Fiesta de la Santísima Trinidad

     Uno de los momentos más hermosos de la vida sacerdotal es la preparación del día de las Primeras Comuniones. Este año, concretamente, la semana que viene, las celebraremos junto a la procesión del Corpus. Jesús mismo se pasea por nuestras calles y bendice nuestras casas y plazas.

     Sin embargo, hoy alabamos a Dios, en su Santísima Trinidad. Como decimos cada mañana al despertar, o al entrar en la Iglesia, o al bendecir la mesa o también, al emprender un viaje o, simplemente, salir de casa: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. No encuentro mejor manera de resumir esta fiesta litúrgica de hoy que con las palabras del Papa Francisco:

   Hoy es el domingo de la Santísima Trinidad. La luz del tiempo pascual y de Pentecostés renueva cada año en nosotros la alegría y el estupor de la fe: reconocemos que Dios no es una cosa vaga, nuestro Dios no es un Dios “spray”, es concreto, no es un abstracto, sino que tiene un nombre: “Dios es amor”. No es un amor sentimental, emotivo, sino el amor del Padre que está en el origen de cada vida, el amor del Hijo que muere en la cruz y resucita, el amor del Espíritu que renueva al hombre y el mundo. Pensar en que Dios es amor nos hace mucho bien, porque nos enseña a amar, a darnos a los demás como Jesús se dio a nosotros. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel y Jesús ha caminado siempre con nosotros y nos ha prometido el Espíritu Santo que es fuego, que nos enseña todo lo que no sabemos, que dentro de nosotros nos guía, nos da buenas ideas y buenas inspiraciones. Hoy alabamos a Dios, no por un particular misterio sino por Él mismo, “por su inmensa gloria”. Le alabamos y le damos gracias porque es Amor, y porque nos llama a entrar en el abrazo de su comunión, que es la vida eterna. 

    Cuando quedan pocos días para que vuestros hijos reciban a Jesús por primera vez quisiera reflexionar con vosotros sobre la importancia que damos en nuestra vida a los misterios de Dios. ¿Somos realmente reflejos, vosotros y yo, de lo que es Dios Padre para cada uno? Cuando los niños rezan el Padrenuestro, piensan en el Padre nuestro que está en los Cielos, con la ilusión y regocijo que supone acordarse de su “papá”. ¿O tendremos que decirles que papá no es como Dios, o que Dios es mejor que papá? No sé si dedicamos a nuestros hijos el tiempo justo. No sé si les enseñamos con el ejemplo que nadie da lo que no tiene. ¿Queremos a mamá y se lo demostramos y decimos? ¿O más bien preferimos gritarle al chico porque falta el respeto a mamá como hemos hecho nosotros mismos un rato antes? Quisiera invitaros a pasar más rato con vuestros hijos. Es lo mejor que tenéis y, sobre todo, vosotros sois lo mejor que tienen ellos.

    Y las madres, sois el reflejo del Espíritu Santo, dando a vuestros hijos guía, buenas ideas y buenas inspiraciones. ¡No penséis que no sois capaces! Venid a pedirle a la Virgen ser Madres como Ella. Cada palabra, cada ejemplo, cada oración, puede ser reflejo de lo que el Espíritu Santo supone para cada uno. Ante la fiesta del Corpus recordamos las Primeras Comuniones de cada uno. Ese encuentro con Dios, presente en la Eucaristía debe ser recordado por todos y cada uno, y podría ser actualizado con la presencia cada domingo en vuestra, en nuestra Parroquia. En la medida que cada familia viva la presencia de Dios en su día a día, se hará realidad el misterio del amor de Dios Uno y Trino en vosotros. Se hará realidad el amor que Cristo tiene a su Iglesia, como rezamos en las bodas.

    Queridos niños. Vivid esta semana con la alegría de que Jesús quiere venir a vuestro corazón. Intentad pensar qué haría el Niño Jesús en cada momento, cuando jugase, cuando hiciera los deberes, ¿cómo sería Jesús si viviera en nuestro pueblo? Intentad que allí donde estéis podáis hacer a los demás más felices con vuestra presencia. Empezamos a ser mayores, pero seguimos siendo niños. A San Luis Gonzaga, mientras jugaba un día en el recreo le preguntaron qué haría si supiera que en dos horas tenía que morir. Las gentes se pensaban que respondería: “me iría a rezar” o “iría a ver a mamá”. El niño contestó: “¿Qué haría si supiera que voy a morir en un rato? Seguir jugando”. Demos gloria a Dios, en su Santísima Trinidad, haciendo presente en nuestra vida de cada día, su Providencia de Padre, su Generosidad de Hijo que se entrega, y el Amor del Espíritu Santo que da vida. Todo ello, con el hágase tu voluntad, del pan nuestro de cada día.

    Así sea.

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