Sigue a Cristo sin mirar atrás

palestina

    Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén, cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al Cielo, puede parecer una frase hecha pero encierra un significado doble que deberíamos tener en cuenta. El tiempo de ser llevados al Cielo se acerca en la vida de cada uno, o también podríamos decir que para que se acerque, hemos de tomar la decisión de IR. Jesús sabía perfectamente lo que le esperaba en Jerusalén. Sabía que allí estaban sus enemigos, que dejando Galilea se alejaba del lugar y las personas que más le querían, se alejaba de los que le escuchaban. Él había venido a este mundo para hacer la voluntad del Padre. Como hombre que era, con sentimientos humanos, dolor humano, sufrimiento humano, sabía que esa decisión era la que provocaría el desenlace definitivo de su Pasión y muerte.

    En la vida debemos tomar decisiones con el mismo coraje que el Señor, si éstas suponen acercarnos a Él, o saber no tomarlas si nos alejan de Jesús. Él es lo único importante. Las amistades pueden acercar a Jesús o alejar de Él. En función de esto serán buenos amigos o será mejor dejarlos si me van a apartar de Dios. Es tan importante como sencillo. ¿Quién me hace mejor persona? ¿quién me acerca a Dios y a su Santísima Madre?

    Para pasar de Galilea, donde pasaba más tiempo Jesús, a Judea, donde estaba Jerusalén, había que cruzar Samaria. Los samaritanos no se llevaban bien con los judíos y el mero hecho de poderse intuir que su destino era Jerusalén, provocaba que se rechazara al peregrino, llegando incluso a no darle agua. Al ver que también rechazaban a Jesús, los apóstoles se enfadaron, como puede pasarnos a muchos ministros del Señor cuando las personas de nuestro entorno rechazan a Cristo. Sin embargo, Jesús no obliga, Jesús sigue de largo y  regaña a los que se enfadan. La invitación de Jesús a abrir las puertas del corazón de cada uno se extiende también a los que no lo aceptan, a los que no creen en Él como los samaritanos. La decisión de abrir de para en par las puertas del corazón a Dios es personal y libre. El que no quiere no le abre. Solamente se quedará escuchando el rumor de los que le siguen con el peligro de que no vuelva a pasar, de que pase de largo. No dejemos pasar de largo a Jesús en nuestra vida.

    Una vez sabemos que Jesús no nos obliga, pero que para ir al Cielo hay que tomar la decisión, que la mejor manera de llegar es seguirlo a Él, Jesús nos empieza a llamar. Primero avisa de que el camino no es sencillo. Avisa de que cuesta reclinar la cabeza. Sin ir más lejos, ayer tuve una Primera Comunión en Villar de la Encina, comí con todos y me fui a otro pueblo, pero como me sobraba una hora, entré en la Iglesia de Carrascosa de Haro, me tumbé en el suelo de la sacristía y me dormí. Hay días que es difícil dormir más de cinco horas, y semanas que no llegas a las cuarenta horas de sueño. Sin embargo, hay que dejar muchas cosas.

    A veces hay que dejar familia, si te aleja de Cristo, pero no sólo para ser misionero o sacerdote, a veces hay que enfrentarse a la familia por cumplir la Ley de Dios, aunque cueste. Hay que dejar negocios de este mundo si quieres tomar la decisión de llegar al otro. Nadie dijo que fuera fácil, yendo solos. Pero el que va detrás de Jesús, el que hace caso a su “Sígueme” puede hacerlo.

    Lo importante, como nos dice bien claramente, es que el que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios. El camino está claro, la decisión tomada, si has tenido la oportunidad de conocer al Señor, si has comenzado un camino, sea el que sea, de vida cristiana, no te canses, sé constante, sigue adelante. Lo que dejas te lo recompensará el Señor con el ciento por uno. Os podría explicar muchos ejemplos personales y de otros que han recibido el ciento por uno, que dice el Evangelio, por haber dejado, no solamente casa, hermanos, tierras; sino también por cualquier cosa. Lo importante es tener claro qué es lo más importante. ¿Qué quieres que valoren tus hijos cuando sean mayores? ¿Qué estamos enseñando? Tantas veces me han dicho: “Por una vez no pasa nada”, sin embargo, en la medida en que se den cuenta de que tú, ni una vez, le faltas el respeto a tu esposa, que tú ni una vez, pones lo poco importante delante de lo más importante, en esa medida, habrás transmitido con el ejemplo lo que quizás es difícil explicar de palabra.

    Pero, si alguna vez lo haces, si pasa algo delante de Dios, al menos, no pongas una excusa, y si la pones, no seas tan necio de creértela tú mismo. Lo mejor que puedes hacer cuando pongas algo por delante de alguien, cuando la pirámide de tus valores sea desordenada por ti mismo, lo mejor que puedes hacer es disculparte, no poner excusas. Pedirle perdón a Dios o a quien corresponda, y sin desánimos que no llevan a ninguna parte, ponerse en camino de nuevo, a Jerusalén o a donde haga falta, en definitiva, al Cielo: que así sea.

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