Final de curso en el Colegio del Remedio

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    La tarde de ayer fue especialmente bonita. El trabajo con la juventud ha sido siempre una de las tareas más importantes del apostolado sacerdotal. Recuerdo hace un año exacto, la graduación de Esther Esteban. Pude pasar con su padre y con Julia María, otra chica de Santa María, un agradable acto académico en San Clemente. Este año me quedé con las ganas de celebrar una Misa de acción de gracias a la Virgen del Amparo con motivo del fin de curso, sin embargo, como dice el refranero el español piensa bien pero tarde. 

     Después de la Misa de fin de curso en el Colegio del Remedio que tienen las hijas de la Caridad tienen en San Clemente, los alumnos de 4º de la ESO, me pidieron que viniera a su graduación, pero no era posible porque había otro sacerdote invitado. El martes por la noche recibí un mensaje de Doña Teresa Carnicero, delegada de pastoral del Colegio y miembro del equipo directivo que decía: Buenas tardes, padre! Como le dije, iba a venir otro sacerdote a la Misa de la graduación, pero me acaba de decir que es imposible. ¿Sería usted tan amable de venir? Es el jueves a las 19.

    La Santa Misa estaba preparada con mucho detalle. El acto académico posterior fue hermoso, con un momento especial en la lectura de una carta a su madre, de parte de uno de los muchachos que se graduaba, al no poder estar presente por estar en un torneo de fútbol en Benidorm, la cena en los salones El Puente también fue especial. Profesores, padres y alumnos me hicieron sentir uno más. Quisiera compartir con ellos y con ustedes algunas de las palabras que les dije en la homilía:

    Queridas hermanas, profesores, padres y alumnos. Eucaristía significa “acción de gracias”, hoy vamos celebrar la Santa Misa como agradecimiento por todos estos años que habéis compartido en este colegio, y vamos a pedirle a Dios que sean de verdad el cimiento de vuestra vida. 

    Solamente quiero hablaros de tres palabras: libertad, coherencia y apostolado. Vivimos en un país que dice ser libre. La democracia se ufana de sus libertades pero regula cada paso en tantas cosas. Si os fijáis solamente se puede votar un día y en un lugar determinado, a personas concretas y en un colegio electoral marcado. También el día que toca, pero ninguno más. Sin ir más lejos, vosotros no podéis votar, ni siquiera vuestros padres pueden hacerlo en vuestro nombre. Es una libertad limitada hasta la de votar. Tampoco las condiciones laborales son a elección de casi nadie, ni su sueldo, ni la casa donde vivir tantas veces. La verdadera libertad innata es la adhesión a Cristo. Llegamos a una edad en que tenéis que decidir si vivís con Cristo o de espaldas a Él. Pero hacedlo libremente. La Misa de cada domingo es una elección de cada uno que cuesta trabajo. Hay que dejar otras cosas porque todos tenemos la vida llena. Seguir a Jesús en su forma de vivir, hacerlo cada día y hacerlo libremente implica coherencia. 

    ¿A quién de vosotros no le ha vibrado el pecho al ver pasar a la Virgen de Rus? ¿Quién no tiene a María por Madre de los que estamos aquí. Pero hace falta dar un paso más. El grito ¡Viva la Virgen de Rus! debe ir acompañado con un parecido a tan buena Madre. ¿O no se llena de sano orgullo aquella mujer que  escucha de sus amigos; “cómo se parece la chica a ti”, “es igual que su madre”? Si queremos ser dignos hijos de María debemos comportarnos como a Ella le gustaría, debemos tener coherencia de vida. Cuando un hijo no se parece a su padre, cuando al padre le da vergüenza la manera de pensar, de hablar, de vestir o de trabajar de su hijo, es que algo no ha funcionado bien. Eso depende de vosotros. 

   Por último, decirles que la Fe aumenta comunicándose. No es solamente para nosotros. Si uno reparte la leña que tiene al empezar el invierno se le acabará antes. Si uno transmite la Fe y no se avergüenza de lo cree. Si en la universidad, en el instituto, en el trabajo, en la barra del bar, sabe hablar de Cristo, invita a los demás a vivir recibiendo los Sacramentos, si uno vive coherentemente, su Fe aumenta, como la alegría y el amor, que aumentan al repartirlos, y su ejemplo arrastra. Muchas veces decimos que los sacerdotes son mayores, o quizás no se acercan a los jóvenes o qué sé yo cuántas cosas. ¿Y tú? ¿Qué haces por llevar a los demás a Cristo, o acercar a Cristo a los demás? Parroquia somos todos, os invito desde aquí a hacer vida lo que las hermanas, los profesores, lo que nuestros padres nos han enseñado. A defender, vivir y transmitir esa Fe a todos aquellos que tengáis cerca en la vida. 

    Bajo el Amparo de la Virgen del Remedio ponemos estas intenciones y todas las vuestras, para que podamos encontrarnos todos en el Cielo, y la casa de vuestra vida sea edificada, como decía el Evangelio sobre la roca de lo que habéis aprendido hasta ahora. No tengáis miedo de abrir de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo. 

    Gracias por esta tarde a todos, creo que volveremos a vernos. Rezad por mí. Ha sido especial vuestra compañía y vuestra alegría. Siento no haberme podido quedar más rato. Los pueblecitos cercanos me necesitan. Hasta pronto.

 

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