Para bajar hay que subir

 zaqueo   Entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

    El pueblo es Jericó, al que le tuvieron que caer las murallas para que el pueblo de Israel pudiera entrar. Muchas veces ponemos murallas para que entre Jesús en nuestra vida. Primero hay que tirarlas. Las murallas pueden ser de varios tipos. Altas, bajas, de piedra, con ladrillos, fijas, móviles. Algunas las ponemos a veces, algunas son personas que impiden el paso de Cristo, a veces aficiones. Cuidado con las murallas.

    Una vez dentro,  Jesús, se te acerca muchas veces. Y Zaqueo corre más adelante. Mirar hacia atrás no tiene sentido. Siempre vamos hacia adelante. Refugiarse en los problemas del pasado no tiene sentido. “Quien coge el arado y echa la vista atrás…” Algunos se refugian en que lo han pasado mal, para no seguir adelante.

    Pero no basta con eso. Jesús nos respeta, y si no hacemos algo para verlo, Él no se deja ver. Ahora sí, cuando te ve, cuando tú lo quieres ver, empieza una historia nueva en tu vida. La historia del encuentro con Cristo. La Religión no es un conjunto de normas, es un encuentro con Jesús. Zaqueo no pensó en lo que tenía que dejar atrás, o en todo lo malo que había hecho, Zaqueo solamente quiso ver a Jesús. “Los picados de serpiente, quedarán sanos al mirarla”. Como los israelitas en el desierto que miraban la serpiente hecha por Moisés, se curaban de sus picaduras. Los que miran el rostro de Cristo, quedan liberados de la picadura del diablo.

    Quien quiere mirar a Jesús, Jesús lo llama, a quien llama Jesús, normalmente le sigue, y acaba comiendo Él contigo y tú con Él. Después viene el cambio de vida, como Zaqueo. Él sabía lo que hacía mal. El sabía que Jesús no podía estar a gusto con Él, si no devolvía lo robado a sus pobres. No se quedó fuera de la casa por ser un publicano, sino que le pidió que le abriera las puertas. No le dijo lo que estaba haciendo mal, sencillamente, se esperó a que Él se diera cuenta.

    Cuántas veces juzgamos a los demás por actitudes de las que no conocemos los motivos, cuántas veces nos creemos mejores que los otros, o peor aún, no nos vemos en la necesidad de ver a Jesús, subiendo a un árbol; sólo porque nuestra poca altura espiritual no nos deja darnos cuenta de que desde nuestra situación cómoda y nada ejemplar, no solamente Jesús no nos va a invitar en su casa (quizá por nuestra autosuficiencia) sino que tampoco vamos a poder verlo.

    Y en segundo lugar, si tenemos que ser como Jesús, cuando salimos de nuestras casas parroquiales, como acaba de decir el Papa, para estar en las casas de los demás. En el fondo, no hace falta interiorizar, una vez más, aquella frase del Papa: “Prefiero una iglesia manchada, que una iglesia acomodada en sus propias seguridades”. Nos cuesta salir de la costumbre de siempre, porque pensamos que es la correcta, porque no vemos con buenos ojos a aquellos que no actúan como nosotros. Nos cuesta salir de nosotros y subir, subir para ver a Jesús. Subir a la realidad de cada una de las personas que tenemos encomendadas.

   Por último, quizás no hemos quitado dinero a los otros, pero les hemos quitado paz, les hemos quitado tiempo, les hemos quitado alegría, les hemos quitado el ejemplo del buen olor de Cristo. Vayamos pensando cómo devolverlo. Para que Jesús nos haga bajar del árbol, hay que subirse al árbol, para darnos a los demás, hay que salir de uno, para comer con Jesús, hace falta dejar de alimentarnos de nuestro egoísmo. Para ver lo bueno de cada uno, hay que dejar de juzgar.

    Que pasen un buen domingo en el Señor, que puedan estar muy contentos, como Zaqueo. Que seamos apóstoles de que nada está perdido. Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvarnos y sólo pide nuestro SÍ. El resto lo pone ÉL. Sólo hay que tener cuidado de no estar en algún árbol del que no queramos bajarnos, ni que nos llame Jesús, pero esto es más complicado de reconocer…

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