El Bautizo de Juan Pablo

       Comienzo estas líneas, poco después de cumplirse un año del Bautizo de mi primer sobrino, Juan Pablo. Dentro de pocos días, viajaré a Barcelona para bautizar al segundo, Bosco. Quisiera hacerles partícipes de las palabras que dije en la homilía del primero, así como de las que, Dios mediante, diré en las del segundo.

            La oración que reza el sacerdote al bendecir con el Santo Crisma al niño, haciéndole la señal de la Cruz en la cabeza dice así: Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os ha liberado del pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, os consagre con el crisma de la salvación para que entréis a formar parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Es profundo considerar estas palabras en su amplio significado, para que recapacitemos sobre la importancia de nuestra condición de bautizados.

            El sacerdote habla con Dios. En el Antiguo Testamento solamente podrían entrar junto al Altar del Templo los Sumos Sacerdotes. Por eso Zacarías estaba solo cuando se quedó mudo, y salió afuera, donde le esperaba la gente. El Señor le dijo a la samaritana que, un día, todos podríamos dirigirnos a Dios en espíritu y en verdad. Hoy, por nuestra condición de bautizados podemos dirigirnos a Dios directamente. Dios nos escucha, podemos hablar con él como hijos suyos, por la gracia recibida en el Bautismo.

            El profeta habla de Dios. La Fe aumenta comunicándola, y no podemos abandonar el ministerio del apostolado a los sacerdotes o a las personas consagradas. Todos debemos transmitir el mensaje de la muerte y la resurrección de Cristo a los demás. El trabajo de nuestro campo, si no lo hacemos nosotros se queda sin hacer. Dios nos ha encomendado las almas de nuestros prójimos para que les demos gratis aquello que gratis hemos recibido. No solamente es tarea del párroco o de los obispos. Es nuestra responsabilidad. En la catequesis, en el trabajo deben saber, ver y escuchar que somos mensajeros del Señor. Sin avergonzarnos. Aquél que se avergüence de mí delante de los hombres, también me avergonzaré de él, delante de mi Padre Celestial.

            El rey, sirve, como lo hizo Dios. En el Antiguo Testamento, la realeza estaba vinculada al servicio. El Rey era aquél que podía servir mejor a los demás. La caridad, debería ser la señal de que somos cristianos. Pero no una caridad ambigua que se queda en buenas palabras, sino aquella que tiene nombres y apellidos, aquella que se implica, que se interesa, que está pendiente. Porque el Señor nos dio ejemplo dando su vida por nosotros, pero hay muchas formas de dar la vida. Cada día, cada momento, podemos darnos a aquellos que nos necesitan, para que el amor no sea tomar lo que no es nuestro, sino darnos a nosotros mismos.

     Y pasó poco más de un año para que pudiese hablar a mi familia de nuevo, en el Bautizo de un hermano de Juan Pablo, pocos días después de haber celebrado su santo, el día del Beato Juan Pablo II:

Hoy quisiera reflexionar sobre las palabras: Recibe la luz de Cristo, y a vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Recibe esta vestidura blanca, sea símbolo de tu dignidad de cristiano; ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna. La palabra y el ejemplo nos volverán a aparecer toda la vida y en esta homilía. Hay en el Antiguo Testamento, en el Génesis, un relato hermoso, posterior a uno de los sueños de José: el sueño ocurrió en un lugar que se llamaba “Luz”, y José le llamó: “Casa de Dios”; así que desde el Génesis tiene relación la luz con la morada de Dios. Y el Evangelio de San Juan comienza diciendo: Él era la luz que vino a dar testimonio a todo hombre.

     Luz que ilumina; como Cristo en la resurrección, que iluminó las tinieblas que sucedieron a la Pasión y a la muerte. Los Apóstoles estaban como en tinieblas. Cuando encendemos una cerilla en una habitación oscura, los ojos miran hacia allá… Así los padres y padrinos deben ser luz que ilumine a Bosco, sobre todo, con el ejemplo. Con la constancia en la Misa diaria, aunque cueste, con la asistencia a Ejercicios, Adoración…. “Los niños no se dan cuenta-¡Claro que se dan cuenta!”. Y aunque no se den cuenta. Como los faros, que iluminan independientemente de si los barcos los ven o no… que están encendidos aunque haya niebla. San Pablo dice a los Corintios: El Dios que dijo: “brille la luz del seno de la tiniebla” ha brillado en nuestros corazones.

        Luz que orienta; Jesús orientaba con sus palabras. Y con paciencia se las repetía, hasta el punto de decirle a Felipe: Tanto tiempo estoy con vosotros y no me conoces. No debemos cansarnos de decir siempre lo mismo a nuestros hijos. Los niños no nacen sabiendo todo lo que sabemos, hay que explicarles las Escrituras, hay que decirles que Jesús tiene que ser el centro de la vida; y para decírselo, tiene que serlo. Creí, por eso hablé, es nuestra obligación hablar de nuestra Fe. La Fe aumenta comunicándola. Los niños no nacen sabiendo lo que nosotros sabemos: hay que explicárselo desde pequeños. Para que sea cierto y podamos darnos todos cuenta de que el que obra la verdad va a la luz, para que se vea de manifiesto que sus obras están hechas según Dios, sabiendo que es más importante lo que no se ve que lo que se ve: el corazón, el alma, más que la ropa, el pelo, etc…

            Luz que deslumbra; puede haber ocasiones que los demás se deslumbren, como los soldados; que la gente no comprenda por qué lo hacemos, como lo comprendieron los soldados. En el vestir, en el rezar, en el bendecir la mesa. No importa: frases del estilo de “os creéis más santos que los demás, los que van a Misa son los peores”… No nos deben importar, no podemos tener complejo de seguir al Señor. Es verdad que llevamos el tesoro en vasijas de barro, y puede que nos aprieten con ese argumento, pero San Pablo dice que no nos aplastan. En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas.

            Luz que da calor; mirad, siempre las luces dan calor… ahora estas modernas, los leds, dan muy poco calor, e iluminan mucho. Procuremos ser luz como las hogueras, como la hoguera que guiaba al pueblo elegido por la noche, y le preservaba de los judíos. Como las antorchas, como la llama de este Cirio Pascual. Que el calor de la caridad, del cariño, de la cercanía… no falten en nuestra vida de familia. Que sea lo primero, después de Cristo. Amaos unos a otros, como yo os he amado, y el amor empieza por los más próximos. Que no falte cada día, la ilusión de ilusionar a mis hijos, a mi esposa, que no falte el calor del hogar, el amor de Cristo. El niño necesita luz, pero más que la luz, antes que la luz, necesita calor. Siempre necesitamos calor.

            Pidamos al Señor Resucitado, simbolizado en esta luz Pascual, que sea en este niño, como el Espíritu Santo, luz que ilumina las almas, fuente del mayor consuelo; que los padres y padrinos sean también luz para su ahijado, sean luz para todos nosotros, y que podamos encontrarnos todos nosotros algún día en el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. Para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo, con Aquél que es Dios de Dios, Luz de luz. Que no seamos una luz, lámpara encendida, para meterla debajo del celemín, sino para que alumbre a los demás, para que viendo nuestras buenas obras, den gloria al Padre. Así sea.

Otros temas Bautismales : Martí, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del E.S.¡Qué gozo dan los bautizos!

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3 comentarios sobre “El Bautizo de Juan Pablo

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