Prudencia, santa mujer; mujer santa

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     A los pies de la Virgen del Amparo, en la fiesta de María Auxiliadora, venimos a pedirte, Madre, Auxilio de los cristianos, por el eterno descanso de Prudencia, nuestra hermana, nuestra madre, nuestra tía, amiga y vecina, ejemplo de tantos años, alegría en el duro trabajo, ayuda en la tribulación, consejo en la duda, amor en la Comunión.

Para mí, le pediría a la Virgen, comulgar toda la vida con la Fe que comulgaba, sufrir con la entereza que lo hacía, y vivir día a día, con la paciencia y la enseñanza que le dieran, desde la pila del Bautismo, su madrina Micaela Carlos Lacasa, el día 5 de marzo de 1928, cuando la sacó de pila, y su larga familia: Francisco Carlos López, Prudencia Lacasa, Julián Patiño García y Manuela Orozco Pardo, sus abuelos. También pedimos y rezaremos esta semana por sus padres: Francisco Carlos Lacasa y Benita Patiño Orozco. Sus hermanos y sus hijos, los que han podido venir, así como sus nietos desde lejos y de cerca, forman hoy una corona que, en primer lugar, y abusando de la confianza que tengo con Rubén desde hace años, os puedo decir hoy: DADLE GRACIAS A DIOS POR TANTOS AÑOS DE MADRE, Y POR LA MADRE QUE HABÉIS TENIDO. No encontraréis a nadie en el pueblo que os hable mal de Prudencia, tampoco en la residencia, y creo que tampoco en el juicio de Dios.

    Dicen los libros, y algunos sacerdotes, que no se debe decir un panegírico el día del entierro. Que hay que hablar de las verdades eternas, del Cielo, del juicio, de la misericordia de Dios. Otros dicen que mejor rezarle a Cristo, consolar a la familia, al menos, haber venido, pero creo que hoy, podemos dar gracias a la Virgen del Amparo por habérsela llevado en una fiesta de su Madres, y en pleno mes de mayo.

    Es importante recordar su caridad al viajar para cuidar a quien lo necesitaba, así como la entereza de ver marchar a sus hijos, jóvenes todavía, que el trabajo estaba lejos, pero se podía ir a buscar. Sin embargo, yo no sé por qué recordaréis cada uno a mamá. Uno será por una conversación, otro será por todas, pues por todas y cada una, por sus virtudes y desventuras, imitadla en lo que podáis. Pensad tantas veces: ¿qué haría mamá? ¿qué diría? ¿cómo lo diría? o quizás… quizás hoy también callaría.

    En el año de la misericordia, creo que más que pedirle a Dios por ella, que también, le podemos pedir a ella que interceda por nosotros. A Jesús, muerto en la cruz por todos y cada uno, por los que tengan más Fe, por los que tenemos la justa, o quizás a veces, algo menos, porque montañas moveríamos si creyéramos de verdad, a Jesús, digo, le pedimos, que nos perdone, sobre todo por las veces que no fuimos con mamá lo que debíamos ser, por las veces que no somos cristianos como Dios manda, como decís en el pueblo. Un pueblo que reza unido, cuando le falta un amigo, cuando se le muere un ser querido.

     Y, por último, una vez perdidos los dos padres, y siento repetirme porque lo digo siempre, porque me impresiona mucho; una vez perdidos los dos padres, rogad al Cielo que no os separéis. Los hermanos hacen falta siempre: Julián, Francisco, Emilia, Rubén y Arancita, no os separéis. Que la distancia de los kilómetros no se agrande con el tiempo al faltar madre. Y en la medida de lo posible, habladle, rezadle a Dios y a la Virgen, pidamosle que nos guarde. Ahora y siempre y, sobre todo, en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

En el entierro de Palmiro

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