¿Qué día empieza a acabarse?

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    Todos sabemos donde está Siria. Aparece en las noticias unas seis veces a la semana por su triste guerra. Parece que está cerca, pero hay  bastantes kilómetros que haría Naamán, quizás en carro para pedirle a Eliseo su curación, y se disgustó porque le pedía algo sencillo para curarse. Bañarse en el río.

    De igual manera, la enseñanza del Evangelio de hoy es el agradecimiento. Es de bien nacidos, ser agradecidos. Y ello, da gloria a Dios. No es tan difícil dar gracias. En primer lugar, por la Fe, de la que nos hablaba el Evangelio de la semana pasada: “Si tuvierais Fe como una granito de mostaza…” Los niños y mayores de Siria no pueden oír hablar de Dios, ni la mayoría conocen a Cristo, se han quedado sin casa y no tienen qué comer. Pero no hace falta irse a Siria. Tantos pueblos de España no tienen Semana Santa ni Misa el domingo.

    La Fe no puede crecer sin agradecimiento, como la justicia no puede separarse de la misericordia. ¿Cuándo empecé a perder la Fe? Cuando empecé a ser desagradecido. No se puede saber el día, como ocurre con el pelo. ¿Qué día empecé a perderlo? En realidad, no se sabe. Pero uno ve fotos de hace pocos años y se da cuenta que tenía más pelo. Qué día se acabó el amor en un Matrimonio, o la amistad. No se sabe cierto, pero puede coincidir con el día que dejé de ser agradecido. De igual manera, cuando dejo de agradecer a Dios todo lo que me da, empiezo a perder la Fe.

     Pero esto no ocurre solamente con los bienes sobrenaturales, también puede pasar con los favores, con el día a día. No tengamos miedo a dar las gracias, ni tampoco a que nos las den. Es sencillo, pero nos hace dar valor al otro, darnos cuenta de que necesitamos a los demás.

     El detalle que más resalta es que el que viene es el de fuera, el samaritano. Muchas veces aquellos que no han recibido la Fe desde niños, aquellos que no lo tienen por costumbre, nos dan una lección de valorar lo que tenemos. Muchas veces habiendo recibido tanto con respecto a Dios, ni siquiera caemos en la cuenta de que nos lo han dado.

     Nos puede ocurrir con la Santa Misa o con la Eucaristía como con la Biblia. En casi todas las casas hay una bien encuadernada, con letras preciosas. En algunas de ellas, incluso, le quitan el polvo, pero en muy pocas la leen. Reservamos la Religión, la oración y el amor a la Virgen y a los santos para cuando lo necesitamos. Eso puede ocurrir por no ser agradecidos. Como me decía una vez un gran amigo: “Se fue una hija de casa y envió un telegrama (porque no había wasap) pero con las prisas escribió: queridos cuartos, no tengo padres”.  Que no nos pase así con Dios.

     Igual que San Lucas resalta en los Evangelios de los dos próximos domingos, la justicia y la misericordia, y éstas deben ir unidas, unamos el agradecimiento a nuestra Fe. Tengamos las cuatro cosas. De lo contrario podemos tener una Fe a la carta que no sea realmente Fe. Como el pan sin gluten, que no es pan, la leche sin lactosa, que no sé qué debe ser, o la Coca-cola sin coca y sin cola, donde sólo queda el guión. La Fe, o se tiene entera o no se tiene. Unida al agradecimiento, a la Esperanza y a la Caridad pidámosla para nosotros y para los nuestros.

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