Roma locuta, causa finita

papa-oveja     Roma locuta, causa finita. Resulta que así lo aprendí de niño en el colegio donde estudié. El profesor de Religión se llamaba y se llama Manuel Martínez Cano. Él me enseñó que cuando el Papa dice algo, se acaba el tema. No se le dan más vueltas. Lejos de las disquisiciones de si el Papa se puede equivocar esquiando, u opinando sobre deportes, creo interesante tener en cuenta que aquello que yo no entiendo de lo que dice y de lo que hace, puede ser o por mis cortos horizontes de miras, o por mi inteligencia mediocre, o por mi falta de formación teológica.

    Hace unos días todo el mundo se ha puesto a opinar sobre el viaje del Papa Francisco a Suecia. Es cierto que parece, el Papa, el párroco del mundo, por su celo apostólico, su carisma misionero, su interés por los pobres… pero el mundo también parece un pueblo opinando todos de lo que dice o hace. Aunque, algunos medios de comunicación pseudo-católicos, cabalgando en la soberbia de su pretendida ortodoxia, se creen o más papistas que el Papa o más sabios que la Iglesia de hoy y de siempre. Cuidado con los que o pescan en pecera, sin salir al encuentro de los que no conocen a Cristo, o cuidado de no quedarnos dentro de la pecera con menos agua, menos peces, y el cristal sucio. Cuidado con los que, como decía, critican al Papa por ir a Suecia (que me parece pueda ir el hombre donde quiera) y luego no explican cómo ha dicho que el tema sobre la Ordenación Sacerdotal de mujeres lo zanjó ya San Juan Pablo II. Creo que pretenden algo al no explicarlo todo. Más o menos como El País, o Tele 5.

    Las circunstancias no pueden hacer alterar la verdad, pero tampoco se pueden ignorar. Dios suscita en cada tiempo el Papa que nos conviene, y más vale pensar lo que tengo que cambiar yo por lo que diga el Papa, que pretender que el Papa cambie por lo que diga yo. Muchos confunden la teoría ideal con la realidad práctica, otros no saben ni lo que dicen, algunos tergiversan la realidad, resaltando que han llevado al Vaticano una estatua de Lutero, pero sin decir que el papa Francisco ha aclarado que no pretende sincretismo, sino paz. Estamos dando un ejemplo de incomprensión grande, por no ser capaces de suspender nuestro juicio, como enseñaba San Ignacio (“Hablemos del Papa Marcelo”), cuando hay algo que no entiendo o que no veo de la misma manera.

    Como decía mi padre, hace casi cincuenta años a los que se alardeaban de adelantados liberal-crisitanos, “entre el Papa o tú, me quedo con el Papa”. Yo también. Me quedo con el Papa que ha juntado hoy a mil presos en el Vaticano para ganar el Jubileo en el final del Año de la Misericordia, me quedo con el Papa que le da un bocadillo al Guardia Suizo en la puerta de Santa Marta, o construye un comedor para indigentes en Roma. Me quedo con el Papa que habla de la revolución de la ternura, con el Papa que fustiga  a los que peinan ovejas sin salir al encuentro de las descarriadas. Me quedo con el Papa de Roma, como ayer, como siempre.

    Después de muchos años de estudiar Derecho Canónico, por orden de mis superiores religiosos, a punto de publicar un estudio sobre la libertad de conciencia en la vida religiosa, me ha sorprendido el certero y concreto texto que ha predicado el Santo Padre en una Misa de las que celebra por las mañanas, cuyas homilías recomiendo a todos por el bien que me hacen a mí, y sobre todo, porque muchos que opinan sobre Él, ni lo leen ni se atreven a imitarlo, porque no saben o porque no pueden. No pensaba que en siete líneas se pudiera resumir lo que he estudiado en tras tanto viaje a bibliotecas, tantas clases y tantas horas de reflexión.

     Ni se puede decir más claro, ni más breve. Quizás no sólo se pueda aplicar a la vida religiosa, sino también a la pastoral parroquial, a la familia, al trabajo, a la vida diaria. Atentos a lo que advierte, para corregir lo que hagamos mal, para vivir con misericordia, una vez termine el Año Santo y hoy mismo:

   Detrás de la rigidez hay algo escondido en la vida de una persona. La rigidez no es un don de Dios. La mansedumbre, sí; la bondad, sí; la benevolencia, sí; el perdón, sí. ¡Pero la rigidez no!. Detrás de la rigidez hay siempre algo escondido, en tantos casos una doble vida; pero hay algo también de enfermedad. ¡Cuánto sufren los rígidos: cuando son sinceros y se dan cuenta de esto, sufren! Porque no logran tener la libertad de los hijos de Dios; no saben cómo se camina en la Ley del Señor y no son felices. ¡Sufren tanto! Parecen buenos, porque siguen la Ley; pero detrás hay algo que no los hace buenos: o son malos, hipócritas o son enfermos. ¡Sufren!. 

 

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4 comentarios sobre “Roma locuta, causa finita

  1. Yo también me quedo con el Papa.
    No son solo algunos medios de comunicación los que lo atacan, ni a partir del viaje a Suecia. Esto viene de antes. Hay una campaña terrible contra el Papa, no sé quien estará detrás de todo esto. Lo que más me llama la atención es que se dicen católicos, pero lo curioso es que sin el Papa. Esperemos que no se dejen arrastrar muchos por esta gente.

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    1. Sí. Son de los del primer banco, de los que no tienen necesidad de médico, de los desconfiados de Calderón de la Barca, de los que se piensan que lo hacen todo bien porque han leído tres libros, en fin, paciencia…

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      1. Pues ayer compartí un artículo de un cura sobre la misericordia y ya me saltaron dos de esos, uno que se ve que sabe de la misericordia de Dios más que nadie y la otra con no se qué de que si viene un Papa que enseña algo contrario a la fe católica… Parece que les da alergia la palabra misericordia…

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