¿Todos los años?

   Esta mañana me preguntaban si los Ejercicios Espirituales se hacían todos los años; también la gente se pregunta si son para todos o solamente para los sacerdotes. Muchas personas piensan que no tienen tiempo para hacerlos o que no pueden dejar las cosas que están haciendo para irse unos días. Unos se quejan de que son cortos y otros de que son largos.

     Pienso que complicamos lo sencillo. El alma que quiere poner como referencia de su vida aquello de “Amarás a Dios sobre todas las cosas” ve claramente que todo se puede dejar a un lado para dedicarse a Dios, exclusivamente, unos días. En segundo lugar, es evidente que si tenemos la vida llena, tendremos que hacer hueco para que esos días quepan. Recuerdo, no hace mucho, una charla distendida con una pareja de novios a los que decía que si no se dedicaban tiempo al principio cuándo se lo iban a dedicar. El sacerdote que no puede dejar sus tareas pastorales, el ejecutivo que no sabe dejar su empresa, en el fondo, puede pasarle, que se crea imprescindible; y hay que tener cuidado porque el Señor demuestra, muchas veces de un plumazo, que las cosas funcionan sin ti, y puede ser que mejor que contigo. En tercer lugar, ¿sólo rezando? Creo que esto merece un punto aparte, porque el que no tiene costumbre de rezar habitualmente le costaría. Sin embargo, no nos extrañamos que en “Master chef” o en programas específicos de música o deporte, estén dedicados a cocinar, a cantar o a jugar, todo el día, o prácticamente todo.

     Hay varos modos de hacer ejercicios espirituales. En realidad, cualquier disposición del alma para estar con Dios, ya puede ser considerado un ejercicios y será bueno, en todo caso. San Ignacio propone un plan para un mes. Hay que decir que, para esto sí, los tiempos han cambiado. En aquella época en que varios sacerdotes atendían una parroquia, era sencillo que unos hicieran la tarea de los otros. O en algunas diócesis donde abunda el clero. Sin embargo, lo mejor es enemigo de lo bueno. Podemos decir, como no puedo ir un mes, pues no voy. Típica respuesta. También recuerdo a algunos que buscando trabajo se dicen: “Para cobrar ochocientos euros no trabajo”. Mal dicho. Empieza, haz lo que puedas. Mejor eso que nada.

     Sólo en silencio, puede parecer aburrido, pero a hacer oración se aprende orando; igual que a andar se aprende andando y a cocinar cocinando. Aquél que esté dudando de si es capaz, de si le servirá de algo, yo le recomendaría que pida ayuda y empiece parando todo en su día a día quince minutos. ¿Somos capaces de estar quince minutos seguidos SOLAMENTE con Dios? Sin el móvil o la televisión, sin hablar más que con ÉL.

     Y como dice el Evangelio: “Se fue a un sitio tranquilo a descansar un poco”. Apartarse de las tareas e incluso del lugar es una de las cosas imprescindibles para hablar con Jesús y para hacer estos días de retiro donde descansan el alma y el cuerpo. Donde podemos llenarnos para el resto del año, siendo entonces capaces de repartir con todos el ánimo que recibimos de Dios. Si no nos apartamos para recibirlo nos puede ser difícil repartirlo después. Todos estamos necesitados de ese ánimo, pero algunas personas lo necesitan más.

  El método ignaciano, que es el que voy a hacer estos días, propone  cuatro partes: en la primera se meditan los pecados, en sí mismos y los propios, a fin y efecto de evitar las tentaciones o vencerlas, movernos al arrepentimiento de aquellas cosas que no hacemos correctamente y proponer alguna mejor. En la segunda parte se nos invita a meditar sobre las escenas de la vida de Jesús. Algunos predicadores, quizás por falta de tiempo, omiten estas meditaciones: craso error, debido a que contemplar la vida de Cristo, mirar el rostro del Señor, debería ser adelantar a la tierra el verlo cara a cara en la Gloria. Pensar que puede haber algo más importante puede ser una equivocación de consecuencias sin remedio. En la tercera semana meditamos la Pasión de Cristo y en la cuarta los misterios referidos a la Resurrección.

     Pongo especial énfasis en el título completo: Ejercicios Espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar su vida, sin determinarse por afección alguna que desordenada sea. Quizás todos tenemos algo que adelantar en este camino del vencimiento propio. Las obras de misericordia, el apostolado transmitiendo a los demás las cosas contempladas, la vida cristiana en general, pasan por este camino de vencer al pecado original y a las tentaciones, arraigadas en todos de una manera más o menos profunda. Quizás el que más necesite hacer este ejercicio espiritual sea el que cree que no le hace falta. Quizás tú, que nunca tienes tiempo, o quizás cualquiera que quiera dedicar su vida a imitar a Cristo, que acaba siendo la tarea principal del cristiano.

    Por ese motivo vamos a Ejercicios, por ese motivo estamos en silencio, por ese motivo estamos fuera del pueblo, y por ese motivo pido a todos una oración por mí para estos días. Para que como rezaba siempre mi madre: me dés lo que me falte para ser santo y me quites lo que me sobra. Después de las Misas del domingo marcharé y hasta la vuelta, si Dios quiere. He dejado alguna cosa preparada para que puedan leer algo más esta semana. Pronto hará un año que empezamos juntos este blog. Tendremos que celebrarlo.

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