Novena a la Virgen del Amparo

        IMG_20160830_211958[1]                                                                Como todos los años, en Santa María del Campo Rus, la ermita de la Virgen del Amparo recibe cientos de fieles del pueblo, vecinos y lejanos, para dar gracias a la Patrona y pedirle sus dones para el nuevo curso.

             En primer lugar, le daré gracias a la Virgen porque durante este verano muchas personas han podido ir a Misa durante sus vacaciones, es decir, fuera del pueblo. Estoy feliz por ello. No hacerlo puede, además de alejarnos del compromiso con Dios, hacer que se nos olvide que la Fe se tiene y se practica siempre, no solamente en el pueblo. Que la Iglesia es universal y que somos cristianos dentro y fuera del pueblo. Doy gracias a la Virgen del Amparo por este regalo de verano y felicito desde aquí aquellos que han puesto a Dios por delante de su comodidad o descanso, o han sabido encontrar una iglesia, un horario y la manera cómo acudir.

     Quisiera compartir con ustedes algunas de las meditaciones de estos días. -Miguel, llévate mi reloj y avísame cuando lleve diez minutos, porque con lo que me gusta hablar y el calor que hace, puede ser que tengamos que llevarnos a alguien si me alargo mucho o que nos den las campanas de la mañana aquí todavía.

     Este año vamos a meditar en las novenas las Obras de Misericordia y su relación con la vida e intercesión de la Virgen María. ¿Cómo actuaría la Madre del Cielo cuando vivía en la tierra? ¿Qué ejemplo nos dio en su actitud con los demás y con Jesús? Eso es lo que, ayudados por la imaginación, podemos hacer presente como una composición de lugar al estilo ignaciano.

    Pedirle que nos ayude en nuestra situación concreta de cada uno es la segunda parte, porque Dios no pide lo mismo a todos. Hoy meditaremos el dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Y está claro que no es lo mismo darle un bocadillo a un pobre, que es una cosa eventual sin compromiso ninguno, dar de comer a un hijo, que es algo hermoso pero constante, o dar de comer a una madre, que es algo duro además de un privilegio.

    La Virgen María fue la primera que vivió las palabras del evangelio de San Mateo: “Cada vez que disteis de comer o de beber a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis”, porque cada uno de los que nos rodean son el mismo Jesús. Sin embargo, ella dio de comer en persona al mismo Dios, Señor de cielos y tierra, no en otro, sino a Él mismo.

     El que iba a alimentar a todo el género humano con la Eucaristía, quiso recibir la comida de una doncella nazarena. El que le dijo a la samaritana en el pozo: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”, recibió de la Virgen María desde la leche materna hasta la compañía cercana en el “Tengo sed” del Calvario. No sé si han pasado sed a veces. El que pasa sed de verdad es el que no sabe cuando va a beber. Si en las fiestas de San Antón hace frío, no puede decirse que “pasamos” frío, porque todos podemos ir a la calefacción o a la estufa de casa. De la misma manera, el que no sabe cuando podrá beber, empieza a sentir angustia, malestar.

     No sólo se pasa sed por falta de agua. Puede uno angustiarse por falta de amor, de compañía, por falta de un ser querido. A mí me gustaría que de estas meditaciones pudiéramos salir con un propósito claro. Cuando vamos de Ejercicios Espirituales, que los sacerdotes hacemos por obligación, además de por devoción, no podemos decir que el propósito será ser santos, ni tampoco mejores, porque eso es tan ambiguo que no significa nada. Yo quisiera que ahora, o mañana, si levantan el corazón a Dios, le pregunten a quién pueden quitar el hambre, o la sed. A quién pueden ayudar con nombre y apellidos, casi con hora y todo. Eso sería un propósito que podríamos hacer cada uno y cada día.

   Durante estos días iremos meditando las obras de misericordia que se refieren al cuerpo y al espíritu. Corporales y espirituales. Si no se ven con ánimo de ponerle a cada una un propósito, al menos, no dejemos de proponer algo de alguna, de la que más les guste, de la que Dios les pida, de la que más falta haga a nuestro alrededor. Que así sea. Dios les bendiga.

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