A.M.D.G: A mayor gloria de Dios

San Ignacio

    Con el Evangelio de hoy y siendo 31 de julio es inevitable hablar de la figura de San Ignacio de Loyola. Un Papa jesuita ha desconcertado al mundo por su elevado carisma personal en favor de los más necesitados, su atrevimiento en llamar a las cosas por su nombre, y su advertencia a muchos que, como dice el Evangelio “teniéndose por justos” pensaban que todo lo hacían bien.

    El Evangelio nos habla de aquél, cualquier aquél, que acumula riquezas sin preocuparse del día en que Jesús lo llame al juicio eterno, del que no habrá segunda convocatoria. El deseo abusivo de riquezas puede tener muchos matices. Desde el chiste de el andaluz tumbado en la playa de Jerez, al mediodía de un apacible martes de mayo, que recibe la visita de un estadounidense, hasta la misma frase del santo a San Francisco Javier: ¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma? Así mismo, terminando la Jornada Mundial de la Juventud es el momento de hablar de la vocación al sacerdocio de tantos que pueden, una vez más, ser llamados. Vamos por partes.

    1. El norteamericano se queja al andaluz de que no hace nada, y el otro le contesta que con tres vacas tiene bastante para comer. De ahí sucede una concatenación de proyectos que el primero va relatando mientras el otro escucha atento pero tumbado con una hiervecita que mueve con la boca. Podrías vender una vaca y  con el dinero hacer un establo para que cupieran más vacas, para así poder comprar un camión que transportara la leche, y después con varios camiones llegar a mover un barco alquilado que llevara tu leche por Europa. Al principio sufrirías pero después podrías, viendo el fruto de tu esfuerzo, venirte a tumbar tranquilo porque tus gerentes garantizarían tus ingresos. Es lo que hago -contestó lacónico el jerezano- sin tanto esfuerzo y dolores de cabeza. Es cierto que ser emprendedor es bueno, pero no es menos verdad que si la familia no va antes, puede causarnos el disgusto tanta vaca y tanta leche, mala o buena.

    2. Javier era valiente, atrevido, audaz, “si yo conquisto a Javier este me conquistará un mundo” -decía San Ignacio-. Y de tanto repetirle “de qué te sirve ganar el mundo” lo ganó para Cristo, hasta que Pemán pudiera poner en sus labios aquellas conocidas palabras: “Soy más amigo del viento que de la brisa, que hay que hacer el bien deprisa, que el mal no pierde momento”. El ímpetu misionero deberíamos llevarlo todos dentro. El convencimiento de que donde haya un cristiano de verdad, debe notarse; la seguridad de que estando con Cristo estamos en la verdad, y como digo tantas veces: SI NO, NO.

    3. La JMJ es provechosa y fructífera si es duradero su fruto; si somos constantes con ese paso adelante que puede suponer en el seguimiento de Cristo para muchos. Sin embargo, no se debe quedar en la orilla del camino como la semilla que se llevaron los pájaros. En España somos muy propensos (también en lo referente a religión) a dos cosas. La primera a que el trabajo lo tienen que hacer otros: “habría que… “, “sería bueno que alguien…” Coge el toro por los cuernos y actúa. Huir de las responsabilidades es de cobardes y la misión es una responsabilidad de todos. Más vale frenar al caballo que tener que darle espuelas en las obras de misericordia y de apostolado. Más vale que te digan: “no trabaje usted tanto”, que “haga el favor de moverse y no ser tan vago, hermano”.

    En segundo lugar, la mayoría de las personas, actualmente, cuando encuentra un obstáculo se para. No busca otro camino, otra manera de hacer lo mismo, no pide ayuda. Se queda bloqueado ante la dificultad. O simplemente elige la opción más cómoda. Ante la coyuntura de: “hoy comemos paella”, ya no se le ocurre otra manera posible de asistir a Misa, cuando todo el mundo sabe que cuando más tarde se come el arroz más bueno sabe. Y así sucesivamente. Cuando Dios llama a alguien a la vida religiosa, sacerdotal o misionera, se nos ocurren mil doscientos treinta impedimentos, que no valen nada ninguno. Si Dios te llama, síguele. A lo que te pida. Tú estás casada, tú tienes novia, tú tienes miedos… ¿A qué os llama a Dios hoy? ¿Cómo podemos estar más cerca de Él?

    La semana que viene empiezan las fiestas, que se me irán sucediendo hasta el día 14 de septiembre. Si no conseguimos entre todos que ellas sirvan para estar más cerca de Dios, nos habremos preocupado de muchas cosas que no son importantes, a veces, incluso, para reñir, y no habremos caído en la cuenta que sólo hay una cosa importante:

    CONOCER, AMAR Y SERVIR A CRISTO en esta vida y después gozarle en el Cielo. Que cada cosa que hagamos, por pequeña que sea, aunque nos creamos que es poco importante, seamos capaces de hacerla A Mayor Gloria de Dios. Teniendo en cuenta que, hemos de actuar como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que todo depende de ÉL.

    Colocar cada cosa en la vida en el puesto que corresponde puede ser lo más importante, no solamente para los jóvenes, sino también para los mayores. Así como desterrar todo aquello que sea miedo en cumplir la voluntad de Dios y ayudar a los demás, con las obras de misericordia. Muy jesuita, muy cristiano, muy humano y muy divino.

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