La Ascensión del Señor

 

      Celebramos en este día la jornada mundial de las comunicaciones sociales. En muchas ocasiones las personas no saben utilizar los medios de comunicación, de hecho, Internet nos puede hacer perder el tiempo, al cabeza y otras muchas fechorías; pero, si se utiliza bien puede hacer mucho bien. El número de las personas a las que se puede ayudar a través de los medios de comunicación es inmenso. Sin embargo, corremos el peligro, de que se nos olvide comunicarnos entre nosotros. Internet puede ser un motivo de evasión a un mundo que no existe, virtual, que nos haga olvidar lo que tenemos cerca.

     El aumento desmesurado del uso de dichos medios, puede incluso privarnos de comunicarnos con Dios. También hay que tener cuidado de creernos que la vida de las personas es lo que aparece en los medios de comunicación. Conocer a una persona es haberla tratado, convivir, compartir, discrepar y, sobre todo, colaborar en lo que hace y en cómo lo hace. El que no entiende el trabajo de otro, lo menos que puede hacer es callarse. Estos días estamos tratando de saber cuántas personas estarían interesadas en obtener una imagen de la Patrona del pueblo de unos veinte centímetros. Las imágenes, son iconos que nos hacen levantar el corazón a Dios, a la Virgen o a los santos. No dejan de ser un medio de comunicación del alma, a través de los sentidos. Si fuéramos ángeles no harían falta. Por eso, si a alguien no le gusta que lleguen imágenes, como me contaba el otro día una chica de su marido, pues lo mejor que puede hacer es no comprarla, pero nunca enfadarse de que los demás la tengan. Eso no es bueno y no hace bien.

     Otra señal por la que sabemos si alguien hace bien o no, es su alegría. Cuando Jesús murió los Apóstoles estaban tristes, la amargura, la tristeza, no era más que una señal de que no tenían Fe en Jesús. Después de cuarenta días de estar de nuevo con Él, aunque sabían que no iba a volver, de momento, ya no estaban tristes, simplemente termina el Evangelio de hoy diciendo “que se volvieron a Jerusalén con gran alegría”. Y estaban siempre en el templo bendiciendo al Señor. Creo que algunos venimos poco al Templo y tenemos poca alegría. Eso no es buena señal, cuidado con esto o cuidado con ellos. El que no se vuelve con gran alegría, debe mirar hacia dentro por qué, no buscar culpables fuera, y menos, dentro del templo. Dentro de uno suelen estar los problemas, en la amargura, en la envidia o en la falta de Fe.

     También dice la lectura de los Hechos de los Apóstoles: “No os alejéis de Jerusalén”. Cuidado con cambiar de lugar o de decisiones, cuidado con “ALEJARSE”. Estaban tristes pero debían permanecer cerca de los lugares que les habían hecho bien, y cerca entre ellos. La Fe del pueblo, el amor a la Virgen nos debe mantener unidos, no separados. Y mucho más con la que está cayendo. Quien se separa o separa, algo bueno no lleva dentro. Cuidado de nuevo.

     Por último, y quizás lo más importante: “El mismo Jesús que os ha dejado para subir al Cielo, volverá como le habéis visto marcharse”. Hay un lugar de la Misa en el que decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ¡VEN SEÑOR JESÚS!” La esperanza y la alegría de su vuelta debe ser una fuente de esperanza inacabable para todos los cristianos. No podemos olvidar esta verdad de Fe, tan hermosa. Pero les digo más, Jesús siempre vuelve. Cuando parece que se aleja, que se vuelve todo oscuro, que no hay nada ni nadie que te hable de Jesús, en esas tinieblas que envuelven el alma como el Cenáculo de los Apóstoles una vez muerto el Señor, siempre vuelve.

     A veces, algunas cosas que se conocen de nosotros, los ministros de Dios, no hacen bien a nadie, pero eso no debe convertirse en oscuridad para nadie, ni siquiera para nosotros que caemos. Hasta en nosotros y a través nuestro puede volver la luz que tapamos, en muchas ocasiones, con nuestra persona. El mismo Jesús que os ha dejado, volverá de la misma manera que se ha ido, y quizás podemos pedirle a Dios y a la Virgen que vuelva el Señor, a través de la misma persona, por esa debilidad que no comprendemos, para darnos cuenta, como explica la Sagrada Escritura con Gedeón, que no somos nosotros los que conseguimos la victoria, que es Dios. Que se inútil que vigilen los centinelas, si no está de guarda de la ciudad el Señor, que no hace falta que construyan los albañiles, o el día tras día de nuestras vidas, si no contamos con la piedra angular, con el que todo lo hace nuevo. Pidamos hoy que vuelva pronto, y que nos dé luz si algún día no está. Que así sea.

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