¿Para qué rezamos?

   FB_IMG_1464786889750  Ahora nos viene el para qué rezamos. Hasta ahora hemos visto el cómo hemos de rezar. Eujaristós, significa acción de gracias. Eucaristía, es quizás lo más importante de la oración. Yo estuve en un Santuario de la Virgen, donde pedían muchas Misas, dígame la Misa por la abuelita que murió, por esto, por lo otro,  tantas que tenían que ayudarte los sacerdotes de alrededor a decir las Misas que escribían en un papelito y las metían en un buzoncito. Una maravilla. Pues el setenta y cinco por ciento de las Misas que yo dije allí eran en acción de gracias. Muchas veces pedimos muchas cosas: Acuérdese Padre de mí. El examen es a las once. Llegan las once y ya nunca vuelves a saber nada de ese tipo. Claro, sí, al final se hizo piloto y ahora vuela por España. ¡Ah, bueno! Me alegro. Y yo recé para sus exámenes y nunca me dijo: Soy piloto. Dad gracias, tenemos tantas cosas que ni las sabemos. Mi padre estuvo dos años por la noche dándole a mi hermano un motivo para dar gracias a Dios. Son muchas cosas, tan variables como que el hielo flote para que los peces puedan vivir debajo. Si no fuera así, los pantanos se helarían desde abajo. Si fuera así, no habría peces. Motivo para dar gracias a Dios. O que la Tierra no sea planeta de una estrella doble, no puede haber vida allí. Eso son cosas complicadas. Podemos dar gracias a Dios, por conocer a nuestros padres, o tener techo. Cuando en tu casa hay más goteras que cubos y no sabes donde ponerlos, pues… parece que estás haciendo un concurso a ver qué cubo recoge más agua. Pon un cubo en tu vida, porque si no te ahogas. El día que pasa eso, pues te das cuenta de lo que significa no tener, no cubos, casa. Hay un montón de personas que no tienen casa, en Barcelona. Y un montón de personas pican a tu casa diciendo que los han echado de casa. Tener Fe. Saber quién es Cristo que me espera en el Sagrario y murió por mí en la Cruz. Esto lo saben el veinte por ciento de los humanos, y lo viven el veinte por ciento de los que lo saben. Nosotros lo sabemos y podemos vivirlo en la medida de lo que queramos. Tener amigos, ¡qué bueno es tener amigos! Y poder sonreír.

            En este mundo ves la miseria humana hasta donde puede llegar, y que por la misericordia de Dios no hemos caído. Caemos todos los días, pero me refiero caer en el lodo y revolcarse en el fango. Cuando a veces te dicen que los grandes pecados, son los que azotaron a Jesús, los que nosotros hacemos… yo muchas veces, no consigo verme azotando a Jesús, Señor, si yo no rezo porque no me sé organizar, no porque no quiera. Y ahora empiezo a hablar de otro motivo por el que rezamos: Pedir perdón. Pues bien, hay un cuadro de Rafael que representa toda la escena de Jesús cayendo, los romanos que le pegan, el explorador atónito que mira como si nada. Hemos de pensar qué figura somos. Hemos de pensar quiénes somos en la Pasión. Muchas veces no somos Caifás, Herodes, no, no… pasamos como si nada, no queremos saber lo que está pasando; hoy es jueves, verdad, pues el Vía Crucis es mañana, no quiero saber nada. En el cuadro que decía, hay una piedra pequeña. Se cae Jesús tropezando en esa piedra. Es pequeña no es nada, ya rezo bastante, laudes y vísperas todos lo días. Si yo voy por la calle un día y me dicen: Cura de mierda me da igual. Pero si mi hermano me dice: Eres tonto, no te das cuenta de lo que estás haciendo. Me duele mucho más y es menos grave. Si Jesús, tropieza porque esperaba más de nosotros, porque le conocemos, porque le recibimos en la Comunión, ya que nos dio familia, nos dio techo, nos dio la Fe…. Pues si somos esa piedra pequeña, es verdad que no le azotan por culpa de la piedra, pero viene después de caerse. Le podemos pedir a Jesús perdón por ser esa piedra. Lo más bonito del cuadro es que el pintor firma: RAFAEL, encima de la piedra. Yo soy esa piedra, tengo que pedir perdón a Dios por ser esa piedra, por ser a veces más grande, a veces más pequeña, a veces me habré ido de la Pasión y no estaré, como si no pasase nada. Y siempre le puedo pedir perdón.

            Y alabarle: Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth. Más o menos es lo que diremos todos en el Cielo. Os habéis imaginado la Misa del Cielo. Ahora los ingleses, ahora los italianos, ahora los españoles: ¡Viva el Papa!… Tiene que ser impresionante. Saludamos a todos. Sólo el saludo será inmenso. Hola bon dia… ¿Qué li pasa a aquest? No es que en España hablamos muchas cosas, Agur. Después cantaremos “Pueblo de Reyes” y empezarán a pasar curas, tantos curas… Un amigo mío decía. ¿Al Cielo irán los curas malos? Han dejado todo, nos dan los Sacramentos… Sí, sí que irán pero mientras tanto nos hacen de sufrir… Saldrán todos los curas que hallan, después… haremos un concurso de villancicos por idiomas, o por edades. Todo esto alaba a Dios, pues como los tubos de la Sagrada Familia son unos grandes tubos de un órgano que alaba a Dios. Nosotros tenemos que ser tubos vivos de alabanza a Dios que le dan Gloria. La Misa tiene Yo Confieso… muchas oraciones de perdón, pero también tiene muchas oraciones de alabanza Aleluya, Gloria a Dios en las alturas. Y si podéis estar en la Santa Misa escuchando las oraciones, y meditar cada palabra, le alaba muchas veces. Disfrutaréis mucho. Y hoy no le pido nada a Dios, le vengo a alabar.

            Y la última, la que más os gusta, hemos empezado por ahí: Pedir cosas, hablamos con Dios para pedirle cosas. Y ¿qué le pedimos? Pues cada uno lo que necesite, si está deseando oírnos. Tú crees que la mamá, a quién le pide comer cada tres horas por la noche… no te parece que no se ilusiona al darle de comer, aunque se lo pide siempre igual, a la madre le ilusiona. Y cuando tiene tres años pide pan… Dice el Evangelio, cuando un hijo le pide pan, le va a dar una piedra. Los hijos de los ladrones, o los asesinos también dan pan a sus hijos, seguro; y continúa el Señor, si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a los que se las piden, cuánto más vuestro Padre del Cielo. Pero eso sí, pedirle cosas buenas, el hacer presente a Dios en mi vida, me facilita pedirle lo bueno. Porque el que quiere algo malo, ya se ve que porque tenga envidia del pelo de la de enfrente, y piensa cómo hacérselo polvo o pegarle un tijeretazo, ya se ve que no le va a pedir a Dios: Señor que se quede calva. Ya se ve que no toca. Si ponemos a Dios en nuestra vida, facilita que sepamos pedirle lo bueno. Cuando no estamos dispuestos a entablar con Dios una oración de petición de algo, es que eso no parece bueno como mínimo. Satis.

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