Al fin Paloma y Gemma

     Tras varios meses buscando, y una vez terminado el atraso en las tareas provocado por el verano implacable de fiestas, novenas, procesiones y entierros he encontrado, con inmensa alegría, dos homilías que había perdido. Procuraré escribir las dos juntas. Se terminan así las cinco sobre el ritual y la Misa propia del Bautismo. No sé qué debemos hacer si nacen más sobrinos.

    Nos faltaba hablar sobre el agua, la materia propia del Sacramento, debido a su presencia en cualquier lugar donde encontramos vida. En la historia de la salvación el agua es importante. Aparece en numerosos lugares de la Sagrada Escritura: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed”, pero también es importante en la vida diaria de las personas, en la construcción de la Iglesia, así como en la de los templos y las casas. Sin agua, no podemos edificar la Iglesia.

    Como el Rocío fecunda la tierra, el Espíritu Santo fecunda a María Santísima,  la Blanca Paloma, la Virgen del Rocío sea para nosotros la que dé vida a nuestra comunidad parroquial, a nuestra familia, a Paloma. Sin María no hay vida espiritual. Las aguas separadas del Mar Rojo, la separación en la creación de unas aguas y otras, del Cielo y el mar, el agua de la vida terrenal y el agua de la vida divina, pueden ser unidas por el rocío cada mañana, por la lluvia, por la gracia, por la Virgen.

    El diluvio universal arrasa la humanidad empecatada para dar comienzo a una nueva humanidad, como hace el Bautismo al quitarnos el pecado original. El agua del Jordán era signo de perdón, el agua del costado abierto del Señor de la que brotan los Sacramentos es signo del hombre nuevo, como signo de la Resurrección es el Bautismo, al arrojar tres veces agua sobre la cabeza de la niña, en memoria de los tres días que estuvo Cristo enterrado. Debemos nacer de nuevo, debemos llenar nuestra vida de la gracia divina, a través de los Sacramentos. De esta manera, el Bautismo podrá alegrar el corazón de la madre con la esperanza de la vida eterna, como Cristo, para que, agradeciendo el fruto de sus entrañas, persevere con ella, en constante acción de gracias.

    Esa esperanza de la vida eterna, nos hace ya, desde hoy, ciudadanos del Cielo. A principios de este siglo se publicó una ley en España por la que se podía inscribir a los hijos en la población donde estuviera el domicilio de sus padres. Si nació en Cuenca, porque allí está el hospital, podemos decir que es natural de Santa María del Campo Rus, porque allí viven sus padres, y por ese motivo, como los traen a enterrar al pueblo, nosotros podemos decir, ciudadanos del Cielo, donde llegaremos el día de nuestra muerte.

     Pero la imagen más clara de la Resurrección en el Bautismo, es la luz. “A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz”. Y en otro lugar dice: “Ayudada por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna”. Se refiere a la vestidura blanca, a la blancura del alma. Estas dos cosas son las que le está pidiendo a Dios para el padre cuando le dice que de palabra y de obra sean los primeros que den testimonio de la fe ante su hijo. Nadie nace sabiendo. Hay que enseñarles la doctrina y las obras. No podemos contentarnos con explicar, nos tienen que ver vivir. No hay peor disyuntiva para un hijo que ver que su padre no hace lo que dice.

     Por último, pide la paz para todos los presente, pero después de haber dicho que seamos miembros vivos de su cuerpo. No hay mejor vida que la eterna. En medio de la guerra, un mártir de nuestro tiempo dio testimonio de la paz, de la constancia, de la perseverancia, de la blancura de su alma, de la entereza, del bautismo de sangre, ese de los tiempos de los primeros cristianos.

martires_coptos      Estaban en Egipto, cogieron a varios cristianos y los vistieron con ropas naranjas para grabar un vídeo en la playa, ¿se acuerdan?, uno no era cristiano. Le dijeron que por ser musulmán podía salvarse, que se fuese. Sabiendo lo que le iba a pasar los miró con calma, levantó su corazón a Dios, al Dios Uno y Trino, al Creador de los Cielos y de la tierra, a Aquél del que sabría lo mínimo que podrían haberle enseñado, aquellos, sus compañeros de torturas: SU DIOS, ES MI DIOS, y lo mataron con todos. De igual manera, recuerdo las palabras de una persona muy importante en mi vida que, ante el planteamiento de la unión de las iglesias, por no ser católica, me dijo: Tu Dios, es mi Dios. Una sola Fe, un solo Bautismo, un solo Señor. Que seamos todos, Paloma, Gemma, tú y yo, miembros de Cristo, sin dejar de pensar en el Cielo que nos tiene preparado. Así sea.

Artículos relacionados: El Bautizo de Juan PabloMartí, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del E.S.

Les adjunto una catequesis en directo que está en mi página de Facebook Sotana Rural sobre el Sacramento del Bautismo. Pueden oírla los lunes a las 22:00

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