estamos locos si hablamos con nuestros difuntos, si les rezamos. Algunos que son cristianos viven como si no hubiera nada más, no sé por qué vienen… Estamos aquí porque hay otra vida, sacamos a la Patrona en procesión porque hay otra vida, porque vive con Cristo; de lo contrario, no tendría sentido. No seamos hipócritas, conviene recordarlo, el que no cree que resucitamos solamente tiene dos opciones, o le pide a Dios algo más de Fe, o que se quede en casa, porque aquí se viene, sobre todo, a rezar por la otra vida, la de cada uno, esa en la que, antes de entrar seremos juzgados por cada una de nuestras obras, las que se saben y las que no.

    Haberse marchado del pueblo, para estas gentes que tanto lo amaron, para ellos que lo hicieron posible, tiene que haber sido una de las cosas más difíciles de su vida. Vosotros ya nacisteis lejos, pero mamá sí es de Santa María, y vosotros, un poquito también. Por eso digo que la traigáis, aunque ya no podáis venir a cortar ajos. Acordaos de la Virgen del Amparo, rezadle por nosotros, que desde aquí, vuestro párroco y estas gentes, cada tarde, con flores a María, encomiendan vuestra familia,  y tantas que no están, pero estarían.

    Quiero deciros algo. Recordad a papá en lo bueno, pero imitándolo. Quizás será en el buen humor, o en el consejo, o en lo que sea; hacedlo presente con lo mejor que tengáis de él. Imitando a vuestro padre hacéis como Cristo, haciendo la voluntad del Padre. Como la Iglesia, cuando actúa como Jesús; como mamá cuando se parece a la Virgen. Nos queda rezar por él y pedirle, que cuando esté con Dios, nos guarde sitio.

      Llevo tiempo recopilando las homilías de los entierros. No sé si podré hacerla de todos, porque cada vez hay más muertos que vivos, pero quisiera compartirlas con vosotros.


Nadie tiene amor más grande

¡Hasta el Cielo, Julia!

Mi querida África

La mamá de Julián

Veintinueve días

El papá de Amparo


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