BESAD ESA TIERRA POLACA

    Queridos Eduardo y David:

    ¡Ya se os echa en falta por aquí! Los niños preguntan cuando volvéis y la tarea se reparte ahora más fácilmente porque el párroco hace unas cuántas cosas y Antonio María el resto. Sin embargo, no dudéis en volver pronto. Aunque, siendo sinceros, la colaboración de tantas personas hace que aquí no sea verdad que el sacerdote está solo. Mucha gente colabora, tantas cosas van adelante, y se sabe que encomendáis unas tareas que conocéis bien.

     En realidad solamente os escribo para que deis gracias a Dios por lo que significa lo que vais a hacer y que haya sido posible. Cuando el verano pasado hablabais de este proyecto me entusiasmé con vosotros pero lo veía muy complicado, pese a ser el padre motivado. Colaborar directamente con el Santo Padre en un acontecimiento internacional como éste es mucho más grande de lo que podéis imaginar. El domingo en el evangelio os lo decía el Señor: ¡Poneos en camino! Eso hacéis cada día al llevar en vuestra sangre las ansias de llevar a Cristo a todos, a tiempo y a destiempo, como decía San Pablo.

    La Iglesia es universal y eso nos permite colaborar de mil maneras, en este caso la Providencia os ha puesto en la vanguardia, otros nos quedamos rezando desde las trincheras más alejadas. Casi desde el hospital de campaña de cada pueblo, de cada rincón de España donde se intentan curar las heridas de los que más sufren. Cuando el Papa os dé las gracias a todos los voluntarios, pensad que debemos dárselas a él por haber hecho posible un año más lo que empezó el Papa Juan Pablo II.

    Creo que en esta ocasión, viajar a la tierra del Santo Papa es mucho más que una jornada mundial de la juventud. Creo que, como hacía tantas veces en sus viajes, al llegar a Polonia, debéis besar esa tierra de santos, tierra de una historia católica gloriosa combatida por musulmanes, comunistas y por los nazis. La valentía de ese pueblo, su piedad y su valor, su tenacidad y constancia son un ejemplo constante que nuestra España no ha logrado seguir. Allí, junto a la Madre de Czestokowa, pedid por la patria que os vio nacer, por sus sacerdotes, por la Fe de nuestros padres. Decidle al pueblo polaco que gracias. Decidles una y mil veces lo que ya saben. Que nunca olvidemos todos que en 1683 fue un general polaco el que libró a Europa, como en otro tiempo Jeromín, de la invasión musulmana. Si Sobieski no hubiera estado allí, no habríamos podido vencer.

    San Maximiliano María Kolbe en su apostolado de la Madre Inmaculada por todo el mundo, Sor Faustina y Juan Pablo II, el Papa de todos, han dejado una estela de santidad en todo el mundo. Los soldados polacos de la resistencia contra los nazis, las mujeres que veían cómo se despoblaban sus ciudades y seguían de rodillas rezando por sus muertos, y también por los vivos. El pueblo entero arrodillado ante la Eucaristía y los gobernantes respetando las leyes de Dios, por encima de todo. Como Moisés, como el Rey Balduino, como San Fernando y San Luis de Francia.

    Y ya en nuestro tiempo Lech Walesa y Poieluzsko, mártir del comunismo, y líder del sindicato más grande del mundo, que devolvió al pueblo polaco la dignidad y el respeto a su historia. Hoy, la democracia polaca ha elegido por mayoría seguir a Cristo, y a sus enemigos no les ha hecho gracia, porque no esperaban que los votantes eligieran la verdad, al pretender imponer por votos sus verdades. Dad las gracias a todos, aunque piensen que no sabéis lo que decías. Rezad para que sigan así. Que nunca se rindan aunque deban luchar contra todo y contra todos. Lo han hecho siempre.

 

    Y durante los actos, en primera línea o al final de todo, donde os toque… sabed que estáis sirviendo al Señor como ellos. Porque no es más importante el presidente de la nación que las personas que limpian, ni siquiera el obispo está antes que los monaguillos. Sencillamente, cada uno debe cumplir su misión en la Iglesia, todos los bautizados deben anunciar a Cristo, predicando o repartiendo agua. Haced fotos, hablad con la gente, rezad, y si podéis, dormid algo y comed remolacha. Que no se puede volver de Polonia sin haber hecho todo eso. Por último, si os da tiempo, traedme un imán. Ya casi no los soporta la nevera, sé que me tengo que comprar otra para ponerlos todos, pero aquél viaje con el Papa que me besó la frente, dejó una huella en mi vida que no borrará nunca.

    Desde la Misa de cada día, en los pueblos que el Señor me ha encomendado y que conocéis bien, rezaremos por vosotros, por vuestra misión y vuestro regreso; para que siempre podáis transmitir a todos la alegría de la Fe. ¡Dios os guarde, monaguillos!

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