Éramos pocos: ¿Diaconisas?

     Con este tweet empezaba el día de hoy el Papa Francisco. Muchos son los dones del Espíritu Santo, pero estos dos, juntos pueden hacer mucho bien; y separados, mucho daño. Porque el que no anuncia el Evangelio, ni lo vive como tal, puede desviar su vida a causa de la mente abierta. De igual manera, el que anuncia el Evangelio, con mente cerrada, ¿a quién se lo anuncia? ¿a los que ya lo aceptan? Pues no necesita anuncio. Y si es a los que no lo aceptan, como no abra la mente, probablemente, se atascará y hará que los demás se atasquen.

    Voy a intentar poner un ejemplo de actualidad. Decía un profesor mío de la infancia, al que tengo mucho aprecio, Alfonso Lafuente: “Sólo los ignorantes se ríen de lo que no saben” y también decía: “¡Cuán atrevida es la ignorancia!”. Hace pocos días los medios de comunicación han transmitido algunos datos sobre la posibilidad de que el Papa determine ordenar a mujeres como diáconos. Todos asustados han empezado a reaccionar en torno a la noticia manifestando opiniones sin saber de qué hablaban o cargados de razón como los doctores de la Ley.

     Creo que las dos frases del papa más relevantes han sido las siguientes: Y también me gustaría establecer una comisión oficial que pueda estudiar el tema: creo que hará bien a la Iglesia aclarar este punto. Estoy de acuerdo, y voy a hablar para hacer algo de este tipo. Y esta otra: buscar el juicio de la mujer consagrada, porque la mujer ve las cosas con una originalidad diferente a la de los hombres, y esto enriquece: sea en la consulta, en la decisión, en la concreción. 

    En ninguna de las dos veo nada para escandalizarse si se tiene un poco de conocimiento de causa y de leyes. No hay nada que objetar a que un tema se estudie, y menos, si es por quien tiene la obligación de hacerlo. Creo que debemos perder el miedo a hablar de las cosas, a formular cuestiones, a escuchar respuestas. En segundo lugar, el enriquecimiento por parte de la mujer en todo aquello que pueda aportar, es algo evidente y palmario. Explicarlo me parece fuera de la misión de este escrito, porque además, no hay cosa más difícil que explicarle lo evidente a un tonto. Y tonto me parece aquél que no se dé cuenta de que la mujer enriquece en la Iglesia, en el trabajo, en la casa y donde esté.

    Jurídicamente, o como se dice en las causas judiciales, los fundamentos de derecho que podemos aportar son los siguientes. En el canon 218 podemos leer: Quienes se dedican a las ciencias sagradas gozan de una justa libertad para investigar, así como para manifestar prudentemente su opinión sobre todo aquello en lo que son peritos, guardando la debida sumisión al magisterio de la Iglesia. Este derecho no es subjetivo, es claro y concreto. Y solamente se debe respetar el Magisterio, no lo que opine el vecino, un amigo, el cura del pueblo de al lado o mi prima. Digamos que los miembros de la comisión a los que el Papa va a encomendar el tema, serán peritos de lo que estudien. “Doctores son ustedes” nos decían en clase. Y si ellos pueden, cuánto más el Papa, podrá manifestar su opinión. ¿O le quitaremos al Papa, en el uso de nuestra ortodoxia pretendida, hasta el derecho de opinar? Nadie puede privarnos de un derecho que nos da la Iglesia, y cualquier norma contra el derecho, como dice el canon 11, será tenida por nula. Este punto es también importante.

    En segundo lugar es interesante desarrollar el tweet del canciller de la diócesis de Cuenca,  don Declan, también licenciado en Derecho Canónico, que puede libremente manifestar su opinión con justa libertad:

     Por este motivo, nos encontramos que ya en 1983, es decir, mucho antes de que este Papa fuera Papa, que las mujeres, como fieles laicos que son podían bautizar, administrar la Eucaristía y presidir la celebración Matrimonial. ¿Que a ti no te gusta? Eso no tiene ninguna relevancia, ni lo que te guste a ti, ni lo que a mí. Hay que abrir la mente para darnos cuenta de que se está legislando para toda la Iglesia, no solamente para tu pueblo, tu parroquia o tu grupo de amigos.

    El canon 861 dice lo que pueden ver en la fotografía, pero ya el canon 742 del código de 1917 autorizaba a cualquier laico a bautizar, aunque fuera musulmán. Simplemente debe tener la intención que tiene la Iglesia, decir las palabras del Bautismo y utilizar agua. En peligro de muerte todos debemos bautizar, hombres o mujeres. Diáconos u obispos.

    En segundo lugar,  también los laicos pueden presidir el Sacramento del Matrimonio, donde los ministros son los mismos novios. No casa el sacerdote, se casan ellos. Al manifestar su consentimiento participan de la función santificadora de Cristo. Es decir, que también las mujeres administran ya ese sacramento, a demás de presidirlo, sobre todo, en países de América Latina. ¿Qué ocurre? Que hay gente que no lo sabe. Estudiad y sabréis cosas, nos decía en clase, D. Ignacio Pérez de Heredia.

    Y los ministros extraordinarios de la Eucaristía ya están en el canon 943 y en muchas parroquias de las ciudades y de algunos pueblos grandes. Es decir, que tampoco sería tanta novedad. Sin embargo, y con este artículo contesto a un querido sacerdote que sufre por estas cosas, que el Papa solamente ha dicho que vamos a estudiarlo. Que no se ha decidido nada, como dijo en su día que se podría dejar fija en el calendario la Semana Santa y no lo ha hecho. Creo que algunos se precipitan en el juicio, se asustan ante el estudio y pierden tiempo dudando de lo que siempre ha estado claro: ROMA LOCUTA, CAUSA FINITA.

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