¿Y TÚ QUÉ DICES DE JESÚS?

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-24):

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.»

    El Evangelio de hoy nos invita a pensar muchas cosas. En primer lugar, Jesús oraba. Y oraba solo. Poca soledad tenemos en nuestro tiempo. Recuerdo al Padre Alba cuando nos decía que aquél que no sabía orar solo cuando estaba en el seminario, después no podría orar solo cuando fuera sacerdote. Las actividades, los kilómetros, las procesiones y catequesis, el ayudar a los pobres, pueden irnos separando, sin darnos cuenta de la compañía de Jesús, del tiempo dedicado a Él, porque, como dice un señor de Santa María: “Como no se queja”. Cuidado con esto. No solamente necesitan rezar los sacerdotes. Todos necesitamos ese rato al día con Jesús. ¡Tú también! No os canséis de desncasar junto al sagrario, decía el Beato Manuel González.

    ¿Quién dice la gente que soy yo? La gran pregunta de lo que piense la gente. Nadie acierta. Poco caso a lo que diga la gente en general, y muy importante lo que diga la gente en particular. Cuando te digan que mucha gente dice esto o aquello, suele ser una manera de darte una queja alguien poco sincero que no se atreve a decir que piensa así. Cuando te digan que no hables de esto o de aquello, escucha el consejo, pero piensa por qué lo dicen, puede que sea tu obligación predicar las verdades de la Fe. Lo importante no es lo que piensen de ti, sino de Jesucristo. ¿Qué es lo que este o aquél piensa o dice de Jesucristo? ¿Y vive con respecto a eso que piensa? Porque si no vives como piensas, acabas pensando como vives. La conciencia, ese lugar sagrado dentro de uno, puede deformarse gravemente si el centro de tu vida no es Jesucristo. Lo importante no son las normas, ni las opiniones, lo importante es Jesucristo.

    Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?. ¿Qué le diríamos a Jesús si nos preguntara lo que decimos de Él? O dicho de otra manera, qué diría Jesús si le preguntaran por nosotros. Quizás la coherencia de los cristianos no es la mejor de las posibles, quizás la mía no está demostrando lo que digo de Jesús, lo que creo de Él. Y cuando Jesús nos dice que tiene que ser padecer y ser desechado, ya no nos gusta tanto. Como ocurre cuando prometemos en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas; pero solamente estamos dispuestos, realmente a la salud y a las alegrías.

    Es cierto que el Señor en este pasaje habla de forma radical: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Negarse a uno mismo es lo más difícil, Napoleón decía que era la única batalla que había perdido. Decía que había vencido al mundo entero (menos Rusia por el frío y España por la valentía) pero no era capaz de vencerse a sí mismo. Cuando uno no es capaz de vencerse actúa como los animales. Los peces tienen hambre y comen. Nosotros podemos no comer aunque tengamos hambre. El gandul no es capaz de estudiar o hacer la tarea de la escuela, quien se vence a sí mismo es capaz de estudiar o de no hacerlo. A veces nos quejamos de lo que no tenemos o contra quien tiene algo… pero él se quedó estudiando cuando el otro estaba de fiesta.

    En cierta ocasión protestaron en un teatro de que la cantante de ópera cobrara más que el que repartía las entradas. Así que les dieron a todos lo mismo. La cantante famosa llegó y cogió los tickets, ante el asombro de los demás. Y como iban a cobrar lo mismo, al tocarle subir al escenario le dijo al vendedor de tickets que subiera a cantar él. No podemos llegar a nada en la vida sin vencer pasiones, comodidades; sin sacrificarnos.

   Pero esto no basta, sería humanismo o autodominio altruista. Se puede coger la cruz con amor. Se puede también ayudar a coger la cruz a los demás. En las matemáticas de Dios dos cruces pesan menos que uno, porque ayudar a los demás te hace ver más liviana la tuya. Pero las cruces hay que intentar llevarlas siguiendo a Jesús. Si no es así, puede que nos aplasten. Jesús no vino a quitarnos el peso del sufrimiento, o de la muerte de los seres queridos, Jesús vino a enseñarnos a llevarlo con amor, con generosidad. Puede ser un encuentro con Cristo el sufrimiento o puede ser un calvario inalcanzable si Jesús no está. Él te ayudará, y tampoco te arrepentirás de ayudarle a Él, en la cruz de tantas personas que sufren a tu alrededor. Como decía el Papa Benedicto XVI, no debemos pasar por al lado del sufrimiento humano sin detenernos.

    A ti que Jesús te está preguntando, ¿qué dices de mí? hoy, a ti que sufres mientras respondes porque te cuesta llevar bien “su voluntad en la tierra como en el cielo”, Jesús te pide que te dejes ayudar a llevar su cruz. No le digas que no. Acércate a Él, síguele. Él siempre te espera. Así sea.

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