Por eso, se me alegra el corazón

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   El salmo responsorial del domingo decía las palabras “por eso, se me alegra el corazón”. Camino de Villar de la Encina para decir la Santa Misa de buena mañana, he visto un remolque grande llenándose de grano. Era un camión sobre el campo. Ha sido un gran año. Cuando veo las cosechadoras, cuando veo las eras con montañas de cebada, cuando me doy cuenta de que repostamos más gas-oil, cuando el pintor pinta, las personas que arreglan casas se llenan de horas, cuando las casas de ayuda a domicilio piden más colaboración…

    Cuando hay cola en la panadería, me cruzo con vosotros en el súper, cuando los sábados por la noche la terraza se llena y los domingos Pichi llena su comedor, cuando se va a abrir la piscina con Vicenta y Loren al frente de nuevo, cuando la limpia limpia y el Ayuntamiento termina el paseo, cuando las chicas de la residencia van cubriendo turnos y, sobre todo, cuando pueden descansar, cuando veo a las cuadrillas de albañiles van arreglando casas, e incluso haciendo nuevas, se me alegra el corazón por vosotros.

    Porque el pan de cada día puede llegar a las casas un año más para vuestros hijos, para vuestros padres y hermanos. Me cuesta creer que en algún lugar del mundo haya alguien que se alegre del mal ajeno, con el gozo que da ver cola en la peluquería, gente en el banco que ingresa, aunque muchos también saquen, gente que pasa por el estanco, aunque fumar sea hoy un delito pernicioso que nunca había estado mal (cosas que cambia la sociedad pero no creo que cambie Dios), me cuesta creer que haya alguien que no disfrute que los demás les vaya bien.

    De la misma manera, porque veo que para vuestros hijos es bueno asistir a la Iglesia, se me llena el corazón cuando los veo subir al altar, de monaguillos, al dar la paz, o al venir a rezar. Ahora termina el curso escolar. Yo quisiera que el verano no sea un huir de Dios, por falta de tiempo, por calor o por lo que sea. Me gustaría llevar a cada casa, con la imagen de la Patrona, un gozo especial por el bien de los demás, por las cosas de Dios y por lo que da la Comunión. Pero sé que Dios no obliga, que solamente invita, sé que no hay tiempo de llegar a cada uno, de rezar por cada cosa de las que me decís. Por eso, una y otra vez, en la Iglesia y en la calle, en vuestras casas y en los bares, a tiempo y  a  destiempo, me limito a invitaros, nada más y nada menos, a poner a Dios por encima de todas las cosas.

    Creo que es importante transmitir a la juventud de nuestro pueblo qué es lo más importante. También que lo que es hoy más importante, sigue siéndolo mañana, y que de vosotros depende que adquieran una coherencia de vida que les haga valorar las virtudes familiares. Si no lo ven en vosotros, no lo vivirán con vosotros. Nadie da lo que no tiene. Ya sé que no tengo hijo, ya sé que me diréis “médico, cúrate a ti mismo”, como dice el Evangelio, o “consejos vendo que para mí no tengo”, pero la triste experiencia de nuestro tiempo, la sociedad que en lugar de avanzar degenera, hace que ya no haga falta ser profeta ni en tu tierra ni en ninguna, para darse uno cuenta de que aquél que no es coherente lo paga de repente. Que nadie da lo que no tiene, mi obligación es predicarlo, repetirlo, advertirlo. Para eso vine al pueblo, no sólo para enterrar a los muertos. No es hora de lamentos, ni de echarle las culpas a Dios. Da pues lugar a Cristo, y a todo lo demás niega la entrada. Si no lo haces, Cristo se marcha, mejor dicho: tú lo echas.

    Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se os dará por añadidura. Como decía el médico de paliativos de mi madre: yo no tengo Fe, pero en las casas donde está Dios se muere diferente. La Fe en la vida eterna, no se adquiere en el cementerio; el día del entierro de un ser querido. Lo que no se cuida se pierde. Es mucho más importante de lo que parece. Si no vives como piensas acabas pensando como vives. Todo ello es un don de Dios, pero un don que depende de ti. Cuando entra Dios en el corazón, cuando nuestra vida demuestra que estamos con Jesús, no solamente nos da felicidad, sino que esa felicidad se contagia. Abrid de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo. Feliz verano a todos. Demos gracias a Dios por este nuevo curso terminado. Mi bendición+

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2 comentarios sobre “Por eso, se me alegra el corazón

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