Nunca dejes de creer

   Yo no conocí a Justo, tú sí, vosotros también. Cualquiera que lo conociera bien sabría qué significa su “viaje a ninguna parte”, su competición con Santiago para morirse pronto o tantas cosas que llevaréis siempre en vuestra memoria.

    Creo que podemos decir que Justo quería tres cosas en su vida que no voy a decir por orden. Su familia, la Virgen María y el Atlético de Madrid; y aunque hoy tocaría hablar de la Virgen, voy a intentar transmitiros aquellos cosas del club que llevan su paralelismo con le vida cristiana. Más allá del “nunca dejes de creer” que se está diciendo mucho y que todos sabemos, significa mucho más que fútbol.

     Tengo un amigo que se fue del seminario y que tiene doce o trece hijos, no me acuerdo. Él me dejó su sotana de recuerdo, pero nunca olvidaré su manera de hacer feliz a la gente, quizás una de las cosas más importantes de la vida cristiana: hacer felices a los demás. Israel, que así se llama, contaba siempre que un amigo suyo iba a todos los partidos del Barça, fuera donde fuera. A Tenerife, a Wembley o al mundialito de clubes a Japón. La novia, cierto día le dijo: “A ver, ya estoy harta: elige, ¿el Barça o yo?” Y a fatal pregunta peor respuesta, dijo el Barça y la dejó para siempre. Mamá, si se lo hubieran preguntado, habría dicho que quería seguirlo donde fuera, y fue feliz ella y lo hizo feliz a él. Desde la primera final internacional hasta el último partido que viera a través del televisor.

    Creo que todo el mundo sabe que cualquier seguidor del Atlético de Madrid sufre mucho, como se sufre en la vida, “en este valle de lágrimas”, decimos en la Salve. Pero no por sufrir, uno debe cansarse, ni cambiar, ni quejarse, sino seguir adelante. Porque los jugadores lucha, por una corona que se marchita, nosotros debemos luchar por una que no se marchita, la del Cielo, la verdadera Champions, la que nunca se gana, porque, en realidad nunca se acaba, ya que es regalo de los méritos de Cristo. Vivimos una época en que todo el mundo se cansa de todo. Mi abuelo trabajó en el mismo taller mecánico cincuenta y cinco años, y no era suyo el negocio. ¿Quién consigue eso hoy?

    Nos cansamos de creer, de rezar, de trabajar, de seguir. Esto no educa a nuestros jóvenes. Hay otra máxima evangélica que también se vive hoy más que nunca en el club. El tradicional “partido a partido” que Cristo decía así: “a cada día le bastan sus disgustos”. No penséis en el mañana. Pensemos en el hoy y el ahora. Vamos quedanjustodo menos, ¿cómo voy a hacer felices a los míos a partir de ahora?, ¿cómo voy a ser mejor persona, mejor cristiano y si queréis, mejor colchonero?

     No lo olvidéis, el cristiano lucha, es constante, es fuerte cuando sufre, y le pide a Dios no caer en la tentación, en la tentación de la soberbia, del cansancio, del orgullo. Vamos a concretar esto, vamos a pensar en nuestro juicio final, el único y el último, al que no podremos responder que fue culpa del entrenador, ni del árbitro, ni de los demás jugadores. Tú y Él, Dios, los dos solos. ¿Cómo querremos haber jugado el partido de la vida, cuando suene el pitido final? Responde tú. Justo ya ha respondido.

Otros sermones de hace pocos días: Hasta el Cielo: Santiago Rubio¿Qué día empieza a acabarse?

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