Dar posada al peregrino y vestir al desnudo

        No tendría sentido predicar hoy sobre las obras de misericordia sin tener en cuenta la Canonización en Roma, esta mañana, de la Beata Madre Teresa de Calcuta. Nos toca “dar posada al peregrino y vestir al desnudo”. Vamos a comenzar teniendo en cuenta que la Virgen Santísima fue la primera que dio posada a Cristo, justo nueve meses antes que sus familiares de Belén no quisieran hacerlo.

    Las madres que tenéis la suerte, y también los papás, de poder dar un techo digno a vuestros hijos, podéis suponer lo que sentiría el corazón de San José y el de la Virgen del Amparo, al encontrarse en una situación crítica, una vez se iban cerrando las puertas en lo que fue la primera procesión del Corpus. El evangelio del día nos habla de coger la cruz y seguir a Jesús. Junto a Él es la mejor manera de discernir cuál es la voluntad de Dios.

     El libro de la Sabiduría, ha empezado su homilía hoy el Papa, diciéndonos que se nos plantea la pregunta de que ¿quién lo sabe? ¿Cómo rastrear el Cielo? Tantas veces a la Madre Teresa (que quiere el Papa que la sigamos llamando Madre), le planeaban preguntas en forma de encerrona, tras haber estado al lado de los desnudos de todo, en las calles de Calcuta. Al principio, ella sólo pretendía estar con ellos, para que no murieran solos.

     No faltaron enemigos que vieran sus formas como un reclamo a tantos que no hacen nada teniendo los medios y el tiempo. Ella contestaba con caridad y gracia. Cierto día le dijeron que ella estaba provocando la pobreza, y potenciándola, porque en lugar de enseñar a pescar a los pobres, dándoles una caña, les daba solamente un pez. Esta acusación se mantiene en nuestros días, los Jóvenes de San José, no hace mucho tiempo lo oyeron de las autoridades de Barcelona. Ella contestó que aquellos a los que ella atendía estaban tan mal, que no podían sostener la caña. Que ella les daría de comer para que tuvieran fuerzas y luego ya los políticos compraran las cañas.

     Ella solamente buscaba el bien de los pobres, a algunos -decía- no les entiendo en su idioma, pero les puedo hacer sonreír. Yo quisiera pedirle hoy a la Virgen Santísima para todos nosotros que fuéramos capaces de hacer sonreír a los demás, aunque solamente fuera con nuestra sonrisa. Es importante.

    La Virgen María quiso Dios que vistiera a su Hijo, no solamente desde los primeros pañales, sino hasta la túnica sin costura que la Providencia quiso que no se rasgara porque era de una pieza. El que había vestido los cedros del Líbano, la sierra Macarena de Colombia con sus ríos de corales de colores , el Niágara y las puestas de sol de nuestros mares.

    El que vestía los lirios y los pájaros quiso depender de la Virgen para vestirse. Hoy vistámonos con el manto de María. El alma también debe arroparse. Y eso no tiene precio. La Madre Teresa decía que ella por dinero no haría es faena, sin embargo, vestir el alma de virtudes no necesita dinero. Solamente la voluntad de estar más cerca de su Hijo e ir mejorando.

   Cuando  era niño, en el Colegio Corazón Inmaculado de María donde estudié, teníamos la costumbre, al acercarse la Navidad, de preparar una cuna al Niño Jesús entre los algodones de nuestras buenas obras. Pequeños sacrificios y buenas obras de la sencillez de los infantes acompañados por los maestros. Si de verdad pudiéramos prepararnos, para que recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando… como decía nuestro poeta Jorge Manrique, a fin y efecto de que no solamente estuviera preparada para recibirlo a Él, con una buena confesión, sino para que Él nos reciba a nosotros, con las manos cargadas de buenas obras.

    No es fácil, quizás en nuestro pueblo, dar posada al peregrino, pero sí que es cierto que, sobre todo en estos días se nos llenan las casas de familiares y amigos que vienen a honrar a nuestra Madre del Amparo. Intentemos con su ayuda y su ejemplo hacerles la semana lo más agradable posible,  intentemos pensar en alguien concreto a quien podamos ayudar; aunque solamente sea para hacerles ese momento de vida de nuestro encuentro, un poco más feliz.

    Que la Santa Madre de Calcuta, ante la que hemos estado representados por la Reina Sofía, vestida de blanco, como monarca de la católica España, nos ayude a ser católicos, no solamente de nombre, sino también de vida, no solamente un tiempo, sino cada día, no solamente en la Fe y la oración, sino también en la Caridad y en las obras. Y no nos haga olvidar una frase de la Santa de hoy: “NO HAY JESÚS SIN MARíA”.  Dios les bendiga.

     Por los ancianos, por los enfermos, por los impedidos, por los jubilados, por los más necesitados. La sociedad es injusta con ellos; somos injustos con ellos; ellos lo han dado todo, han gastado sus vidas y solo se han quedado con la soledad y el desprecio que los aplasta como una losa pesada. Se sienten muchas veces como trastos inútiles, abandonados, como chatarra arrojada en la cuneta de la vida. Le estorban a sus propios hijos. Virgen del Amparo, Tú les amparas a ellos, estás con ellos dentro de su soledad. En sus tiempos eran más importantes, eran los jueces, los consejeros del pueblo. Eran el espejo y el  ejemplo de ellos jóvenes. ¿Por qué ya no es así? Haznos verlos con el amor y la simpatía que Tú los ves y que ellos merecen. Amén. 

Otras homilías de la Novena: Perdonar las injuriasComer, beber y vestirEnfermos, presos y tristesMadre del buen consejo

 

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