Bautizar da gozo

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  Hay veces que alguien te pide un favor, y tienes que decidir si lo haces o no, según el tiempo, la capacidad, otras ocupaciones. Hay veces que te lo pide un sacerdote, y muchas veces no lo puedes llevar a cabo porque tu vida está llena de antemano. Otras veces te lo pide un compañero, y entonces lo haces aunque no puedas. Por último, te lo puede pedir José Antonio Belinchón, y entonces no te planteas nada. Dices que sí. Luego cuadras agenda y vas. Si es un Bautizo, entonces es un gozo ayudarle.

   La historia empieza cuando fue mi monaguillo en el Santuario de Tejeda, en  el año 2005. No es que yo sea muy viejo, es que él es un chaval. Venía a ganarse la pensión del seminario trabajando durante el verano.

 

    Cuando me despedí de aquél lugar mariano, el día 8 de septiembre de 2006, nunca pensé que José Antonio vendría tan cerca y tan pronto. Sólo han pasado diez años y está en los pueblos vecinos. Ha sido una maravilla de día. Espero que nos veamos pronto. Que te vaya bien el cursillo en Madrid.

    La familia ha sido encantadora, los niños atentos, la homilía ha sido parecida a la que prediqué en el Bautizo de Juan Pablo. Hemos podido hacer incapié especial en huir del complejo de ser cristianos. ¿Quién está convencido de su Fe hasta dar testimonio a tiempo y a destiempo, de palabra y de obra, en su vida diaria? ¿Quién, si no es sacerdote o religiosa, se atreve a explicar las verdades fundamentales que le enseñaron de chico, las de toda la vida, sin juzgar a los demás por no conocerlas o practicarlas, pero convencido de que no es todo relativo? Bautizamos a los hijos porque es un acto social. Creo que no es cierto, los bautizamos para que estén en la Verdad que es Cristo. Porque queremos lo mejor para ellos.

    Consagrarlos a la Virgen en este día y la bendición de padres y padrinos es uno de los momentos más bellos, sin quitar ninguno de los que pone el Ritual. “Ésta es nuestra Fe, ésta es la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús”.

 

    Espero que la Virgen Santísima os acompañe siempre, que la celebración haya sido una verdadera acción de gracias, que los padrinos se acuerden del regalito de primero de año, porque se llama Manuel, Dios con nosotros, fiesta que celebramos el día de la Madre de Dios, el 1 de enero. No perdamos las buenas costumbres de que las onomásticas y la oración al santo del propio nombre sean parte de nuestra familia. No nos dejemos arrastrar por el complejo de no celebrar lo que nos acerca a Dios, de convertir las fiestas en eventos sin Dios. Cuidado con esto. No es una broma. Donde el Señor no es bien recibido, el es muy respetuoso y se marcha. Que nunca pase esto en nuestras familias y que Él las guarde en su paz, como hasta ahora.

   Gracias por todo familia. Hasta la próxima.

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