Yo no sé rezar, ¿cómo se hace?

FB_IMG_1466981936116             Me he preparado para esta intervención dando clase de Religión en tres institutos de Cuenca, que es lo más duro que os podéis imaginar: un instituto, de Cuenca, y clase de Religión; hacíamos una encuesta el primer día y cada alumno me hacía una pregunta o dos. Para presentarme decir que cuando tenía seis años y dos meses hice mi Primera Comunión en el Tibidabo y le pedí a Dios en la Eucaristía ser sacerdote, porque me habían dicho que lo que se pide el día de la Primera Comunión, Dios te lo concede: pues yo con seis añitos, y lo recuerdo perfectamente, y consciente de lo que estaba pidiendo… porque todo el mundo me decía: ¿qué dices, pero cómo vas a saber lo que quieres ser? Luego tenía quince años me preguntaban: ¿Todavía quieres ser cura? Sí, todavía quiero ser cura. Como voy a hablar sobre la oración, una de las cosas más graciosas que recuerdo de la oración, que se lo recordaba ahora a tres o cuatro, es, que cuando estudiaba en el Colegio de Sentmenat, donde luego estudiaron Pablo, Javi, Ignacio, a mí me daba varias asignaturas, el que es, por lo menos era, el más grande del Colegio, porque era grande, y el más serio, y todo el mundo tenía un respeto muy grande, y yo no tenía hechos los deberes ni de una ni de otra, y entonces pensé, no llegué a pedírselo a Dios, solamente lo pensé: aquí lo que tendría que pasar es que este profesor no viniera al Colegio, para que así, yo pudiera hacer en sus horas de clase los deberes de los demás, para poder salir a las cuatro treinta con el expediente inmaculado… Al cabo de veinte minutos, llega la directora a clase y dice: El profesor no viene al Colegio porque le ha pegado una torta a su hijo y se ha roto la mano. Yo no sé, se ve que le dio mal, y no sé que enganchó y se hizo daño con las gafas… La cosa está en que estuvo quince días de baja por la torta, y pude hacer los deberes de todos los profesores que me dio la gana durante quince días.

            Hace un varios años se murió en un accidente en el Moncayo, el que fuera rector de la facultad de San Dámaso: D. Pablo Domínguez Prieto. Había dado unos Ejercicios a unas religiosas en Tarazona, que llevaba mucho tiempo diciéndoles que iría y al final… a nosotros en el Seminario nos decían: Si un obispo os dice que sí por el pasillo no vale, hay que apuntarlo en la agenda y que sea de verdad. Tanto se lo había dicho que al final, las llamó y les dijo: Miren, tengo una semanita libre, voy para allá y les doy los Ejercicios. Al salir, vio el Moncayo nevado y dijo: Como me llamo Pablo que lo subo. Lo subió y lo bajó de golpe. Se resbaló y se mató. En esos Ejercicios predicó muchas meditaciones muy hermosas, para las hermanas y para todos. Lo han publicado sus hermanos transcribiendo las grabaciones, y están publicadas en un libro que se titula “Hasta la cumbre” en Ediciones Paulinas. Allí dice que nos hemos acostumbrado a rezar pero nos hemos olvidado de lo que significa rezar, y rezar es, sobre todo, es muchas cosas, pero sobre todo es hablar con Dios para pedirle cosas, sabiendo que nos las va a dar. Tenemos que recuperar el rezar y el creernos que nos va a dar lo que rezamos. No solamente rezar más, o rezar algo si no rezamos nada, sino rezar mejor, con más Fe. ¿Y cómo se reza? Decía el Catecismo que estudié para mi Primera Comunión: Orar es hablar con Dios para alabarle, darle gracias y pedirle beneficios, y podríamos añadir también y pedirle perdón. Y, ¿cómo se reza? Con Fe viva, fervor, humildad y modestia.

            La Fe es una virtud por la que creemos lo que no vemos. Hasta aquí todos de acuerdo ¿verdad? Y puede llegar hasta tal punto que nos convenza plenamente que Dios nos escucha, que Dios nos ve, que Dios está con nosotros. ¡Pero con seguridad! ¿Pero tú crees de verdad que Dios te está esperando? Y la respuesta es: ¿Y tú no? Lo que ocurre es que la Fe es un don de Dios, es un regalo de Él. No podemos exigirla pero sí que podemos pedírsela. El ciego de nacimiento en el Evangelio cuando dice Creo Señor, le pide que le cure, y Jesús le contesta: ¿Tú crees que te puedo curar? Dice: Sí, Creo Señor, pero aumenta mi Fe. Y como es una virtud sobrenatural, de las que da Dios, siempre puede aumentar. Gasol juega al baloncesto. Y cuando ya sabe jugar, levantan la mano, y le marcan la jugada, todo el mundo sabe donde va a ir el balón sin mirar. Juegan como una máquina. Tienen el hábito de jugar a baloncesto. Lanza la pelota y allí hay uno para recibirla. Estos ya no aprenden más. Pueden despistar al contrario, o jugar un poco más rápido, pero cuando mete quince puntos y coge catorce rebotes como en el partido de hace dos días de la NBA, ya no aprende más. Ya sabe jugar a baloncesto. En cambio la Fe, siempre puede aumentar, hasta el extremo de ver a Dios en el hermano, que muchas veces puede ser lo más difícil. En los grados del amor decimos: ojo por ojo, diente por diente, la ley del Talión judía, después dice: no hagas a otro lo que a ti no te agrada; ama al otro como si fuera Cristo, tercera, como si viéramos en el otro a Dios; y la cuarta es: ama al otro como lo ama Cristo, dando su vida por cada uno. Muchas veces ver a Dios en el otro es difícil, porque  muchos disimulamos la presencia de Dios y hacemos las cosas mal, y en lugar de ayudar a que los demás, empezando por mí, pues… Claro, es que hay curas que…  pero mire, es que cuando un cura predica, él también lo oye. Todos los cristianos tenemos que ser reflejos de Cristo, y en la medida en que nos parezcamos más a Cristo, facilitaremos a los demás ver a Dios en nosotros. La Fe: yo le pido algo que además sé que si me viene bien me lo dará y si no, no. Yo estaré feliz con una cosa y con la otra.

            Fervor: Cuando San Martín de Porres, siendo pequeñito, le pedía cosas al santo Cristo que había en Lima, en la calle, en un balconcito, que entonces había santos Cristos por la calle como ahora hay buzones, pues le pedía cosas y, si no se lo concedía, se enfadaba, y le decía: otra vez no, que no quiero hacer milagros, ya te lo dije ayer,  que me persiguen los pobres, que no, que me dejes en paz, y entonces se giraba y ya estaba todo lleno de pobres, y tenía ocho manzanas en el cesto que había ido a comprar, y empezaba a repartir manzanas allí para todos, y no se acababan las manzanas, y ¡viva las manzanas! Y se giraba al Cristo y le decía: que te he dicho que no. Pero claro, para vacilarle a Cristo, hace falta ser humilde como san Martín de Porres y casi casi, caradura como él. El fervor es hablar con Dios, pero sin perder de vista quién es. Magister adest et vocat te, El Maestro está aquí y te llama, y para hablar con el Maestro debo pensar ¿a dónde voy y a qué? Hay aquí uno entre vosotros que reparte cosas, vende. Y en una empresa que era muy difícil colocar lo que vende, lo llamaron a él y le dijeron: vete tú y a ver si lo colocas, porque es imposible. En la puerta se encontró con una planta, la cogió, y se dijo: le voy a regalar la planta y se la regaló al jefe. Y se quedó tan fuera de fuego, que le dijo: Bueno, ¿usted qué vende? – Yo vendo extintores. Y cuando le dice que tiene dos mil extintores, y que pagando tres mil puede tener una oferta especial, y se da cuenta de que está a punto de firmar el contrato, se empieza a emocionar; y cuando acaba, le firma los papeles y al salir del despacho y cerrar la puerta, coge carrerilla, se desliza por el suelo, donde estaban todas las secretarias y levantando las manos como si hubiera marcado un gol, levanta los brazos en alto y dice: ¡Yujuuuuuuuuuuuuuu! patinando, porque acaba de colocar tres mil extintores en una mañana, y como trabaja por comisión, ya podía quedarse todo el mes durmiendo, o por lo menos, entonces trabajaba por comisión. Lo normal no es eso, vamos a ver al jefe, entonces pensamos, (no se oye bien, giramos el micro, giramos el mueble, giramos la habitación) vamos a hacer una entrevista, pensamos lo que vamos a decir, ¿cómo lo vamos a decir?, ¿qué ropa me voy a poner?, si voy a estar sentado; hay una asignatura que lo estudia, se llama etiqueta y protocolo, y esto para cosas humanas, para cosas en la que somos un número, yo recuerdo que en la UNED era el 34-96-00204 y ya está… pero iba a la UNED, y decían: CIVIL I, CIVIL V, Historia de la Naturaleza I, era muy importante, era mi grupo, voy a entregar el examen de cuarto de carrera. Pero ahora, vamos a hablar con Dios, y cómo lo hago, le espero a que me conteste, o vamos allí y pezamos, pam, pam, pam, pam… Hay diferentes estilos: cada uno reza como puede, como quiere o como sabe, pero todos tenemos que tener el fervor. ¿Cómo lo voy a decir?, ¿qué voy a decir?, hay mucha gente que no ha podido venir, ¿le doy gracias a Dios porque he podido venir? Debo pensar what, who, where, when, why, las w inglesas. ¿Qué voy a decir? ¿cómo? ¿dónde? ¿por qué? Todo eso hay que tenerlo claro porque si formulamos un propósito sin todas esas variables claras, voy a Ejercicios Espirituales, estoy cuatro días y hago un propósito: Voy a ser santo. Pero en el propósito debe incluirse el cuando, porque si no sé cuando, voy a rezar más, pero si no sé cuándo voy a hacerlo, pues a lo mejor tengo que rezar en el metro. Entonces necesito un libro para rezar en el metro. De pie, sentado o como sea. Barcelona es una locura, tardo más de mi pueblo a Tarragona, que de Tarragona a mi casa. Y por el camino es muy cómodo porque puedes hacer lo que quieras, pones lectura espiritual, el Rosario, sales un poco al recreo, cuando llegas a Tarragona se ha acabado todo eso. Vivís en un mundo difícil, con unos horarios difíciles, y hay que intentar conseguir el fervor, y hay que poner los medios y para eso hay que prepararlo un poco.

            Humildad: Yo no sé si alguien habla con Dios pensándose que él es algo, si eso os pasa pedidle a Dios que no os demuestre lo poco que somos de un golpe, porque te pega unos castañazos. A tous on pê tout dice Secours Catolique francesa, entre todos lo podemos todo, bueno, bueno, sí, sí, no lo sé, ya lo veremos. Si preguntara a uno de cada cinco qué se siente a sí mismo cuando habla con Dios. Empezamos, uno, dos, tres, cuatro, cinco, tú Esther: dinos… ¿tú eres Esther? ¿Y yo cómo lo sé? Bueno, ¿Tú qué sientes cuando rezas? Si no lo has pensado nunca, yo te invito a que lo pienses, ¿qué somos ante Dios? ¿qué te sientes? Te sientes cercano, recuérdalo: cercano. Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Tú te sientes (risas) Yo me siento poca cosa, porque siempre me he sentido así, ¿te sale solo? David: Necesitado. Y ¿Y tú? No lo sé. Ahora el misionero, a ver si pone nivel no nos hable el Señor, háblanos tú Moisés: Me siento como un niño. Y yo me siento hija. Afortunado. Muy agradecido. Ahora los repasamos: cercano, poca cosa, necesitado, no lo sé, niño, hija, afortunado y agradecido. Yo recuerdo un salesiano que nos vino a hablar al Seminario de Castellón, porque yo estudié allí, yo no me acuerdo de por qué, porque mi vida es muy rara y me preguntan: ¿usted? El otro día, el Cardenal de Madrid, que se llama Antonio María, no es broma, se llama así, me preguntó en la Vigilia de la Inmaculada: ¿tú de dónde eres? – Yo soy de Barcelona, ¿y qué haces aquí? – Es que he venido a Madrid, porque cada vez que vengo a Madrid a decir Misa, como me llamo Antonio María, cuando oigo “por nuestro obispo Antonio María”, me parece que rezo por mí. Vino un salesiano a decir que cuáles son las preposiciones dedicadas a los jóvenes. ¿Cuáles son las preposiciones? Porque aquí todos ingenieros, English speaking, todos importantes pero no recordamos las preposiciones. Repasamos: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde… bien. Pues uno dijo “con los jóvenes” otro dijo “para los jóvenes”, “desde los jóvenes” y en realidad, contestó él, es que son todas. Todas sirven para referirnos a la relación del sacerdote con los jóvenes. Todas las palabras nos sirven para la relación con Dios. Tanto desde no saber qué soy ante Dios, como lo que le ocurrió al cura de Ars, cuando abría las puertas y las ventanas, un señor en primera fila, a las seis de la mañana, mirando hacia delante había un hombre de los de boina a rosca, desde el primer banco, miraba hacia adelante, a las seis de la mñana, y volvía y se marchaba sin decir nada; y al quinto día, el cura de Ars, que ya no tenía uñas de habérselas mordido todas por saber quién era ese hombre, le dice: ¿pero oiga, usted quién es? Bueno, un labrador de aquí cerca, que me he enterado que usted abre la Iglesia. -Y  ¿qué hace a esta hora? ¿Cuándo viene aquí qué hace?- Pues no hago nada. Yo le miro y Él me mira. Pues eso es humildad, dejarse mirar por Dios. Delante del Señor, humildad. Cuando decimos que tenemos que ser como niños, de los que son como ellos es el Reino de los Cielos: cuando estéis con niños, sin estar al cargo, porque hay varias formas de estar con niños; cuando no sean vuestros los niños, es muy entretenido, porque no tenéis que vigilar que el niño no tire la basura por la ventana, como hacía mi hermano, no éste, el otro. A mi padre le preguntamos una vez: Oye, esto de tener muchos hijos es difícil, los últimos cuesta más que los primeros, ¿la paternidad responsable donde se termina? – No tranquilos, es que a partir del cuarto se educan solos. Ignacio decía que él no había preguntado nada porque como todo había pasado alguna vez, pues… Cuando mi hermano José María paró con un paraguas el montacargas de casa, Ignacio ya se dio cuenta, por lo que pasó después, que eso no se hace; el montacargas es un ascensor que tiene potencia expresa para bajar muebles; mi hermana le dijo a que no lo paras, y mi hermano lo paró, con un paraguas. Él lo ha ido viendo y siempre ha hecho lo que tenía que hacer y ya está, y ha sido fácil. Hemos dicho humildad, que se refiere a todo esto, y por último, modestia.

            La modestia tiene connotaciones varias, según se aplique a la forma de vestir o a la forma de mirar, o a la forma de rezar. Rezar con modestia significa que ese sentimiento de humildad aplicado a mi vida de cada día, se ha de hacer acompañar por cómo lo haría Dios. Hay dos formas de rezar, me puedo ir donde está Jesús, y entonces me voy con los Reyes Magos, me voy al portal de Belén con los pastores, como hacen los niños, o rezo al lado de Herodes, a ver qué hacía y le pido perdón a Dios, y entonces hago contemplación. Cargo mi Cruz a cuestas y Jesús la abraza, y pienso como abrazo yo mi Cruz, como la abraza Él, yo le acompaño, le ayudo a llevarla, pienso como la llevaría Jesús. Otra, es que me traigo a Jesús a mi vida. Pienso como estaría la Virgen María si viniera aquí, o en la Universidad, cómo se comportaría con mi familia, como estaría en los estudios o en el trabajo; cuando yo hablo a Jesús de mi vida, o a mi vida de Jesús, eso me ayuda a rezar con modestia, a vivir con modestia mi oración. Todas esas actitudes juntas nos ayudan a tener la actitud orante del que reza siempre. Hay gente que dice, todo es oración, hay que ayudar a los enfermos, y dar de comer a los pobres y ayudar en el Cottolengo. Tengo un amigo que fue para seis meses al Cottolengo, y le dijo a la hermana que se encarga de los voluntarios: ¿qué quiere que haga? – Ponte a limpiar persianas. – ¿Cuántas persianas son? Empezamos ya… -Tranquilo, son tres mil. Nos ayuda a tener una actitud orante siempre, pero digo: No vale decir, rezo mientras limpio persianas”. El Padre Alba decía que los contemplativos en la acción, las órdenes religiosas que lo son, hacen de su obra una oración, hacen de su acción una obra de Dios, opus Dei; se la elevan a Dios: pero el obrar sigue al ser. Yo no puedo hacer cosas de Dios si no estoy lleno de Dios, porque dice San Pedro que tengo que compartir con los demás aquello de lo que me sobra, para que me sobre, me tengo que llenar de Dios para poder repartir. Pero si no contemplan nunca, en la acción qué contemplan. Tendrán que ser primero contemplativos en la contemplación. Cuando hemos sido contemplativos en la contemplación ya podemos hacer otras cosas. No sé si conocéis a Sor Ángela de la Cruz, la que canonizó el Papa con Madre Maravillas. Esta monja, primero por Sevilla, y después por otras ciudades de España, organizó un horario cuidando los enfermos, de dos en dos, que tenía todos los días cuatro horas de oración y después cuidaban enfermos; claro, rezaban cuidando enfermos pero después de cuatro horas. Yo no digo que hagáis todos los días cuatro horas, pero sí que tendríais que tener cada día quince minutos de oración. Santa Teresa dijo una vez: Dadme una persona que haga cada día un cuarto de hora de oración y yo haré una santa.

            El Señor le dijo a Santa Teresa:  ¿Sabes Teresa qué es amarme con verdad?, entender que es mentira todo lo que no me agrada. Si lleváis una vida en la que no cabe un cuarto de hora de oración es que esa vida es mentira. Todo el mundo tiene tiempo para todo. Y, otra cosa, si quieres que alguien te haga un favor, pídeselo al que más faena tenga. Tú le escribes un mail a Mossén Costa y a los dos días te contesta. El decano de la facultad donde yo estudié Derecho, que era decano del Colegio en Roma, consultor de Derecho del Vaticano, era párroco en Alemania, este hombre, a cualquier hora, cualquier día, te hacía cualquier cosa. Al menos tenemos que intentarlo, claro, si nos llegan las doce de la noche, ya no lo hago porque el cuarto de hora ya es del día siguiente. Como lo hacemos para cualquier cosa, hay que poner los medios. Para jugar al fútbol, por ejemplo, hay que poder correr, tener un balón, tener cuatro jerseis si no tenemos porterías, llevar dos euros para alquilar el campo; no es de competición, no es nada, solamente pasamos un rato juntos. Yo creo que ese neguit d´intentar estar amb nostre Senyor… Yo tenía una profesora de Inglés que decía que los idiomas no son palabras, son ideas. Neguit es nerviosismo, ánimo e inquietud juntos. El que no té el neguit d´estar amb nostre Senyor quinze minuts, algo no funciona.

            Pensaba hace poco, si voy algún día les hablaré de la Confesión, y si les hablo de la Confesión, les diré que no podemos dar nada por supuesto, nos confesamos aquí todos a menudo, y a lo mejor nos vemos y hay alguien que no se confiesa en mucho tiempo y nadie se lo dice… Yo llego luego aquí, y resulta que me hacen hablar de otra cosa. Pasamos la página. Quince minutos. Propósito de Cuaresma, propósito del año. ¿Cuanto tiempo ha de durar un propósito?, pues… hasta que lo cumpla. Yo estuve seis años en el noviciado intentando conseguir callarme. Iba al Superior y le decía, ¿puedo cambiar de propósito? –Pero si no te callas ni debajo del agua, ¿cómo vas a cambiar? Yo recuerdo que cuando era pequeño celebraba Misa en mi casa con un librito pequeño que se llama La imitación de Cristo de Tomás de Kempis, y venían a Misa las muñecas de mi hermana y mis padres también, y Kempis dice que si cada año desarraigásemos un vicio, uno al año, pronto seríamos perfectos. De aquí, el más vicioso de todos, ¿cuantos tiene? ¿Diez vicios? Pues si ese grita a su madre, no se limpia, se come las uñas, no se lava, pues vamos a suponer que uno tiene diez, si cada año se quita uno, en diez años, es santito. Entonces, si estamos un año para conseguir rezar cada día un cuarto de hora, ya hemos conseguido mucho. No tengáis prisa, el año que viene otro.  Aunque dice San Francisco Javier en el Divino Impaciente: Señora, soy más amigo del viento que de la brisa, que hay que hacer el bien deprisa, que el mal no pierde momento. Yo no les digo que estén toda la Cuaresma para decidir qué día empiezan a estar un cuarto de hora con Dios, sólo con Dios, con Dios estamos siempre, pero ¿sólo con Dios?

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