Difícil el de hoy

Se hace difícil cuando los medios no acompañan escribir una sencilla homilía de domingo. Cuando no falla la conexión a internet, falla el ordenador, y si no, el niño que viaja al lado hace imposible que pasen cuatro segundos en silencio ni siquiera viendo a Bob Esponja.

Las palabras de Jesús de hoy son claras y concretas: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha” y “muchos últimos serán primeros”. Es curioso que vayan juntas las dos frases.

El “condenado por desconfiado” es un personaje que se va al infierno en los textos de Calderón de la Barca porque no quiere ir al mismo lugar, en el momento de su muerte, que otra persona que considera peor que él.

Creo que el peligro fundamental de la vida cristiana consiste en pensar que ese “esfuerzo” que pide el Señor consiste en conseguir a base de puños y ascesis la entrada en el Paraíso, llegando a pensar que los que no actúan como a mí me parece (como si ellos no se esforzaran) no sólo no se salvarán sino que pertenecen a una raza inferior dentro del seguimiento de Cristo. Algo parecido a lo que decía el del primer banco del Evangelio. “Te doy gracias Señor porque no soy como ese pecador. Yo me esfuerzo”.

Lo que quiere decir hoy Jesús es que la puerta es Él. Si no estamos en Jesús y pensamos que esa estrechez de la mente cerrada de nuestra conciencia rigorista o que los demás se equivocan y nosotros estamos en la infalibilidad de una certeza anclada en la soberbia, olvidaremos a Jesús y nos quedaremos en los “esfuerzos”.

Quitar los obstáculos para que Jesús actúe en nosotros debería ser la única tarea importante de nuestra vida. Intentar no estorbar en la actuación de Cristo en los demás podría ser la segunda. Es mejor una actitud pasiva que recibe de Dios el “hágase tu voluntad”, que un esfuerzo personal que nos acerca más a la soberbia que al Cielo.

La diferencia de los frutos de aquellos árboles que se dejan cuidar por los demás, que van siguiendo las disposiciones de la Iglesia y de sus pastores, y de aquellos que piensan que todo el mundo se equivoca y que solamente aciertan los que les siguen a ellos, va siendo cada vez más evidentes.

Entonces, ¿se trata de no hacer nada? La oración colecta del día nos responde. Son puntos sencillos. “Oh Dios que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo”. Ese es el primer punto. Desear lo mismo que los pastores de la Iglesia, que la comunidad cristiana. El que va solo o por libre, no está en COMUNIÓN con los demás.

El amor a los preceptos del Señor y la esperanza en sus promesas son los dos siguientes. Esperar la vuelta de Cristo y nuestra resurrección son la base de un corazón que ESPERA. “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesus”. Y Cristo nos encontrará a su lado si amamos sus preceptos. Pero los que nos dio Dios en el Sinaí y Cristo en el Evangelio. Sin los preceptos farisaicos interminables ni los de la sociedad actual: lo políticamente correcto según la moda. Ahora es muy grave fumar y estar a favor de los toros. En otros sitios está mal visto que las mujeres salgan a la calle, y en otros lugares que vayan a la iglesia o acudan al bar. Esos no son preceptos de Dios. Por muy de moda que se pongan otros mandamientos distintos a los de las tablas de la Ley, los impongan políticos, la opinión pública o quien sea… no obligan a nadie. Son ilegítimos.

Conscientes de “las vicisitudes del mundo” con los pies en el suelo, nuestros corazones estarán FIRMES EN LA VERDADERA ALEGRÍA si no nos ahogan preceptos interminables y no olvidamos la esperanza del Cielo.

La puerta estrecha deja paso a los que tengan esos corazones en la inmensa alegría que es y da Jesucristo. Releamos la oración completa: “Oh Dios que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas para que en medio de las vicisitudes del mundo nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría”. Si le damos la vuelta también podemos darnos cuenta de que faltando la alegría y el amor a SUS preceptos faltará la unión de corazones.

Pedimos hoy al Señor para que todos seamos UNO, como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y nos abandonemos en el esfuerzo de desaparecer nosotros mismos para que actúe Él. Eso abrirá la puerta estrecha para nosotros y los demás.

Me despido hasta pronto.

No os canséis de descansar junto al Sagrario estos días+

 

 

 

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