Acción de gracias al Apóstol

    La mañana del día de hoy, y desde Felipe IV en 1643, el Rey de España, en Santiago  de Compostela realiza una ofrenda al Apóstol en acción de gracias por el año transcurrido. La apretada agenda del Monarca no ha permitido su asistencia. Creo que no hemos estado a la altura de los acontecimientos. A la cita con el santo sí que acuden peregrinos desde toda Europa, desde que aparecieron los restos en el llamado “campus stellae”.

    El año 1993, Año Santo Xacobeo, pude hacer el Camino junto con los jóvenes de la Unión Seglar de San Antonio María Claret y el Padre Alba. Le pedía al apóstol poder ingresar en el noviciado de la Sociedad Misionera de Cristo Rey dos años antes de lo previsto, porque quería ser sacerdote express. Lo segundo no fue posible (en parte) pero lo primero sí. Como acción de gracias volví el año 1999. Aquel año le pedí ser sacerdote al siguiente Xacobeo, que por tener dos bisiestos en el transcurso de los años siguientes, caía en 2004. ¡Sólo quedaban cinco años! IMG_20160725_173013[1]

   Le dije a mi padre lo que había pedido y me dijo que si eso pasaba sería un milagro. Quedaban muchas cosas por hacer. De ese día recuerdo una llegada al puente de una carretera para refugiarnos del sol. Me encontraba muy mal, y como hacía el Padre Alba mientras trabajábamos durante el verano en el colegio, apareció con un zumo de piña fresco y se agachó para que no tuviera ni que levantarme. Desde entonces cada vez que alguien pasa calor me acuerdo del zumo. En los pequeños detalles se conoce a las grandes personas.

     El regalo de hoy no ha sido un zumo. Una de las personas que más quiero, sin avisarme ni preguntar, ha cogido el coche, y se ha presentado en Misa, consciente de lo importante que es este día para mí. Quisiera darle las gracias. Ha sido un regalo hermoso dentro de lo que puede ser el día más importante en mi vocación sacerdotal. ¡GRACIAS, vuelve pronto!

    Para esa petición tenían que pasar muchas cosas. Tenía que estudiar Teología en tres años, no en cuatro como se hace en los seminarios. Tenía que hacer el servicio militar, dos años de Filosofía por la UNED y un año de maestro en el Colegio de Sentmenat. Estaba muy difícil pero yo sabía que Santiago se encargaría.

    Los cursos de Filosofía se hicieron normalmente pero perdí uno por quedarme en el colegio de prácticas (de maestrillo, como decían en la Compañía) Quedaban tres de Teología en la facultad y la mili, pero parecía que íbamos a ir a un seminario, a Castellón. Así que quedaban cuatro y la mili. Muy muy difícil, porque ya era 2001. Digamos que casi me despedí del tema. Sin embargo, llegó la carta de fin del servicio militar. Me había librado por las prórrogas de estudios. Y empecé la Teología: 11 de septiembre de 2001. ¿Se acuerdan? Mientras comíamos antes de entrar se caían las torres gemelas.

    Al acabar el primer año, hablando con el jefe de estudios, y porque Francesc e Inma querían que los casase al año siguiente, siendo diácono; le dije a D. Miguel León: ¿puedo estudiar dos cursos en uno?  Y casi sin levantar la mirada me contestó con un lacónico “Si te caben las asignaturas en la hoja de matrícula”. Creo que nunca he escrito la letra tan pequeña. Al rector, D. Francisco José Cortés, ahora gran amigo, le pareció bien, así que… se veía venir. Presbiterado en el 2004. Don Ramón del Hoyo puso la fecha de Ordenaciones Sacerdotales el 10 de julio y nos dio un mes de vacaciones. Fui a hacer el Camino sin destino asignado. Crucé la Mancha y Castilla-León en uno de los veranos más cálidos del siglo y llegué a abrazar al Apóstol. Le dije a mi padre que se preparara para ver un milagro.

    Pude celebrar de madrugada con toda la familia, porque mis hermanos habían ido andando y mis padres en autocar, sobre la tumba del Apóstol, en lo que era ya un regalo reservado para ese día, por el mismo Dios, desde toda la eternidad, y volví hacia mi destino en Garaballa, junto a la Virgen de Tejeda.

    Ahora, a punto de cumplir cuatro años en Santa María del Campo Rus, y los pueblos anejo, se convertirá Dios mediante, en el destino más largo de mi vida; por lo que doy muchas gracias al Apóstol en este día, por todo lo dicho, y porque desde que tenía 19 años, no había podido estar tanto tiempo viviendo en la misma casa. La estabilidad hace bien y el bien da estabilidad. También a estos pueblos y al Señor obispo, así como a mis superiores les doy las gracias. ES DE BIEN NACIDOS SER AGRADECIDOS.

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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